El sistema climático de la Tierra atraviesa un nivel de desequilibrio sin precedentes en la historia registrada, impulsado por el incremento constante de los gases de efecto invernadero. Así lo advirtió la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su más reciente informe sobre el estado del clima global.
El documento, difundido en el marco del Día Meteorológico Mundial bajo el lema “Observar hoy para proteger el mañana”, analiza variables clave como la temperatura global, el nivel del mar, la extensión del hielo ártico y la concentración de gases contaminantes en la atmósfera.
Temperaturas récord y señales de alerta
Según el informe, el período comprendido entre 2015 y 2025 constituye la década más cálida desde que existen registros. En ese contexto, 2025 se ubicó entre los años más calurosos, con una temperatura promedio aproximadamente 1,43 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900).
Este calentamiento sostenido tiene consecuencias directas: olas de calor más intensas, precipitaciones extremas y ciclones tropicales que provocan graves impactos en economías y sociedades cada vez más interconectadas.
El rol crítico de los océanos
Uno de los datos más preocupantes es el comportamiento de los océanos, que continúan absorbiendo enormes cantidades de calor y dióxido de carbono. En las últimas dos décadas, el mar captó anualmente el equivalente a 18 veces el consumo energético global de la humanidad.
En 2025, el contenido de calor oceánico, medido hasta los 2.000 metros de profundidad, alcanzó un nuevo récord, superando incluso el máximo registrado el año anterior. Este fenómeno no solo contribuye al aumento del nivel del mar, sino también a la acidificación de los océanos, afectando ecosistemas marinos.
Gases en aumento y desequilibrio energético
El informe también confirma que los principales gases de efecto invernadero, dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, continúan en ascenso. Como consecuencia, el planeta retiene cada vez más energía de la que libera, un fenómeno conocido como desequilibrio energético.
Por primera vez, este indicador fue incorporado como una variable central en el análisis climático. Los registros muestran que este desbalance viene en aumento desde 1960, con una aceleración notable en los últimos 20 años y un nuevo pico en 2025.
Un llamado urgente a la acción
Desde la OMM advierten que estos cambios no son meramente estadísticos, sino que tienen efectos concretos sobre la vida en el planeta. El aumento de eventos extremos expone la vulnerabilidad de las sociedades y plantea desafíos urgentes en términos de adaptación y mitigación.
En este escenario, el organismo internacional insiste en la necesidad de reforzar la observación científica, mejorar los sistemas de alerta y avanzar en políticas que reduzcan las emisiones, con el objetivo de limitar los impactos de un clima cada vez más inestable.
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