A cuatro días del colapso de un glaciar y las inundaciones repentinas que golpearon la frontera entre Nepal y el Tíbet, los equipos de rescate continúan trabajando entre el lodo, mientras enfrentan nuevas amenazas de deslizamientos y la presión del tiempo para encontrar sobrevivientes. La tragedia deja hasta el momento 797 muertos y más de 3.000 desaparecidos, incluidos 592 extranjeros.
En Nepal, el balance provisional ascendió a 781 muertos y 2.502 desaparecidos, informó este domingo la autoridad encargada de la gestión de emergencias. En China, los medios estatales reportaron 16 muertos y 546 desaparecidos, lo que eleva el saldo total de la catástrofe a 797 fallecidos y 3.048 personas cuyo paradero aún se desconoce.
En la localidad nepalí de Bharatpur, ubicada a unos 160 kilómetros río abajo del epicentro del desastre, familiares de los desaparecidos observan fotografías de cadáveres con la esperanza de identificar a sus seres queridos.
Las morgues se encuentran desbordadas y los equipos de rescate enfrentan múltiples dificultades debido a carreteras intransitables, comunicaciones interrumpidas y el riesgo de nuevos desbordes.
Aunque todavía es demasiado pronto para realizar una evaluación precisa de los daños, el ministro nepalí de Relaciones Exteriores estimó que el costo de la reconstrucción ascenderá a “varios miles de millones de dólares” y pidió “el apoyo de la comunidad internacional”.
Las primeras estimaciones ubican entre US$4.000 y US$5.000 millones las necesidades de reconstrucción, una cifra equivalente a casi el 10% del PIB de Nepal. Los daños representan además un duro golpe para un país cuya economía depende en buena medida del turismo, las remesas y la energía hidroeléctrica.
Sin embargo, el ministro de Finanzas, Swarnim Wagle, señaló que el impacto financiero total será inferior al provocado por el devastador terremoto de 2015, que dejó pérdidas por unos US$9.000 millones y destruyó un tercio de la economía nepalí.
Por su parte, las autoridades chinas confirmaron que se redujo la amenaza de un gran lago represado en la frontera entre el Tíbet y Nepal. Las imágenes satelitales muestran que el agua comenzó a desplazarse gradualmente hacia los ríos Lhende Khola y Trishuli, lo que aleja el riesgo de un desbordamiento repentino. Mientras tanto, Pekín continúa con las tareas de rescate de las más de 500 personas desaparecidas en el paso de Gyirong.
Mujeres y niñas corren alto riesgo de explotación
En este contexto, cerca de 160.000 mujeres y niñas afectadas directa o indirectamente por las inundaciones en los distritos nepalíes de Rasuwa y Nuwakot corren un alto riesgo de sufrir violencia y explotación, advirtió ONU Mujeres.
La organización señaló que los desastres naturales profundizan las desigualdades de género preexistentes y aumentan la vulnerabilidad de mujeres y niñas.
Si bien todavía se está determinando el alcance total del impacto, Patricia Fernández-Pacheco, representante de ONU Mujeres en Nepal, afirmó que los riesgos para este grupo se incrementan considerablemente durante una emergencia.
“Aumentan los casos de explotación y abuso contra ellas. Más mujeres y niñas pasan hambre y carecen de medicamentos cuando los recursos escasean. Incluso existen pruebas de desastres anteriores que sugieren que las mujeres tienen más probabilidades de morir que los hombres”, sostuvo.
Tras un desastre, las mujeres enfrentan un mayor riesgo de violencia, explotación y empobrecimiento, además de asumir una parte desproporcionada de las tareas domésticas y de la responsabilidad de conseguir agua, indicó la ONU.
En varios de los distritos más afectados por las inundaciones, la baja tasa de alfabetización podría dificultar aún más que las mujeres puedan registrarse o acceder por sus propios medios a la ayuda humanitaria.
Ante este escenario, ONU Mujeres solicitó US$2.000.000 para garantizar la seguridad y fortalecer la asignación de recursos destinados a las mujeres y niñas afectadas por la catástrofe.
Un meteorólogo analizó el fenómeno que dejó cientos de muertos en Nepal
