El Gobierno de Brasil rechazó las solicitudes de visa de dos altos funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos que tenían previsto viajar al país para reunirse con autoridades electorales a menos de tres meses de las elecciones presidenciales de octubre, en un nuevo episodio que profundiza las tensiones entre las administraciones de Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump.
La decisión fue confirmada por fuentes del Gobierno brasileño y del Ministerio de Relaciones Exteriores, que consideró «inusual» la misión estadounidense y advirtió sobre el riesgo de una «instrumentalización política» del proceso electoral.
Los funcionarios afectados son Riley M. Barnes, subsecretario de Estado para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, y Samuel Samson, subsecretario adjunto del mismo organismo.
Según informaron el diario The New York Times y medios brasileños, ambos pretendían viajar a Brasilia para reunirse con autoridades electorales y plantear cuestionamientos sobre la integridad del sistema de votación electrónica, utilizado desde hace décadas en el país.
En tanto, un portavoz del Departamento de Estado sostuvo que la visita, prevista entre el 27 y el 30 de julio, tenía como objetivo abordar temas relacionados con la integridad electoral, la libertad religiosa y la libertad de expresión, además de mantener reuniones con funcionarios gubernamentales, líderes religiosos y representantes de la sociedad civil.
Washington negó que la misión buscara influir en el proceso electoral brasileño y calificó como «una mentira sin fundamentos» cualquier insinuación de que pretendiera socavar las elecciones.
La decisión de Brasil
La solicitud de visas fue presentada el 20 de julio, pero el Gobierno de Lula decidió rechazarla al considerar que la misión difería de las tradicionales delegaciones internacionales de observación electoral, que normalmente son invitadas oficialmente por las autoridades brasileñas para supervisar los comicios.
Fuentes diplomáticas explicaron que la decisión también estuvo influida por el contexto político, ya que el pedido coincidió con una reunión privada entre Flávio Bolsonaro y diplomáticos extranjeros, en la que el candidato opositor volvió a cuestionar la fiabilidad del sistema de urnas electrónicas.
Esos argumentos son similares a los utilizados por su padre, Jair Bolsonaro, quien fue inhabilitado políticamente y posteriormente condenado por su participación en un intento de golpe de Estado tras desconocer el resultado de las elecciones de 2022.
Lula denunció un intento de interferencia
Sin referirse directamente al rechazo de las visas, Lula lanzó una advertencia durante un acto en San Pablo.
«Quien quiera venir de afuera a meterse en las elecciones brasileñas, ya le voy avisando: se va a llevar muchos golpes», afirmó el mandatario.
En la misma línea, el ministro jefe de la Secretaría General de la Presidencia, Guilherme Boulos, denunció la existencia de «un movimiento articulado» para influir en el proceso electoral y sostuvo que Brasil «no se arrodillará» ante presiones externas.
El episodio se suma al deterioro de las relaciones entre Brasilia y Washington desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.
En las últimas semanas, Estados Unidos impuso dos rondas de aranceles a productos brasileños, además de otras sanciones aplicadas anteriormente. A ello se sumaron los cuestionamientos de Trump al proceso judicial contra Bolsonaro y su respaldo a dirigentes de derecha en distintos países de América Latina.
Lula, por su parte, acusó a Flávio Bolsonaro de haber alentado las medidas comerciales adoptadas por Washington contra Brasil, una acusación que el senador rechazó.
El conflicto diplomático se produce en plena campaña para las elecciones presidenciales de octubre, en las que Lula da Silva buscará la reelección frente al senador Flávio Bolsonaro.
