Trump y Lula buscaron relanzar la relación bilateral y avanzar en negociaciones

Los mandatarios mantuvieron una reunión de tres horas en la Casa Blanca, donde abordaron aranceles, minerales críticos y seguridad internacional.

Trump y Lula buscaron relanzar la relación bilateral y avanzar en negociaciones

Trump recibió a Lula en la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, mantuvieron este jueves una extensa reunión en el Despacho Oval de la Casa Blanca con el objetivo de reimpulsar las relaciones bilaterales, marcadas en los últimos meses por tensiones comerciales y diferencias políticas. El encuentro, que se prolongó durante tres horas y estuvo seguido de un almuerzo oficial, concluyó con el compromiso de ambos gobiernos de continuar las negociaciones sobre aranceles y cooperación estratégica.

Decidimos hablar de esos temas que parecían tabú”, afirmó Lula durante una conferencia de prensa realizada posteriormente en la embajada brasileña en Washington. “Las dos democracias más grandes del continente pueden servir de ejemplo para el mundo”, sostuvo el mandatario brasileño, quien destacó que Brasil está dispuesto a dialogar “sobre cualquier tema” sin renunciar “a la democracia y la soberanía”.

Aunque estaba prevista una conferencia conjunta entre ambos presidentes, el esquema fue modificado a último momento y Lula habló por separado ante la prensa. Según trascendió, el líder brasileño pidió además que todos los integrantes de su delegación se expresaran en portugués durante la reunión en la Casa Blanca.

En una publicación en Truth Social, Trump calificó el encuentro como “muy productivo”. “Acabo de concluir mi reunión con Luiz Inácio Lula da Silva, el dinámico presidente de Brasil. Hablamos de muchos temas, incluyendo el comercio y, específicamente, los aranceles”, escribió el mandatario estadounidense, quien confirmó que los equipos de ambos países volverán a reunirse dentro de los próximos 30 días para avanzar en puntos considerados clave.

Uno de los ejes centrales de la cumbre fueron precisamente los conflictos comerciales que atraviesan ambos países desde 2025, luego de que Trump restableciera medidas proteccionistas, entre ellas aranceles del 25% a las importaciones de acero y aluminio, una decisión que impactó de lleno sobre Brasil, uno de los principales exportadores de esos productos hacia el mercado estadounidense.

En abril, además, Estados Unidos impuso nuevos aranceles a distintos productos brasileños argumentando falta de reciprocidad comercial. Brasil respondió intensificando las gestiones diplomáticas y llevando el conflicto ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), al tiempo que reforzó instrumentos jurídicos de reciprocidad para evitar una escalada mayor.

Hacia finales de 2025 y comienzos de 2026, Washington retrocedió parcialmente con algunas exclusiones y reemplazó parte de los aumentos por un arancel global temporal cercano al 10%, aunque sectores como el acero y el aluminio continúan afectados.

Además de los aranceles, la agenda bilateral estuvo atravesada por un fuerte componente económico y estratégico. Uno de los principales focos de tensión es la investigación impulsada por Estados Unidos sobre supuestas prácticas comerciales desleales vinculadas al sistema de pagos instantáneos PIX, desarrollado por el Banco Central de Brasil. Washington sostiene que esta herramienta perjudica a compañías estadounidenses como Visa y Mastercard, mientras que el gobierno de Lula defiende el sistema como una política soberana destinada a ampliar el acceso financiero y modernizar la economía brasileña.

Otro punto sensible de la relación pasa por la seguridad internacional y el combate al crimen organizado. Estados Unidos evalúa la posibilidad de clasificar a organizaciones criminales brasileñas como grupos terroristas, una iniciativa rechazada por Brasilia. El gobierno de Lula considera que una medida de ese tipo podría abrir la puerta a eventuales intervenciones extranjeras en territorio brasileño y afectar la soberanía nacional.

Pese a esas diferencias, ambos gobiernos coincidieron en profundizar la cooperación en torno a minerales críticos y tierras raras, considerados recursos estratégicos para la industria tecnológica y la transición energética. Brasil posee las segundas mayores reservas mundiales de estos materiales, un aspecto que despierta un fuerte interés de Washington en medio de la disputa global con China.

Para Estados Unidos, el acercamiento con Brasil resulta clave para diversificar el abastecimiento de minerales esenciales y reducir la dependencia del mercado chino. En ese marco, la Casa Blanca busca fortalecer alianzas regionales que le permitan disputar el liderazgo de Pekín en sectores estratégicos vinculados a la tecnología y la energía.

Durante la conferencia, Lula se mostró optimista respecto de la negociación. “¿Me veo optimista o pesimista? Soy muy optimista”, respondió cuando fue consultado sobre la posibilidad de nuevos aranceles estadounidenses.

El mandatario brasileño también abordó temas internacionales y aseguró haber alentado a Trump a buscar una salida diplomática al conflicto con Irán. “Estoy totalmente en contra del ataque estadounidense e israelí contra Irán. Para resolver los problemas existe la diplomacia”, afirmó. Según explicó, incluso le entregó al presidente estadounidense una copia del acuerdo nuclear que Brasil y Turquía negociaron con Irán en 2010, durante el segundo mandato de Lula y la presidencia de Barack Obama.

En otro tramo de sus declaraciones, Lula descartó temores sobre una posible injerencia estadounidense en las próximas elecciones brasileñas y lanzó una ironía al recordar los comicios de 2022: “Interfirió en las elecciones de 2022 y perdió porque yo gané”. Luego añadió: “Creo que se comportará como presidente de Estados Unidos, dejando que el pueblo brasileño decida su propio destino”.

Además, ambos mandatarios dialogaron sobre seguridad internacional, comercio de minerales críticos y lucha contra el crimen organizado. El canciller brasileño, Mauro Vieira, calificó la reunión como “muy productiva” y destacó que existen “áreas concretas sobre las que trabajar”.

La reunión también se produjo en el marco del reciente acuerdo de cooperación firmado entre ambos países para combatir el tráfico internacional de armas y drogas, que prevé el intercambio de información aduanera y de inteligencia para detectar rutas y redes de organizaciones criminales.

La delegación brasileña estuvo integrada, entre otros funcionarios, por el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Wellington César; el secretario de Finanzas, Dario Durigan; el ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira; y el director general de la Policía Federal, Andrei Rodrigues.

En paralelo, Lula volvió a reclamar una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU y aseguró haber discutido el tema con Trump.

“La ONU necesita una reforma. Los miembros permanentes tienen derecho de veto y nosotros somos coárbitros”, sostuvo. También afirmó que habló sobre Cuba y aseguró que Trump le manifestó que “no contempla invadir la isla”.

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