La condena a 10 años de prisión efectiva a Héctor Mauricio Cuello por tentativa de femicidio, reveló una cruda realidad en materia de violencia de género. “Son más los intentos que los femicidios concretados en sí”, explicó la fiscal de Violencia Familiar, Betina Croppi, días atrás tras conocerse la condena a Cuello, quien en marzo de 2018 intentó matar a su ex esposa y madre de sus tres hijos. “Llama la atención la existencia de muchos casos en los que la situación queda en tentativa de femicidio, es decir donde no se llega a la muerte de la persona”, explicó Croppi, a cargo de la fiscalía que instruyó el caso de Cuello, que fue condenado en la Cámara 6ª del Crimen el pasado 26 de abril.
“Para cometer el crimen se requiere cierta decisión. Y es por ello que muchas de estas agresiones, que tienen esa intención, concluyen en tentativa, porque no es sencillo hacerlo”, aseveró la fiscal, que reafirmó que “son más las tentativas que la cantidad de femicidios”. La funcionaria judicial señaló que, en cuanto a la figura legal, la tentativa la establece la imposibilidad de cometer el femicidio por razones ajenas a la voluntad del sujeto. “Ya sea porque la víctima huye, aparece un tercero o ocurre algo que se lo impide”, sostuvo Croppi. Respecto del caso de Cuello, la fiscal señaló que “lo que más me quedó presente fue la persistencia delictiva del imputado”.
Según comentó, “Cuello fue al lugar munido de una arma “tumbera” fabricada por él, ya que tenía un taller de soldadura. Planeó el hecho e incluso escribió una carta. Se dirigió al lugar y la agredió con la intención de matarla. Como no lo pudo hacer, comenzó a perseguir a la víctima y cuando la alcanzó, intentó matarla”. Milagrosamente, la mujer logró escapar y fue socorrida por un grupo de personas que se encontraba en el lugar.
“Me impresionó la decisión irrevocable de matarla. No se suele ver. Los intentos de femicidio son, a veces, arrebatos de ira que se agotan en el momento. Esta persona tuvo una persistencia de agresión llamativa”, indicó Croppi, quien aseveró que el desencadenante de la agresión fue que el hombre no quería que lo abandonara. “La consideraba ‘su mujer’, de su propiedad”, finalizó. Un caso de similares características se dio en enero de este año en San Francisco, cuando Fabián Pereyra, de 48 años, le aplicó siete puñaladas a su ex pareja, Viviana Galarza, de 36, cuando ésta venía de denunciarlo ante la policía por violencia de género.
En lo que va del año, asesinaron a 30 travestis
Algo similar ocurre con los travesticidios, cuyo número va en aumento en todo el territorio nacional. En tal sentido, el inminente juicio por el femicidio de la joven trans Azul Montoro, quien fue asesinada de 18 puñaladas en la madrugada del 17 de octubre de 2017, corrió, apenas, el velo sobre las 30 muertes denunciadas en lo que va del año. Un relevamiento realizado por el periodista Franco Torchia para el portal Infobae, dio cuenta que además de la “invisibilización” que sufre este colectivo frente a los medios de comunicación.
No obstante, el caso de Montoro podría sentar jurisprudencia, ya que por primera vez una situación de estas características será juzgada por “homicidio calificado por mediar violencia de género” y “hurto calamitoso” por el robo de un teléfono móvil. El fiscal de la Cámara de Acusación, Guillermo González, señaló que los actos tienen la gravedad de un femicidio. “Considero que la identidad diversa de Azul, reconocida como mujer por el Código Civil en su DNI, tuvo que ver en la motivación para matarla”, explicó. El acusado fue identificado como Fabián Alejandro Casiva, de 25 años, y por el hecho podría caberle la pena de prisión perpetua.
