Relatos desde las entrañas del fuego

Carta de lectores

Relatos desde las entrañas del fuego

Sierras Chicas. Los vecinos de La Pampa, San Jorge, Ascochinga y muchos de los parajes de ese sector tuvieron que enfrentarse nuevamente con el infierno. Algunos perdieron animales, alambrados, pasturas, y otros estuvieron al borde de ser arrasados por la irracionalidad, que es lo que está detrás de cada uno de estos eventos. Quienes son “baquianos” de estas hermosas tierras cordobesas no tienen dudas: fue intencional.

Llegar a La Pampa, ubicada en el pie de Sierras Chicas, a 15 kilómetros de Jesús María, es como aterrizar en el infierno. El pueblo estuvo al borde de ser atravesado por las llamas, pero algo quiso que sólo pudiera avanzar hasta el borde.

Pedro Dunn, Director de la Escuela Ambiental La Lucena, sigue recorriendo las inmediaciones del establecimiento, convertidas en cenizas. Junto a su equipo de trabajo y algunos vecinos, pudieron salvar parte del invernadero donde están germinando miles de plantines de árboles autóctonos.

“Un momento de mierda, para no usar eufemismos, llegó el fuego y lo veníamos esperando, porque no sé qué es lo que pasa, hay una condición humana que hace que nos volvamos sobre nosotros mismos y arrancó, como arrancan siempre, inconsciente o conscientemente, pero con gran maldad”, relata Julio Rojo, integrante de La Lucena, mientras extrae los pedazos de media sombra quemada que tendrán que reemplazar.

“Hicimos lo que pudimos”, resume, al tiempo que mira a su alrededor. Árboles caídos, troncos convertidos en carbón y decenas de hectáreas que aún permanecen calientes, humeantes, intentando respirar entre el humo y la desazón.

Ellos llevan a cabo una enorme tarea pedagógica predicando el cuidado del ambiente, y, justamente, el viernes último, 9 de septiembre, se cumplieron nueve años de otro incendio similar que quemó por completo las instalaciones del establecimiento.

Afortunadamente, pudieron reconstruirse y renació la esperanza. “El primer mensaje es, ‘no da’ incendiar el lugar donde vivís porque es un acto re caníbal, te comés a vos mismo, te comés a tu hermano, al final no queda nadie”, afirmó.

Cuando uno toma el camino a San Jorge, ubicada a seis kilómetros de La Pampa, comienza a tener una visión panorámica del horror. Cerros y montes quemados por completo. Todos los colores se tornan grises y negros.

Mientras tanto, algunos baquianos, como Daniel, salieron a recorrer la zona a caballo, tratando de dimensionar las pérdidas. “Se quemaron varios terneros y alambrados”, contó. Ellos están habituados a este tipo de fenómenos, pero nunca se van a acostumbrar, porque la naturaleza es su forma de vida.

Silvia es docente y vive en San Jorge. Todos los días hace el trayecto hasta la escuela de La Pampa, donde da clases. Este viernes los chicos no concurrieron por precaución, dado que, si bien el fuego cesó, el riesgo sigue latente. “La acción del hombre tiene un límite”, afirmó, al contar la infructuosa lucha contra las llamas en la que se encolumnaron para intentar frenar el avance del fuego sobre los hogares.

“La pérdida del bosque nativo es tremendo, ni hablar de los daños económicos que nos produce a los que somos productores económicos, hacienda, pasturas, alambrados”, afirmó Silvia.

El intendente Daniel Funes también camina la zona coordinando las acciones de los Bomberos y brigadistas que siguen activos, como verdaderos guardianes. En los próximos días se hará una evaluación de daños y se iniciará el pedido de ayuda al Gobierno de Córdoba, que envió sus aviones hidrantes para intentar mitigar el efecto de las llamas.

 

Nicolás Luque (periodista de Jesús María).

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