La tensión entre Estados Unidos y España escaló este miércoles luego de que la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, asegurara que el Gobierno de Pedro Sánchez había dado marcha atrás en su negativa a acompañar los ataques contra Irán, una afirmación que fue desmentida poco después por las autoridades españolas.
En medio de esa controversia, Trump anunció que ordenó “cortar todo el comercio con España” tras la decisión del Ejecutivo español de no autorizar el uso de bases militares estadounidenses en territorio español para la ofensiva.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, rechazó “tajantemente” que España vaya a participar en una cooperación militar con Estados Unidos, contradiciendo directamente las declaraciones previas de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien había asegurado que Madrid había escuchado “fuerte y claro” el mensaje del mandatario y se había mostrado dispuesta a cooperar militarmente.
Desde la Casa Blanca, Trump acusó a España de no haber cooperado en el actual escenario bélico en Medio Oriente.
“España ha sido terrible, así que vamos a cortar todo comercio con ellos. No queremos tener nada que ver con ellos”, afirmó el mandatario, quien también expresó su malestar con Reino Unido.
El gobierno de Sánchez argumentó que no respaldará acciones que no cuenten con aval del Congreso estadounidense ni de Naciones Unidas, y subrayó que el convenio bilateral de defensa debe enmarcarse en la legalidad internacional.
En respuesta a las declaraciones de Trump, el gobierno español sostuvo que cualquier modificación en la relación comercial deberá respetar “la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE.UU.”. Además, reivindicó el papel de España como “miembro clave de la Otan” y socio comercial confiable.
En un mensaje televisado, Sánchez endureció el tono y resumió la posición oficial en cuatro palabras: “No a la guerra”. Sin mencionar directamente a Trump, advirtió que es “inaceptable que algunos presidentes utilicen la niebla de la guerra para encubrir sus fracasos” y alertó sobre el riesgo de un mundo “más inestable y belicoso”.
Tensión también con Reino Unido
El conflicto diplomático no se limitó a España. Trump lanzó críticas contra el Reino Unido por las demoras en autorizar el uso de la base militar de Diego García, en el marco de la ofensiva contra Irán, y apuntó directamente contra el primer ministro británico, Keir Starmer.
El eje del desacuerdo fue la base ubicada en Diego García, en el archipiélago de Chagos, territorio británico en el Océano Índico que alberga instalaciones estratégicas utilizadas por fuerzas estadounidenses.
El mandatario cuestionó que Londres demorara varios días en autorizar operaciones desde ese enclave, al que se refirió en términos despectivos como “esa estúpida isla”. Según Trump, la negativa inicial obligó a extender tiempos de vuelo y complicó la logística militar en el Golfo.
Starmer defendió su postura ante la Cámara de los Comunes y sostuvo que el Reino Unido no se sumará a acciones ofensivas sin “una base legal y un plan viable y bien meditado”. “No estaba dispuesto a que el Reino Unido se uniera a una guerra sin esas condiciones”, afirmó.
El primer ministro aclaró que finalmente se autorizó el uso de las bases “con fines defensivos”, en el marco de ataques con misiles y drones en la región.
Trump también ironizó al afirmar que “no estamos tratando con Winston Churchill”, en alusión a la figura histórica que simboliza la alianza angloestadounidense. Además, expresó su malestar por la política energética y migratoria británica, y reclamó mayor cooperación estratégica.
Retirada de aviones y marco legal
La negativa española tuvo consecuencias inmediatas. Según confirmó la ministra de Defensa, Margarita Robles, el Pentágono retiró una docena de aviones cisterna KC-135 que habían sido desplegados en las bases del sur del país. Madrid insistió en que no brindará apoyo logístico a la ofensiva salvo en casos estrictamente humanitarios.
España fue uno de los gobiernos europeos más críticos con la operación militar lanzada por EE.UU. e Israel contra Irán, conflicto que ya generó fuertes repercusiones regionales tras la muerte del líder supremo iraní y la posterior respuesta de Teherán.
Europa cierra filas
Desde Bruselas, la Comisión Europea advirtió que espera que Washington respete los compromisos comerciales vigentes y garantizó la “plena protección” de los intereses del bloque. En la misma línea, el presidente francés tras mantener una conversación telefónica con Sánchez, subrayó que “la solidaridad europea no es negociable”.
El presidente francés remarcó que cualquier diferencia con un Estado miembro debe canalizarse a través de los mecanismos institucionales de la Unión Europea (UE). Desde el Palacio del Elíseo señalaron que Francia considera “inaceptable” la posibilidad de represalias unilaterales contra un país del bloque y defendieron la necesidad de actuar con “cohesión y respeto al derecho internacional” en el actual contexto de tensión bélica.
Macron también reiteró que las decisiones en materia de defensa y política exterior son competencia soberana de cada Estado, aunque insistió en que Europa debe mantener una posición coordinada frente a crisis internacionales que puedan afectar su estabilidad política y económica.
Mientras tanto, Alemania adoptó una postura más cercana a Washington en términos políticos, aunque evitó confrontar directamente con Madrid. Merz reiteró la necesidad de que todos los miembros de la Otan aumenten su gasto en defensa, en sintonía con las demandas de Trump.
El conflicto diplomático abre un frente comercial de alto impacto potencial entre Estados Unidos y la Unión Europea, en un contexto internacional ya tensionado por la guerra en Medio Oriente y por las diferencias internas en el bloque atlántico sobre el alcance y la legalidad de la ofensiva contra Irán.
