Un nuevo sismo de magnitud 7,2 se registró este jueves a las 13 en la región de Ayacucho, en el sur de Perú, según informó oficialmente el Instituto Geofísico del Perú (IGP). Hasta el momento, no se reportaron víctimas ni daños de gravedad en la infraestructura de las localidades afectadas.
El epicentro se ubicó a 35 kilómetros al norte de Coracora, en la provincia de Parinacochas. Además, el IGP informó que el movimiento telúrico alcanzó una intensidad de III-IV en Coracora, según la escala de Mercalli modificada.
Debido a su duración de casi un minuto, el temblor se sintió con fuerza en distintas zonas del sur del país, principalmente en las provincias de Arequipa, Ica, Cusco y Apurímac.
En Lima, la capital peruana, el terremoto se percibió de manera ondulante y generó alarma, especialmente entre los habitantes que se encontraban en los pisos superiores de los edificios.
A pesar de la ausencia de víctimas, se registraron deslizamientos de tierra y rocas en laderas de cerros de Ayacucho, que provocaron nubes de polvo y evacuaciones preventivas en zonas consideradas de riesgo.
Tras el movimiento, la Dirección de Hidrografía y Navegación del Perú confirmó que no existe alerta de tsunami para el litoral peruano.
¿Hay una ola de terremotos en Latinoamérica?
Perú es un país de alta actividad sísmica debido principalmente a la interacción de las placas de Nazca y Sudamericana. Por ese motivo, el IGP recomienda mantener una cultura de prevención y contar con un plan familiar de emergencia.
En los últimos meses se registraron distintos terremotos de magnitud considerable en Latinoamérica, una sucesión de eventos que generó en parte de la sociedad la percepción de estar atravesando un período de actividad sísmica inusual.
Sin embargo, no existe evidencia científica de que actualmente haya una actividad sísmica global excepcional.
Así lo explicó a Hoy Día Córdoba Ricardo Astini, docente de Geología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), quien señaló que los terremotos grandes forman parte de una distribución estadística esperable.
De acuerdo con el especialista, los sismos de gran magnitud, mucho menos frecuentes que los pequeños, responden a una distribución conocida como ley de Gutenberg-Richter, que establece que el número de terremotos disminuye de manera casi exponencial a medida que aumenta su magnitud.
“Lo que vemos es una sucesión de terremotos grandes que, por su proximidad temporal, el hecho de ocurrir en zonas pobladas y la velocidad con que circula hoy la información, genera una fuerte percepción de actividad sísmica inusual. Sin embargo, eso no se demuestra estadísticamente: los terremotos ocurren todos los días y los grandes tienen una distribución temporal irregular, con períodos de mayor concentración y otros de menor actividad”, explicó.
Astini también aclaró que una sucesión de terremotos grandes no implica necesariamente una causa común a escala global.
“La percepción de simultaneidad es mucho mayor que en el pasado porque hoy prácticamente cualquier terremoto importante se conoce en cuestión de minutos gracias a la red de sismógrafos interconectados en todo el planeta”, indicó.
Terremotos cercanos en el tiempo: ¿están relacionados?
El geólogo remarcó que, aunque muchos terremotos puedan ocurrir en un mismo continente, se trata de fenómenos independientes que responden a una misma física general: el movimiento de las placas tectónicas.
Que dos terremotos ocurran con poca diferencia temporal no significa necesariamente que uno haya provocado al otro.
“Hay una diferencia entre interacción sísmica local o regional y una supuesta sincronización global. Un terremoto grande puede modificar temporalmente los esfuerzos sobre fallas cercanas y producir réplicas o, en algunos casos, afectar la probabilidad de otros eventos en su entorno. Pero eso no significa que un terremoto en Indonesia o Perú pueda ‘activar’ una falla en Venezuela o Argentina a escala planetaria”, explicó.
¿Aumentó el riesgo de terremotos en Argentina?
Sobre la posibilidad de un terremoto en Argentina, Astini fue contundente: no se puede sostener que, porque hubo muchos sismos en otros países, haya aumentado ahora el riesgo argentino.
“El sector andino de Argentina tiene riesgo sísmico propio, independientemente de lo que esté ocurriendo actualmente en Perú, Venezuela, Colombia o Indonesia”, subrayó.
El peligro, explicó, depende de dónde ocurre el terremoto, qué magnitud tiene y cuáles son las condiciones del lugar afectado.
“Esto está muy bien ilustrado por los terremotos recientes: magnitud y daños no tienen una relación simple. La profundidad, el tipo de suelo y la vulnerabilidad de las construcciones son determinantes”, sostuvo.
Por eso, ante la pregunta de si puede ocurrir un terremoto fuerte en Argentina en el corto plazo, el especialista respondió que sí existe esa posibilidad, pero aclaró que no hay evidencia de que haya aumentado por los recientes terremotos registrados en otros países.
“Argentina es un país sísmicamente activo y siempre existe una probabilidad de que ocurra un terremoto fuerte. Pero no existe evidencia científica que permita decir que esa probabilidad haya aumentado porque recientemente hayan ocurrido terremotos importantes en otros países”, explicó.
La prevención, clave frente a lo impredecible
Astini recordó que todavía no es posible predecir de manera confiable y precisa cuándo ocurrirá un terremoto. Sin embargo, sí es posible reducir sus consecuencias mediante la prevención.
En ese sentido, señaló cinco aspectos fundamentales: evaluar probabilidades, identificar fallas activas, monitorear la sismicidad, aplicar normas de construcción sismorresistente y preparar a la población. “La prevención es mucho más efectiva que intentar predecir el próximo terremoto”, resaltó.
La paradoja, según el geólogo, es clara: no podemos saber cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto, pero sí podemos conocer dónde estamos expuestos y qué tan vulnerables somos. Y esa información permite reducir sus posibles consecuencias.
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