Llega la hora de hacer la tarea y algo cambia en el ambiente. Se abre el cuaderno, aparece el lápiz y, casi sin darnos cuenta, esa escena cotidiana puede transformarse en una discusión que ya conocemos.
Pero ¿qué hay detrás de una tarea que cuesta?
Hacer la tarea no debería ser solamente terminarla rápido. También podemos preguntarnos cómo acompañar ese momento para que pueda transitarse de una manera más tranquila y, por qué no, disfrutable.
Podemos anticipar: preparar los materiales, organizar el espacio, reducir los ruidos y, sobre todo, mirar cómo llega ese día. No es lo mismo sentarse a hacer la tarea después de una jornada tranquila que después de un día agotador.
Construir un pequeño ritual también puede ayudar. Preparar el espacio, sentarse, mirar qué hay para hacer y comenzar. Al principio quizás sean apenas unos minutos. Esos primeros cinco minutos de acompañamiento pueden parecer poco, pero son importantes para construir una rutina.
Porque el objetivo no es que alguien tenga que sentarse al lado durante toda la tarea. El acompañamiento debería ir afianzándose hasta que, progresivamente, pueda organizarse y comenzar solo o sola.
Y hay algo que no deberíamos perder de vista: la tarea no debería convertirse en un momento de castigo.
Entonces aparece una pregunta que puede cambiar la manera de mirar esa escena: ¿Qué parte de la tarea es la que realmente cuesta? ¿Sentarse? ¿Comenzar? ¿Sostener la actividad? ¿Comprender la consigna? ¿Resolverla?
No es lo mismo que exista resistencia frente a la tarea que haya una dificultad para comprender qué se está pidiendo.
En esos casos, conversar con los docentes puede aportar información valiosa: ¿este tipo de consignas también se trabaja en clase? ¿Puede comprenderlas y resolverlas allí?
Esa mirada permite salir de la escena aislada de la mesa de la casa y pensar el aprendizaje como un proceso que sucede también en la escuela.
Acompañar no significa hacer la tarea por el otro. Podemos leer juntos una consigna, explicarla con otras palabras, relacionarla con situaciones cotidianas, utilizar ejemplos o incluso incorporar movimiento cuando eso ayude a comprender.
Porque detrás de una tarea que cuesta no siempre hay falta de ganas, de esfuerzo o de límites.
Puede haber cansancio. Puede haber una consigna que no se comprendió. Puede haber un aprendizaje que todavía necesita tiempo.
Quizás el desafío no sea conseguir que la tarea se termine.
Quizás sea lograr que, poco a poco, hacerla deje de ser una pelea y pueda convertirse en una oportunidad para aprender a hacerlo solo o sola.
Antonella Pini
DNI: 33319368
Lic. en Psicopedagogía – Profesora Universitaria en Psicopedagogía – MP 12-4113
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