En los últimos días, el nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo ha despertado la preocupación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si bien el organismo considera “débil” el riesgo de que la epidemia se extienda a nivel global, el peligro es “alto” en África Central, donde las crisis políticas, sociales y económicas representan un desafío adicional para contener la propagación del virus.
En este contexto, Hoy Día Córdoba dialogó con el doctor Gabriel Oscar Fernández, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Trabajo y Salud Ocupacional y miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Médica Argentina, quien brindó sus conocimientos acerca de esta grave enfermedad.
“El brote de la enfermedad del ébola en África occidental, que inició en marzo de 2014, fue la epidemia viral hemorrágica más grande en la historia. De las personas que desarrollaron ébola en este brote, el 71% fallecieron. Esta afección se descubrió en 1976 cerca del río Ébola en la República Democrática del Congo. Desde entonces, se han presentado varios brotes pequeños en África”, indicó Fernández.
Ahora, existe un nuevo factor de preocupación: la cepa Bundibugyo, una variante del ébola para la cual no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado. Hasta el momento, el brote ha provocado cerca de 140 muertes, con 51 casos confirmados y alrededor de 600 sospechosos.
Frente a este escenario, es importante precisar cómo se transmite la enfermedad. El doctor explicó que este virus no se propaga tan fácilmente como la gripe o el sarampión. Al mismo tiempo, destacó que no hay evidencia de que se transmita por el aire o el agua. La enfermedad solo puede propagarse por contacto directo con fluidos corporales infectados o con objetos y materiales contaminados. Además, una persona con ébola no puede transmitir la enfermedad hasta que aparezcan los síntomas.
En cuanto al cuadro clínico, Fernández detalló que la fase inicial incluye fiebre alta, dolor de cabeza, garganta, músculos y articulaciones, además de debilidad, fatiga, pérdida de apetito, erupciones cutáneas, dolor abdominal, diarrea, vómitos, ojos rojos e hipo. En etapas más avanzadas, la enfermedad puede derivar en complicaciones graves como sangrados por distintos orificios del cuerpo e insuficiencia orgánica.
“No existe una cura conocida para la enfermedad del ébola. El tratamiento es de soporte y se basa en la atención hospitalaria con aislamiento del paciente, administración de líquidos intravenosos, oxígeno, y, en algunos casos, transfusiones de sangre”, señaló.
Si bien se dispone de una vacuna, esta se orienta principalmente a la cepa Zaire del virus. Así, la supervivencia depende en gran medida de la respuesta del sistema inmunitario y de la calidad de la atención médica recibida. “Las personas que logran recuperarse pueden desarrollar inmunidad al virus durante 10 años o más, y dejan de transmitirlo ,aunque en algunos casos el virus puede permanecer un tiempo en ciertos fluidos corporales”, resalta.
Un país atravesado por la inestabilidad
Más allá de las características del virus y su forma de transmisión, el brote se desarrolla en un país atravesado por una profunda crisis humanitaria que condiciona la respuesta sanitaria y dificulta el control de la enfermedad. La República Democrática del Congo enfrenta desde hace años inestabilidad política, conflictos armados y graves problemas económicos y sociales que impactan directamente en su sistema de salud.
Desde 2022, la violencia en el este de la República Democrática del Congo ha provocado el desplazamiento de 4,6 millones de personas en las provincias de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
A comienzos de 2025, la escalada de enfrentamientos entre fuerzas congoleñas y el grupo armado M23, con la toma de Goma incluida, agravó aún más la situación, en un conflicto vinculado a disputas territoriales y recursos naturales.
La ofensiva, atribuida en parte al apoyo de Ruanda según la ONU, dejó miles de muertos y nuevos desplazados, profundizando la inestabilidad política incluso en la capital, Kinshasa. En ese contexto, la crisis humanitaria se amplió a escala nacional, con cerca de un millón de refugiados en el exterior y más de 21 millones de personas que requieren asistencia urgente, lo que ubica al país entre las peores emergencias del mundo.
En este marco, el surgimiento de un nuevo brote de ébola es extremadamente complejo, ya que el desplazamiento masivo no solo facilita la propagación del virus, sino que también expone los límites de los sistemas de salud en un contexto de crisis humanitaria prolongada.
