Seis días después de las inundaciones repentinas provocadas por el derrumbe de un glaciar en la frontera entre Nepal y el Tíbet, las autoridades elevaron a al menos 955 los muertos y a 4.471 los desaparecidos. Mientras tanto, equipos de rescate militares y civiles trabajan contrarreloj para intentar salvar a cientos de trabajadores que permanecen atrapados en túneles subterráneos de centrales hidroeléctricas sepultadas por el aluvión.
La tragedia ocurrió el 26 de agosto, tras el colapso del lecho rocoso debajo de un glaciar en la alta montaña. El desprendimiento fue de tal magnitud que generó un sismo de magnitud 5,2. Las rocas y el agua de deshielo alimentaron los ríos de los valles y generaron un enorme torrente que arrastró edificios, puentes y grandes cantidades de tierra.
Las autoridades de gestión de emergencias de Nepal elevaron a 939 los fallecidos por la riada, mientras que 3.925 personas continúan desaparecidas. Por su parte, medios estatales chinos confirmaron 16 muertos y 546 desaparecidos en la región autónoma del Tíbet, lo que eleva el balance total a 955 fallecidos y 4.471 personas sin localizar.
“Nuestro país se enfrenta a un desastre natural de una magnitud inimaginable y desgarradora, pero avanzamos con determinación para proteger la vida de los ciudadanos”, declaró el primer ministro nepalí, Balendra Shah.
Una de las principales preocupaciones de las autoridades se concentra en 12 proyectos hidroeléctricos dañados en los distritos nepalíes de Rasuwa y Nuwakot. Mohan Kumar Dangi, presidente de la Asociación de Productores Independientes de Energía de Nepal (IPPAN), advirtió que al menos 900 operarios continúan sin ser localizados.
Se estima que aproximadamente 500 de ellos quedaron atrapados dentro de las galerías subterráneas. Estas gigantescas estructuras, diseñadas para controlar el flujo de agua, se convirtieron en trampas de lodo tras el aluvión.
En el proyecto Upper Trishuli-1 hay 576 desaparecidos y se teme que unos 300 permanezcan confinados dentro de una de las galerías. En tanto, en la central Trishuli-3, las cuadrillas militares intentan descender 15 metros para establecer una vía de acceso.
Sin embargo, las operaciones de rescate se han suspendido varias veces debido al mal tiempo y al temor de que un lago formado en la frontera entre Nepal y China como consecuencia del desastre pueda desbordarse y provocar nuevas inundaciones.
Las autoridades nepalesas informaron que 279 personas fueron rescatadas durante los últimos días de túneles pertenecientes a diferentes centrales hidroeléctricas. La mayoría se encontraba en las instalaciones de Upper Trishuli-1.
Determinar cuántas personas continúan bajo tierra constituye una de las principales dificultades del operativo. Las estimaciones difundidas hasta el momento son dispares: mientras algunas fuentes calculan que unas 500 personas estaban dentro de los túneles cuando ocurrió la tragedia, el Gobierno nepalés estima que alrededor de un centenar todavía podría permanecer con vida en distintas galerías.
Casi 600 extranjeros entre los miles de desaparecidos
Entre las personas que permanecen sin localizar hay más de 900 trabajadores atrapados o desaparecidos en túneles de centrales hidroeléctricas, además de 83 miembros de las fuerzas de seguridad y 21 funcionarios de distintos organismos públicos.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Nepal entregó este lunes 31 de agosto un balance actualizado de los extranjeros desaparecidos por la letal inundación del pasado 26 de agosto. Entre las más de 4.000 personas sin localizar, 590 son ciudadanos de 39 países, según precisó el portavoz Lok Bahadur Chhetri Poudel. El funcionario indicó además que 323 extranjeros fueron rescatados.
“Se ha establecido una sala de control de emergencia en el Ministerio para coordinar las acciones con los organismos pertinentes y con las familias de las personas desaparecidas”, declaró Poudel durante una rueda de prensa.
Entretanto, casi la mitad de los 546 desaparecidos reportados por China son extranjeros, entre ellos más de un centenar de nepalíes cuyo rastro se perdió cerca de un importante paso fronterizo.
Primeros entierros masivos
Paralelamente, en Nepal las autoridades comenzaron los entierros masivos de víctimas cuyos restos todavía no pudieron ser identificados.
Antes de los entierros se toma una muestra de ADN, según precisaron las autoridades. En el caso de las víctimas de confesión hindú, el procedimiento tiene carácter provisional, ya que sus familiares podrán solicitar la exhumación y posterior cremación de los cuerpos una vez que sean identificados formalmente, de acuerdo con la tradición religiosa.
“Se han recuperado numerosos cadáveres y han comenzado a descomponerse”, explicó el secretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores, Amrit Bahadur Rai.
La situación se agravó por la falta de infraestructura para almacenar la gran cantidad de cuerpos recuperados. El depósito de cadáveres de Bharatpur tiene capacidad para unas 20 personas, por lo que las autoridades debieron recurrir a locales con aire acondicionado pertenecientes a una asociación de comerciantes, según el informe.
En la llanura, a unos 200 kilómetros de los valles de Rasuwa, donde ocurrió la catástrofe, las autoridades excavaron cientos de tumbas en el bosque de Devghat. Hasta ahora, el lugar era conocido principalmente por sus populares rutas de senderismo, pero se convirtió en un cementerio provisional para los restos cuyo avanzado estado de descomposición impide su identificación inmediata.
En este contexto, Nepal solicitó a Estados Unidos el suministro de cámaras frigoríficas para conservar los cadáveres, mientras que pidió a China y Singapur drones de alta capacidad y otros artículos esenciales no alimentarios.
A Katmandú ya llegaron estructuras para la construcción de puentes, generadores eléctricos, equipos solares, materiales de ayuda de emergencia, tiendas de campaña, mantas, sacos de dormir, alimentos y medicamentos en aviones procedentes de India, China, Japón, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur, entre otros países.
Mientras continúan las tareas de rescate y recuperación, Nepal enfrenta una de las peores catástrofes naturales de los últimos años, con miles de personas aún desaparecidas y numerosas comunidades afectadas por la destrucción de caminos, puentes e infraestructura. Las autoridades mantienen los operativos en las zonas más golpeadas, aunque el mal tiempo, el terreno inestable y el riesgo de nuevas inundaciones dificultan la búsqueda de quienes todavía permanecen desaparecidos.
