Visitar un Espacio de Memoria puede ser una experiencia transformadora. Aun cuando la ocasión esté vinculada a un evento más parecido a un trámite burocrático, como puede ser la sesión de un Consejo Directivo de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
El lunes, las habituales discusiones de gestión administrativa y los debates de proyectos académicos del máximo órgano de gobierno de la Facultad de Artes de la UNC se trasladaron al escenario de la pesadilla más oscura que haya vivido nuestra sociedad, el lugar donde el infierno se volvió realidad para más de 2.500 personas que pasaron por sus salas de tortura, muerte y desaparición. Se trató de un hecho político de reencuentro con un pasado que aún tiene heridas abiertas en nuestra vida común, a horas del aniversario de La Noche de los Lápices.
Basta con poner un pie en el predio para entender que el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “La Perla” es un monumento imprescindible a la memoria colectiva que se debe mantener incólume ante el paso del tiempo y los diferentes gobiernos de turno. Representa el delirio más perverso que puede acontecer en el devenir político de un país: el Estado que se vuelve contra sus propios ciudadanos, violando las garantías mínimas que establece la ley para exterminar a aquellos que considera un obstáculo en el objetivo de imponer un modo de vida y un modelo económico por la fuerza a toda la sociedad. Un Estado que entroniza el salvajismo como modo de vida, el asesinato como forma de resolución de los conflictos y el ocultamiento como praxis política. Sus consecuencias aún están presentes en la cotidianeidad de todos los argentinos.
Resulta por eso mismo difícil que los amplios edificios de ladrillo visto que componen La Perla, semejantes a una pequeña escuela rural o incluso una caballeriza, puedan atestiguar por sí solos los horrores que albergaron sus muros durante la última dictadura cívico-militar. El paisaje diáfano de las sierras cordobesas, con hermosas montañas que se alzan en el horizonte, complejizan la tarea del recuerdo de un trauma que aún golpea en lo profundo a la sociedad argentina, al punto que para muchos sigue siendo más fácil mirar para otro lado o buscar explicaciones simplistas para tranquilizar su conciencia. La batalla cultural sigue vigente.
Por fortuna, los guías de La Perla son capaces de poner en palabras amables lo que resulta inimaginable de pensar: a partir del relato simple, descriptivo, de los acontecimientos se puede acceder a una memoria precisa para pensar no sólo los horrores acontecidos allí, sino también la dimensión regional de un plan sistemático de desaparición de personas que cambió a la Argentina para siempre. Su pedagogía es esclarecedora: nadie puede salir del mismo modo tras pasar por esta experiencia, que devuelve a la vida la historia que quisieron borrar. Puede ser una experiencia terapéutica en sentido estricto, pues clarifica la mirada del pasado y el futuro por venir. Deja en claro las luchas que son inclaudicables, los discursos que no se pueden tolerar, los límites que no hay que volver a traspasar.
La sesión extraordinaria
La sesión extraordinaria realizada en el Espacio para la Memoria del Consejo Directivo de la Facultad de Artes tuvo sus motivos prácticos. Allí se aprobó el nuevo nombre del Centro de Conservación, Documentación Audiovisual y Cinemateca “Raymundo Gleyzer”, a la vez que se creó una Comisión para la Restitución de Legajos de personas detenidas-desaparecidas y asesinadas víctimas del terrorismo de Estado en la Facultad de Artes.
La sesión fue presidida por la decana de Alicia Cáceres pero contó con una presencia especial: Ana María Mohaded, ex decana de la propia Facultad de Artes, que también fue secuestrada y estuvo detenida en el propio centro clandestino de La Perla en la última dictadura. Su testimonio al final del encuentro coronó una sesión que alcanzó niveles de emotividad que pocas veces se deben haber conocido en un Consejo Directivo de la universidad.
También participaron Tamara Pez, secretaria de Derechos Humanos y Diversidad la Provincia de Córdoba; María Cristina, directora del Archivo Provincial de la Memoria; Noel Tabera, directora del Espacio para la Memoria La Perla; Guadalupe Mías, coordinadora del Observatorio de Derechos Humanos de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNC y del Archivo Provincial de la Memoria; Andrea Bocco, vicedecana de la Facultad de Filosofía y Humanidades; y Ludmila da Silva Catela, directora del Programa de Derechos Humanos de esa Facultad; además por supuesto de los miembros del Consejo Directivo, demás autoridades, estudiantes, docentes y no-docentes de la propia facultad.
Los discursos en el encuentro
“Me llena de orgullo que como comunidad estemos hoy sesionando y abordando asuntos que nos atraviesan directamente en nuestra perspectiva de derechos, en nuestro compromiso con la educación pública, con las políticas de memoria, verdad y justicia”, aseveró la decana Cáceres al abrir la sesión del cuerpo, donde consideró que “es una sesión extraordinaria en muchos sentidos, es extraordinaria porque nos permite repensar nuestra perspectiva de la defensa de la educación pública y qué enseñamos en nuestras aulas, qué profesionales formamos, para qué nos sirven los artes, esa pregunta que está siempre está ahí acompañándonos”.
A su turno, Tabera aseveró que “tengo el ánimo de celebrar este momento, que es institucional, pero tiene atrás una historia, un recorrido largo desde que este sitio se entregara a la Comisión Provincial de la Memoria, porque ha sido un proceso compartido con la universidad. Para nosotros tiene que ver con esta conquista que se dio durante tantos años, de marcar este lugar como un lugar del horror, para después poder reconstruirlo como un espacio de memoria, cómo ese lugar de dolor, de denuncia, se transforma en un lugar de vida”.
“Ha sido el desafío, y es un desafío cotidiano que compartimos con los otros espacios para la memoria, y que claramente es siempre con otros, y en ese camino nos vamos encontrando”, completó Tabera, quien explicó que “siempre fue un desafío encontrar las palabras para nombrar lo que acá pasó, esas palabras son las de los sobrevivientes, son las de quienes han dado testimonio durante todo este tiempo, son las de los familiares, son las de los vecinos de Malagueño que también nos cuentan qué pasó acá. Y también es una palabra colectiva de las personas que lo vamos habitando y lo vamos recorriendo día a día, una palabra coral que siempre tiene el desafío de construir una memoria colectiva que parte de las preguntas que nos hacemos hoy, las preguntas son los motores para construir una memoria que nos atraviesa a todos”.
En representación del gobierno provincial, Tamara Pez consideró que “es una política que tenemos desde el Estado, desde la Secretaria de Derechos Humanos, desde los Espacios de la Memoria, que buscan desarrollar las políticas públicas de Memoria, Verdad y Justicia en conjunto con otras instituciones. En ese diálogo, buscamos que estas experiencias transformen, que en este ida y vuelta la política de memoria se amplíe, que no quede solamente acá porque es con otras instituciones, es con otros sectores de la sociedad que tenemos que desarrollarla y fortalecerla”.
“Los espacios de memoria terminan siendo como un acto de resistencia, que es generar estas redes con otras instituciones en esta construcción. Y hacer estas actividades que también son acciones de reparación, porque cobran un significado: acá donde se buscó destrozar el tejido social, se genera comunidad. Acá donde se buscó romper los espacios participativos, democráticos, se lleva a cabo este tipo de actividades. Y esos son actos de reparación”, completó Pez, quien destacó que “recientemente hemos lanzado de manera colectiva, con todas las instituciones de Derechos Humanos, una campaña que convoca a los diferentes sectores de sociedad, a quienes tienen personas desconocidas, que puedan denunciar y que puedan dar las muestras de sangre para que podamos saber quiénes son”.
Por su parte, Mohaded leyó un poema de su compañero de vida secuestrado en La Perla que aún permanece desaparecido: “Para la muerte quiero la luz, el color de las llamas, para que el calor de la lucha marche con mis cenizas. Quiero seguir sintiendo esa lucha sobre mí, y la lluvia, y los fríos, y la sombra del árbol, y la revolución, y todo lo que hoy me tiene junto a ti”, narró.
“Creo que, ya lo dijeron, el arte y la memoria siempre transforma, o tiene la potencia de transformar el dolor en resistencia, en reparación colectiva, en transformar lo que Spinoza llama las pasiones tristes, en pasiones alegres o pasiones buenas. Esto del amor político, la solidaridad, la comunidad”, agregó Mohaded, quien retomó a Freire en Pedagogía de la Esperanza porque “habla de la necesidad de la memoria en todos los procesos educativos, porque la memoria construye la posibilidad de un pensamiento crítico. La memoria no como una mirada nostálgica del pasado, sino como un modo de transformar el presente. La memoria para recordar que hubo otros y otros que resistieron antes que nosotros. La memoria para volver a plantear que las injusticias no son ni naturales ni eternas, podemos transformarlas”.
La ex decana de artes nombró también a 30 estudiantes y docentes de la propia facultad que pasaron por La Perla y la mayoría siguen desaparecidos para concluir con un hermoso cierre: “Quiero decir que me emociona enormemente que en este lugar, donde fui traída y torturada, donde me agarraron y dijeron ‘esta es la de artes que estamos buscando’; quiero decir que esta de artes que estaban buscando está hoy sesionando acá, en el Consejo Directivo de nuestra facultad, en el máximo órgano de gobierno, diciendo: ‘aquellos que ustedes mataron, que quisieron desaparecer, que secuestraron, están acá presentes, ahora y siempre’”.
