La crisis sanitaria desatada en África central volvió a escalar de manera alarmante. Una semana después de que el virus traspasara fronteras con los primeros infectados en Nigeria y un incremento de casos en Kenia, las autoridades sanitarias de la República Democrática del Congo (RDC) confirmaron que la epidemia ya superó los 10.000 casos confirmados en su territorio.
Según el balance oficial del 25 de octubre, el país acumula 10.060 contagios confirmados y 4.887 muertes, lo que representa una tasa de mortalidad del 48,6%. La enfermedad continúa propagándose a través del sistema sanitario, afectando a 66 zonas sanitarias distribuidas en ocho de las 26 provincias del país. La provincia oriental de Ituri se mantiene como el epicentro crítico de la emergencia, concentrando el 71,7% de todos los infectados.
Propagación regional y el desafío de la cepa
El brote, declarado originalmente el 15 de mayo en la RDC, ya se ha extendido por cinco países. La red de propagación regional abarca contagios confirmados en Uganda, Kenia y Nigeria, a los que se suma un caso importado detectado en Francia.
La contención epidémica enfrenta una severa traba médica: el brote es provocado por la cepa del virus de ébola Bundibugyo. A diferencia de la cepa Zaire, para la variante Bundibugyo no existe actualmente ninguna vacuna aprobada ni un tratamiento médico específico disponible.
Dimensión histórica de la crisis
Con estas cifras, la epidemia se posiciona formalmente como la más grande y mortífera registrada en la historia de la RDC. A nivel internacional, se ubica como el segundo brote de ébola más extendido de la historia, únicamente por detrás de la epidemia de África Occidental entre 2014 y 2016.
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