El sospechoso del tiroteo ocurrido durante la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca fue imputado este lunes por la Justicia federal de Estados Unidos, en un caso que sacude al escenario político del país. Se trata de Cole Tomas Allen, de 31 años, quien fue formalmente acusado de intento de asesinato del presidente Donald Trump, además de otros delitos vinculados al uso y transporte de armas de fuego.
Durante la audiencia ante el juez federal Matthew Sharbaugh, Allen permaneció mayormente inmóvil y solicitó la designación de defensores públicos, sin declararse culpable ni inocente.
Entre los delitos que se le imputan figuran: uso de arma de fuego durante un delito violento, transporte interestatal de armas con fines delictivos e intento de asesinato del presidente de Estados Unidos. De ser hallado culpable, podría enfrentar hasta cadena perpetua por la tentativa de magnicidio, además de penas adicionales de hasta 10 años por cada uno de los otros cargos.
Al respecto, la fiscal Jocelyn Ballantine sostuvo ante el tribunal: “El Sr. Allen viajó a través de las fronteras estatales… armado con un arma de fuego, llegó a Washington”, dijo la fiscal Jocelyn Ballantine al juez al argumentar que debía permanecer detenido mientras el caso avanza. Dijo que, una vez en la ciudad, Allen “intentó asesinar al presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump”.
Por su parte, la fiscal federal de Washington, Jeanine Pirro, advirtió que “se presentarán cargos adicionales contra Allen a medida que continúe la investigación” y fue categórica: “Que no quepa duda, esto fue un intento de asesinato del presidente de los Estados Unidos, y el acusado dejó clara su intención. Y esa intención era derrocar al mayor número posible de altos funcionarios del gabinete”.
Además, remarcó: “El camino de Allen hacia la rendición de cuentas en el sistema de justicia penal comienza hoy” y agregó que “cualquier insinuación de que no estaba allí para hacer daño es absurda”.
El ataque: caos y evacuación
El episodio ocurrió el sábado por la noche en el hotel Washington Hilton, donde se desarrollaba la tradicional cena de corresponsales.
Tras escucharse detonaciones, agentes del Servicio Secreto evacuaron de inmediato a Trump, a la primera dama Melania Trump y al vicepresidente JD Vance, mientras asistentes —entre periodistas y funcionarios— se arrojaban al suelo para resguardarse.
Según se informó, un agente recibió un disparo en su chaleco antibalas mientras protegía al mandatario, en un operativo que fue clave para evitar una tragedia mayor.
De acuerdo con la investigación, Allen viajó en tren desde Los Ángeles a Washington entre el 21 y el 24 de abril, y se alojó en el hotel donde ocurrió el ataque.
También se estableció que había adquirido previamente armas de fuego en California, incluyendo una escopeta calibre 12 y un revólver .38.
Tensión política y acusaciones cruzadas
Tras el ataque, la Casa Blanca apuntó contra la oposición. La vocera presidencial, Karoline Leavitt, denunció: “Existe un culto al odio de la izquierda y de los demócratas dirigido contra el presidente, su familia y sus seguidores” y sostuvo que estos mensajes “llevaron a personas desequilibradas a cometer actos de violencia”.
Además, advirtió: “No podemos vivir en un país donde tenemos miedo constantemente de que nos maten por pensar distinto”, y llamó a resolver las diferencias políticas “mediante el diálogo y no con balas”.
En otra declaración, insistió en que “el culto al odio de la izquierda contra el presidente y todos aquellos que le apoyan y trabajan para él ha provocado que varias personas resultaran heridas y murieran, y este fin de semana estuvo a punto de volver a ocurrir”, y agregó: “Nadie en los últimos años ha sido blanco de más balas y más violencia que el presidente Trump”.
También denunció una “demonización sistemática” y afirmó: “Aquellos que constantemente etiquetan y difaman falsamente al presidente como fascista, como una amenaza para la democracia, y lo comparan con Hitler para ganar puntos políticos, están alimentando este tipo de violencia”.
La reacción de Trump
En paralelo, el propio Donald Trump respondió públicamente a las acusaciones contenidas en un manifiesto atribuido al atacante, en el que se lo calificaba de “pedófilo”, “violador” y “traidor”.
Durante una entrevista en el programa 60 Minutes, el mandatario afirmó: “No soy un pedófilo. Disculpa. Son cosas que no tienen nada que ver. Fui totalmente exonerado”, y añadió: “No soy un violador. No violé a nadie”.
También sostuvo que “sus amigos del otro lado fueron los que estuvieron involucrados con Epstein u otras cosas” y calificó al autor del texto como “persona enferma”.
En el tramo más tenso de la conversación, Trump atacó a la entrevistadora con insultos y repudió que leyera el manifiesto del sospechoso en directo.
“No deberías estar leyendo eso en ’60 Minutes’. Eres una desgracia. Pero adelante. Terminemos la entrevista. Eres una vergüenza”, reprochó Trump.
Tras el episodio, la Casa Blanca declaró la “emergencia nacional” y solicitó fondos urgentes al Congreso para reforzar la seguridad, en un año marcado por eventos de alto riesgo como las elecciones presidenciales.
Además, se inició una revisión exhaustiva de los protocolos del Servicio Secreto para eventos públicos, con el objetivo de evitar nuevos ataques contra el presidente y su gabinete.
