El gaucho que detuvo a un imperio: a 205 años de la muerte de Martín Miguel de Güemes

Cada 17 de junio, Argentina recuerda al general salteño que, al frente de sus legendarios gauchos, contuvo durante años el avance del ejército realista en el norte del país, protegiendo así la independencia de toda América del Sur.

El gaucho que detuvo a un imperio: a 205 años de la muerte de Martín Miguel de Güemes

Hoy, 205 años después, cuando se recuerda su muerte, no se conmemora solo a un militar victorioso. Se recuerda a un hombre que creyó que Salta, y con ella el norte argentino entero, merecía un lugar en la historia grande de su país. Y lo conquistó.

En un día como hoy, pero de 1821, moría en las calles de Salta el general Martín Miguel de Güemes, víctima de una herida de bala que le propinó una partida realista durante un ataque a la ciudad.

Tenía 36 años. Su muerte truncó no solo una vida, sino un proyecto político y militar que había sostenido, casi en soledad, la frontera norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata durante los años más críticos de las guerras de independencia.

¿Quién fue Martín Miguel de Güemes?

Nacido en Salta en 1785, en el seno de una familia de la élite provincial, Güemes recibió una educación distinguida y comenzó su carrera militar desde muy joven. Sin embargo, lo que lo diferenció de otros jefes militares de su época fue su capacidad singular para movilizar y conducir a las poblaciones rurales del norte argentino, los célebres gauchos, convirtiéndolos en una fuerza de combate formidable y temida por el propio ejército español.

Desde 1814 y con especial intensidad a partir de 1815, cuando asumió como gobernador de Salta, Güemes organizó la llamada «guerra de recursos» o guerra de guerrillas: una estrategia de desgaste permanente que, sin grandes batallas campales, logró paralizar sucesivos ejércitos realistas que avanzaban desde el Alto Perú hacia el sur. Salta y Jujuy eran escenario constante de ese enfrentamiento desigual.

El escudo del norte: por qué su gesta fue decisiva para la independencia

La trascendencia histórica de Güemes no puede entenderse sin considerar el contexto continental. Mientras San Martín organizaba en Mendoza el Ejército de los Andes para cruzar la cordillera y liberar Chile y Perú, era Güemes quien sostenía con sus gauchos la «frontera norte», impidiendo que los ejércitos realistas que dominaban el Alto Perú, el actual Bolivia, avanzaran y destruyeran ese esfuerzo estratégico por la retaguardia.

El propio historiador Bartolomé Mitre, que en un principio había calificado a Güemes con el término peyorativo de «caudillo», debió reconocer en ediciones posteriores de su obra que aquella campaña salteña fue «la más extraordinaria como guerra defensiva-ofensiva, la más completa como resultado militar» de cuantas podía presentar la historia del nuevo mundo.

La República entera, escribió Mitre, tenía sus ojos puestos en Salta: era su baluarte, y Güemes y sus gauchos, su esperanza.

El historiador salteño Bernardo Frías, autor de la monumental obra sobre la vida de Güemes publicada entre 1902 y 1911, fue más lejos aún: situó a Güemes junto a San Martín y Simón Bolívar como uno de los tres pilares sobre los que descansó la independencia americana.

La imagen de Güemes que dejó Frías es la de un hombre que manejaba con igual maestría los salones de la élite ilustrada y el fogón de la campaña gaucha, adaptando su lenguaje y sus maneras a cada entorno sin perder nunca de vista el objetivo de la independencia.

Las polémicas que forjaron su figura histórica

La construcción de Güemes como héroe nacional no fue un proceso lineal. Durante décadas su figura estuvo opacada por las tensiones entre Buenos Aires y las provincias del interior.

La historiografía porteña del siglo XIX, encabezada por Mitre, tendió a reducir a los jefes militares del interior a la categoría de «caudillos», asociándolos con la barbarie y la demagogia. Güemes no escapó a ese encuadramiento: se lo acusó de incitar a las masas populares contra la clase culta, de manejar monedas falsas e incluso de subversivo.

Sobre la acusación de haber promovido la falsificación de moneda, uno de los cargos más graves que se le imputaron, la investigación numismática e histórica contemporánea ha sido categórica: Güemes no solo no participó en esa práctica, sino que combatió activamente a los falsificadores.

Ante la escasez de moneda legítima provocada por el bloqueo realista de la Casa de Moneda de Potosí y los estragos de siete años de guerra, recurrió al resello de monedas falsas con la contramarca «Patria» como medida de emergencia para proteger a la población, y en paralelo instruyó causas judiciales contra los responsables.

El resello «PATRIA» en las monedas falsas.

Incluso opositores suyos de la época, como el doctor Facundo de Zuviría, integrante del grupo conocido como «Patria Nueva», que enfrentaba políticamente a los güemesistas de la «Patria Vieja», reconoció en una carta de 1818 que las medidas del general habían sido prudentes y que el verdadero delito de Salta y su jefe había sido «no haberla sofocado en sus principios», señalando además que los autores de la falsificación habían sido emigrados, no provincianos.

Por qué Güemes importa también a Córdoba y al resto del país

La relevancia de Güemes no se agota en los límites de la provincia de Salta. La frontera que él sostuvo con sus gauchos fue la que permitió que el resto del país, incluida Córdoba, nudo estratégico del territorio rioplatense, pudiera existir sin la presión directa de un ejército realista que avanzaba desde el norte. Si la frontera norte hubiera caído, la gesta sanmartiniana en el oeste habría quedado comprometida y el proceso independentista podría haber tenido un desenlace muy diferente.

Es en ese sentido que el debate historiográfico sobre Güemes trasciende lo regional. La discusión sobre si era un «caudillo» o un «héroe» fue, en el fondo, una disputa por el relato de la nación: qué papel habían jugado las provincias en la gesta independentista y qué lugar les correspondía en la Argentina que se estaba construyendo. La reivindicación de Güemes fue también la reivindicación del interior frente a la hegemonía porteña.

En 2016, una ley nacional, la 27.258, declaró feriado nacional el 17 de junio como Día del Paso a la Inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes, reconociendo formalmente lo que la historia tardó décadas en aceptar: que el gaucho salteño que murió en sus calles a los 36 años fue uno de los artífices fundamentales de la libertad e independencia argentina.

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