Las empresas argentinas aún apuestan a las formas tradicionales de trabajo

La nueva edición del “Informe de Transformaciones del Trabajo” asegura que hay un rezago en la incorporación de nuevas tecnologías.

Las empresas argentinas aún apuestan a las formas tradicionales de trabajo

El 72,6% de las empresas sigue apostando por las modalidades tradicionales.

El Informe de Transformaciones del Trabajo, elaborado por el Observatorio del Futuro de Insight 21 —el “think tank” de la Universidad Siglo 21— reveló que las empresas argentinas tienen un cierto rezago en la incorporación de las nuevas tecnologías a sus procesos de trabajo, algo que contrasta con los cambios acelerados que está experimentado el mercado.

“Los resultados muestran que las formas tradicionales de trabajo continúan siendo predominantes. En el 72,6% de las empresas, los colaboradores a tiempo completo representan entre el 75% y el 100% de la dotación”, sostiene el informe, que en esta segunda edición se propuso abordar los cambios en “las modalidades de trabajo, la gestión del talento y el aprendizaje organizacional” que acontecen con las nuevas tecnologías.

Los detalles del estudio

A partir de una encuesta a 400 empresas de distintos sectores y regiones del país, realizada en diciembre de 2025, el “think tank” de la UES21 afirma que “si bien las empresas dan señales claras de adaptación, sus respuestas organizacionales todavía avanzan con una intensidad menor a la que exigen los cambios que atraviesan”.

Con todo, el informe identifica claros datos de renovación en las estructuras organizacionales, aunque con porcentajes menores a los esperados. En efecto, sostiene que “el 66,3% de las empresas incorporó, durante el último año, personas para desempeñar funciones que no estaban contempladas en sus organigramas, aunque generalmente en proporciones inferiores al 10% de las nuevas contrataciones. Un 4% lo hizo en una proporción de entre el 10% y el 30%, y un 5,3% en más del 30%. El 24,5% restante no supo o no contestó”.

El estudio revela que los empresarios tampoco vislumbran cambios significativos para el futuro próximo: “De cara a los próximos tres años, el 47,3% de las empresas prevé que estas nuevas posiciones supondrán menos del 10% de sus contrataciones. Por su parte, un 26,3% estima que representarán por encima del 10%. Por último, un 11,5% descarta la creación de nuevos puestos”, agrega el informe.

«El diseño de nuevos trabajos que podrían llegar de la mano de la IA muestra un rezago frente a la velocidad de los cambios. Lo nuevo tarda en llegar y el riesgo es que lo más tradicional se destruya antes de que lo nuevo nazca en cantidad», concluye Andrés Pallaro, Director del Observatorio del Futuro de Insight 21.

La paradoja de la IA

Un hallazgo del estudio es precisamente que, a pesar del lugar central que ocupa la Inteligencia Artificial (IA) en los debates públicos y las conversaciones empresariales, el informe encuentra que “su dominio queda relegado tanto en los criterios de reclutamiento como en las prioridades de formación”.

“A la hora de definir qué habilidades priorizar para los próximos dos años, las empresas ubican como prioridad a las habilidades técnicas (22,4% de las menciones), seguidas por liderazgo y coordinación y habilidades interactivas (17,1%), habilidades adaptativas (15,1%) y habilidades tecnológicas (10,8%). El uso de Inteligencia Artificial aparece último, con apenas el 8,6% de las menciones — apenas por debajo de gestión de uno mismo (8,8%)”, reseña el estudio.

«La fluidez en el uso de la IA no se resume a saber manejar una herramienta: implica criterio, capacidad de validar resultados y responsabilidad sobre las decisiones que se toman con su ayuda. En poco tiempo podría llegar a convertirse en una competencia transversal en casi todas las funciones», advirtió igualmente Pallaro.

Poco desarrollo del talento

El informe reveló además que la falta de conocimiento que las empresas tienen sobre su propio talento es significativa. “El 42,5% no realizó, en el último año, un diagnóstico de las necesidades formativas de sus colaboradores. En materia de habilidades generales, el 44,8% no mide ninguna, el 28,3% lo hace solo con algunos colaboradores y apenas el 27% lo hace con la totalidad de su plantilla”, explica el estudio, que destaca que la brecha es aún mayor en “learnability” —la capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender, considerada la habilidad decisiva para el cambio permanente—, ya que el 63% de las empresas no dispone de ninguna medición al respecto.

Vale la pena destacar que, entre las empresas que sí miden esta capacidad, el panorama es alentador: el 27% la califica de nivel alto y el 64,9% de nivel medio; solo el 4,7% la considera baja y un 3,4% no sabría cómo calificarla.

“En cuanto al desarrollo efectivo de habilidades en los últimos dos años, solo el 22,8% de las empresas aplicó upskilling (el proceso de mejorar las habilidades de un trabajador) a más del 30% de su fuerza laboral, y apenas el 15,5% alcanzó esa cobertura con reskilling (como se denomina al proceso de aprender nuevas habilidades para desempeñar un puesto laboral)”, agrega.

Sin embargo, el informe encuentra una relación clave: entre las empresas que miden las habilidades de todos sus colaboradores, tanto el “upskilling” como el “reskilling” alcanzan una cobertura mucho más amplia que el promedio general. Así, el “upskilling” a más del 30% de la plantilla trepa al 45,4% (frente al 22,8% general), y el “reskilling” en esa misma proporción llega al 32,4% (frente al 15,5% general).

Proyecciones para un futuro próximo

De cara al futuro, el 59,1% de las empresas prevé que sus procesos de “upskilling” y “reskilling” tendrán una intensidad superior o muy superior a la actual, una expectativa que trepa al 74,1% entre las empresas que miden habilidades en toda su plantilla.

«Medir es lo que permite pasar de una intuición sobre el talento a una decisión de desarrollo basada en datos. Las empresas que ya lo incorporan como práctica sistemática nos muestran el camino: no alcanza con acciones aisladas de formación, hace falta una infraestructura de gestión del talento que acompañe todo el proceso», agrega Pallaro.

En cuanto al tiempo que las empresas destinan actualmente a la formación de su gente, el informe encuentra que el 29,5% le dedica entre el 1% y el 3% del tiempo laboral total —la proporción más elegida—; un 22% supera el 5%; un 21% se ubica entre el 3% y el 5%; y un 17,8% invierte menos del 1%. Un 5% directamente no destina nada de tiempo a cuestiones formativas, y el 4,8% restante no supo o no contestó.

Las modalidades tradicionales siguen dominando

Como anticipamos, el informe encuentra que las formas tradicionales de trabajo continúan siendo predominantes en las empresas argentinas, puesto que “el 72,6% de las empresas tiene entre el 75% y el 100% de su plantilla en jornada completa, y el 76,9% mantiene entre el 75% y el 100% de sus colaboradores trabajando de forma presencial.

Los esquemas de tiempo parcial, freelance, híbrido y remoto existen, pero se concentran en segmentos minoritarios de las plantillas. El 38,5% de las empresas tiene trabajadores a tiempo parcial en una proporción de entre el 1% y el 50% del total, y el 27,7% registra ese mismo rango en trabajo “freelance” o tercerizado.

En cuanto a los esquemas híbridos, el 28,2% de las empresas los aplica a entre el 1% y el 50% de su plantilla —aunque, dentro de ese grupo, el 21,6% lo hace en menos del 25% del total—. El trabajo totalmente remoto tiene una presencia aún menor: solo el 23% de las empresas lo aplica a una porción de su plantilla, y el 17,7% de ellas lo hace en menos del 25% del total.

Las conclusiones

«La realidad es que conviven organizaciones que ya incorporan esquemas híbridos, remotos o freelance en segmentos acotados de su plantilla, con una base amplia que sigue estructurada en torno a la jornada completa y la presencialidad. Entender esa convivencia, más que intentar anticipar el reemplazo de un modelo por otro, es lo que va a permitir diseñar políticas de gestión ajustadas a la realidad de cada organización«, remarca Pallaro.

El Director del Observatorio del Futuro concluye que “la agenda humana no puede ocupar un lugar secundario frente a la agenda tecnológica. Incorporar inteligencia artificial sin rediseñar el aprendizaje, los roles, las trayectorias y las formas de colaboración puede producir eficiencias puntuales, pero difícilmente genere una transformación sostenible”.

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