El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega este miércoles a China para iniciar una visita oficial de alto riesgo con su par Xi Jinping, en un contexto marcado por fuertes tensiones comerciales, tecnológicas y geopolíticas, además de la guerra en Medio Oriente y la disputa por el liderazgo global entre ambas potencias.
El mandatario viaja con el objetivo principal de impulsar una mayor apertura del mercado chino para las empresas estadounidenses, especialmente para aquellas que integran la delegación empresarial que lo acompaña.
Antes de partir hacia Pekín, a bordo del Air Force One, Trump afirmó que le solicitará a Xi Jinping que facilite el acceso de compañías norteamericanas al mercado asiático. “Pediré abrir China para que estas empresas puedan contribuir al crecimiento del país”, señaló.
La visita es considerada histórica, ya que se trata del primer viaje oficial de un presidente estadounidense a China en casi una década, y se desarrolla en medio de disputas por aranceles, restricciones tecnológicas, semiconductores y desequilibrios comerciales.
Una delegación empresarial de peso
Trump viaja acompañado por una comitiva de 18 ejecutivos de alto nivel de sectores estratégicos como tecnología, energía, aviación, banca y agroindustria. Entre ellos se destacan Tim Cook (Apple), Elon Musk (Tesla), Jensen Huang (Nvidia) y representantes de Boeing y Meta.
La presencia de Nvidia resulta particularmente sensible debido a las restricciones que enfrenta la empresa para comercializar chips avanzados de inteligencia artificial en China, uno de los focos centrales de la disputa tecnológica entre Washington y Beijing.
Irán, seguridad global y tensión diplomática
Además de la agenda económica, las conversaciones entre Trump y Xi incluirán temas de alta sensibilidad internacional, como la guerra en Medio Oriente, el rol de Irán, la situación en el Estrecho de Ormuz y la cuestión de Taiwán, además de las restricciones a la exportación de tecnología avanzada.
En la previa del viaje, Washington anunció nuevas sanciones contra entidades vinculadas a China acusadas de colaborar con Irán, lo que generó una dura respuesta de Pekín, que calificó las medidas como “presión unilateral ilegal” y activó mecanismos de bloqueo contra sanciones extranjeras.
Reuniones previas y clima económico
Como antesala de la cumbre, representantes de ambos países mantuvieron contactos económicos en la República de Corea, donde el viceprimer ministro chino He Lifeng y el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent encabezaron conversaciones definidas como “francas, profundas y constructivas” sobre comercio y cooperación.
Estos encuentros buscan sostener una frágil tregua comercial alcanzada previamente, tras meses de amenazas arancelarias cruzadas y restricciones a exportaciones estratégicas.
Una cumbre con alto nivel de incertidumbre
Estados Unidos busca reducir su déficit comercial con China mediante un mayor acceso para exportaciones de energía, productos agrícolas y aviones, mientras Pekín presiona para que Washington flexibilice los controles sobre tecnología avanzada y semiconductores.
Aunque ambas partes expresan interés en evitar una escalada, analistas internacionales advierten que las diferencias estructurales entre las dos potencias siguen intactas, lo que limita las expectativas de acuerdos profundos en la cumbre.
La reunión entre Trump y Xi se perfila así como un encuentro clave, en el que ambas potencias intentarán contener tensiones sin alterar un equilibrio global cada vez más frágil.
