Estados Unidos bombardeó este domingo dos objetivos militares iraníes en la isla de Larak, ubicada en el estratégico Estrecho de Ormuz, en una operación que dejó “muertos y heridos”, según denunciaron los Guardianes de la Revolución de Irán. La fuerza iraní calificó el ataque como una “agresión terrorista” y advirtió que habrá represalias.
El portavoz del Comando Central estadounidense (Centcom), Tim Hawkins, confirmó que las fuerzas de su país atacaron dos lanzadores iraníes en Larak, donde, según Washington, se había detectado a miembros de los Guardianes de la Revolución preparándose para lanzar cohetes con minas navales.
Los ataques fueron ejecutados con dos drones y son los primeros bombardeos estadounidenses contra Irán desde finales de julio. Según Washington, las plataformas destruidas podían ser utilizadas para atacar embarcaciones y obstaculizar el tránsito por el estrecho de Ormuz.
El presidente estadounidense, Donald Trump, había advertido días atrás que cualquier embarcación que colocara nuevos dispositivos explosivos en este paso marítimo sería “destruida de inmediato y de manera sistemática”. El estrecho de Ormuz es una de las principales rutas energéticas del mundo: antes del inicio del conflicto, por allí transitaba cerca de una quinta parte de los hidrocarburos comercializados globalmente.
Irán amenazó con represalias
Tras el ataque, los Guardianes de la Revolución confirmaron que hubo muertos y heridos y aseguraron que la ofensiva estadounidense será “castigada”. La fuerza iraní también advirtió que cualquier nueva acción hostil recibirá una respuesta aún más contundente.
En las horas posteriores, la Guardia Revolucionaria afirmó haber lanzado una represalia contra posiciones militares estadounidenses en Jordania, en una nueva escalada del conflicto. Según el comunicado iraní, la operación combinó misiles y drones contra las bases aéreas King Hussein y Al Azraq, utilizadas por fuerzas estadounidenses.
Teherán aseguró que sus proyectiles alcanzaron áreas de mantenimiento y reparación de aeronaves, además de sectores destinados al despliegue de aviones de combate, y afirmó haber provocado “daños pesados” en las instalaciones.
Poco después, el Ejército de Jordania informó que sus sistemas de defensa aérea interceptaron ocho misiles que ingresaron en el espacio aéreo del país. Jordania es un aliado de Washington y alberga instalaciones utilizadas por las fuerzas estadounidenses, por lo que su territorio quedó nuevamente involucrado en la escalada regional.
El Estrecho de Ormuz, en el centro del conflicto
Los nuevos enfrentamientos se producen después de varias semanas en las que las hostilidades habían perdido intensidad. La administración de Trump había privilegiado la denominada “guerra económica” contra Teherán por encima de nuevos bombardeos, aunque durante ese período continuaron los intercambios esporádicos de ataques, especialmente en torno al estrecho de Ormuz.
El paso marítimo permanece bloqueado por Irán, que ha obstaculizado el tránsito de embarcaciones, mientras Estados Unidos mantiene un bloqueo sobre los puertos iraníes. Washington sostiene que sus fuerzas continuarán vigilando la zona para garantizar la libre circulación comercial.
La crisis se profundizó desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques conjuntos contra Irán. Teherán respondió con ofensivas contra países del Golfo aliados de Washington. Un alto el fuego alcanzado en abril redujo temporalmente los enfrentamientos, pero las operaciones militares se reanudaron posteriormente y dejaron en suspenso las negociaciones destinadas a alcanzar un acuerdo duradero.
Nuevas sanciones de Estados Unidos
En paralelo con la escalada militar, Washington incrementó la presión económica sobre Irán mediante nuevas sanciones. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció restricciones contra socios comerciales de Teherán vinculados con sectores como oro, tecnología, activos digitales, aviación y transporte marítimo.
Además, Estados Unidos sancionó a 60 personas, empresas y embarcaciones a las que acusa de colaborar con Irán en la generación de ingresos provenientes del petróleo y en la adquisición de armamento.
El presidente iraní, Massoud Pezeshkian, reconoció que su país atraviesa “numerosas dificultades económicas”, pero aseguró que las presiones estadounidenses no modificarán la posición de Teherán sobre el estrecho de Ormuz.
“Estados Unidos no obtendrá nada con estas medidas”, afirmó el mandatario, en momentos en que el estratégico paso marítimo vuelve a quedar en el centro de una peligrosa escalada entre Washington y Teherán.
