El papa León XIV protagonizó este lunes una intensa jornada en España marcada por fuertes definiciones sobre los abusos sexuales en la Iglesia, la defensa de la vida, la paz internacional, la inmigración y el papel de la política en la construcción del bien común.
Durante una visita a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en Madrid, el Pontífice calificó los abusos sexuales cometidos en el ámbito eclesiástico como una «plaga» y reclamó una respuesta decidida de toda la comunidad católica.
«Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, protección y cambios reales de sanación», afirmó ante los obispos españoles, al insistir en que las víctimas deben ocupar el centro de cualquier acción de la Iglesia.
León XIV sostuvo que la responsabilidad no recae únicamente sobre la jerarquía eclesiástica, sino sobre todos los fieles. En ese sentido, aseguró que la comunidad católica está llamada a responder con «escucha, verdad, justicia, reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado«.
Encuentro con víctimas de abusos
En el marco de su visita, el Papa mantuvo una reunión con seis víctimas de abusos cometidos por miembros del clero en España. El encuentro tuvo lugar en la Nunciatura Apostólica de Madrid y se extendió durante casi una hora.
Según informó el Vaticano, los asistentes compartieron sus experiencias y acercaron propuestas para mejorar la respuesta institucional de la Iglesia frente a estos casos.
El Pontífice expresó su «cercanía y la de toda la comunidad eclesial» y ratificó su compromiso para que las recomendaciones formuladas durante el encuentro contribuyan a futuras acciones de prevención y reparación.
«La Iglesia debe ser verdaderamente un lugar seguro y espiritualmente sano, donde las heridas encuentren consuelo y sanación», manifestó.
La reunión se produjo en momentos en que unas 430 personas ya acudieron a la Oficina para el Reconocimiento y la Reparación de las Víctimas creada en España para canalizar denuncias y solicitudes de reparación.
Un discurso histórico en el Congreso español
Más tarde, León XIV se convirtió en el primer Papa en intervenir ante el Congreso de los Diputados de España, donde pronunció un discurso centrado en la dignidad humana, la justicia, la paz y los desafíos contemporáneos.
Ante legisladores y autoridades, sostuvo que quienes elaboran las leyes tienen la responsabilidad de colocar en el centro de sus decisiones «la dignidad, la justicia y el bien común«.
El Pontífice advirtió además sobre los riesgos de una sociedad que normalice la exclusión y la denominada «cultura del descarte».
«Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural», afirmó, en una clara referencia a su rechazo al aborto y la eutanasia.
Llamado a la paz y preocupación por el rearme
En otro de los tramos más destacados de su intervención, León XIV se refirió a los conflictos internacionales y expresó su preocupación por el aumento de las tensiones geopolíticas.
«Las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera», sostuvo.
Asimismo, alertó sobre el creciente rearme en distintas regiones del mundo y defendió la resolución pacífica de las controversias mediante el derecho internacional, la diplomacia y el diálogo.
Según afirmó, la paz requiere «valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo«.
El Papa también dedicó parte de su discurso a la situación política y social, en un mensaje interpretado como una invitación a reducir la polarización.
«La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación», señaló.
Además, exhortó a los dirigentes a cuidar el lenguaje público y evitar que las diferencias políticas deriven en una descalificación permanente del adversario.
Para León XIV, incluso los conflictos pueden convertirse en oportunidades para construir consensos cuando existe disposición al diálogo y a la escucha.
La migración como desafío moral
El Pontífice también abordó el fenómeno migratorio, al que definió como un «trágico drama» que interpela la conciencia de las naciones y del sistema internacional.
Sostuvo que la migración no puede ser analizada únicamente desde una perspectiva económica o demográfica, sino también desde una dimensión ética y humanitaria.
«Ninguna nación puede afrontar por sí sola un desafío de esta magnitud», afirmó al reclamar una mayor cooperación internacional para proteger a los migrantes y asistir a las víctimas de redes de tráfico y explotación.
