Belgrano: la mentalidad que cambia la historia y lo que enseña a las empresas

Qué tienen en común los equipos que logran dar vuelta una historia y las organizaciones y equipos que sobreviven a las crisis y vuelven a intentarlo después de fracasar.

Belgrano: la mentalidad que cambia la historia y lo que enseña a las empresas

“A Belgrano solo le faltaba cambiar eso: la mente ganadora”, declaró Lisandro López el “Licha” a un canal de tv luego de ganar con Belgrano el campeonato Apertura de fútbol. En su primer año en la institución, y luego de un semestre en el que prefirió conocer al equipo, se dio cuenta de qué le faltaba al celeste de Alberdi: “Hay que cambiar la cabeza, porque se puede ser campeón (…) faltaba cambiar eso: la mente ganadora. Era fundamental. Teníamos todo. Teníamos la materia prima. Solo faltaba la mente ganadora. Junto a muchos chicos lo pudimos trabajar y en tres meses llegar a una semifinal el año pasado y ahora pudimos campeonar”.

Thiago Cardozo, arquero del club coincidió en declaraciones a ESPN2: “Queríamos cambiar la mentalidad del equipo, de ir siempre a ganador, queríamos ponerle una estrella a este club. No queríamos entrar en la chiquita de que no se podía. El primer paso para ser campeón es creerselo, por suerte lo pudimos hacer. En la semifinal con Argentinos lo dije, que este equipo estaba para salir campeón».

Es interesante observar que en sus declaraciones, estos jugadores no hablaron solamente de táctica, preparación física o refuerzos. Hablaron de mentalidad: de la forma en que el equipo empezó a verse a sí mismo. Esto atraviesa también a las empresas, a los equipos de trabajo y a toda organización o emprendedor que haya pasado un largo tiempo sintiendo que las cosas nunca terminan de salir bien.

Porque los líderes, los equipos y cada una de las personas que los conforman, no solo trabajan, se están narrando a sí mismos todo el tiempo. Y es desde esa narrativa, y la creencia que construye, que lo terminan actuando y moldeando la energía con la que enfrentan los problemas, la manera en que reaccionan frente a los errores, las perdidas, y hasta el nivel de confianza que desarrollan para sostener momentos difíciles.

Cuando un grupo viene golpeado, es muy común que aparezcan conversaciones internas conocidas: “Siempre nos pasa lo mismo”, “en el momento importante fallamos”, “esto no va a cambiar”, “acá nada funciona”, “hasta que no cambie –y completan la frase con algo que se refiere al afuera-“. Al principio parecen simples comentarios. Pero con el tiempo dejan de ser opiniones y se transforman en identidad, y ningún equipo supera aquello que cree inevitable. Es ahí donde aparece en la cancha de juego un factor decisivo: el autodiálogo colectivo.

En las organizaciones se habla mucho de estrategia, procesos, indicadores o productividad, pero pocas veces se pone el foco en la conversación emocional que sostiene a un equipo. Sin embargo, los grupos construyen clima, confianza y rendimiento a partir de las conversaciones que repiten todos los días.

El autodiálogo colectivo

Esta es para mí una idea clave: las conversaciones crean la realidad en los equipos porque la narrativa compartida condiciona la energía, la confianza, la capacidad de sostenerse en la dificultad y hasta la manera de reaccionar frente al error. Por eso los equipos que logran cambiar resultados muchas veces empiezan cambiando primero la conversación que tienen sobre sí mismos.

Y no se trata de positivismo ingenuo. Cuando se habla de mentalidad ganadora, muchas personas imaginan frases motivacionales vacías ú optimismo exagerado. Por el contrario: la verdadera mentalidad ganadora no niega la dificultad, no desconoce el fracaso, no supone que todo saldrá bien. Hace otra cosa: los mira de frente y construye una manera distinta de pararse frente a la adversidad. Y esta es la gran diferencia: los equipos frágiles interpretan el error como confirmación de incapacidad, los fuertes interpretan el error como información y logran transformar un tropiezo en aprendizaje en lugar de convertirlo en condena.

Las organizaciones también juegan campeonatos difíciles. Muchas empresas siguen creyendo que el clima laboral es un tema “blando”, casi decorativo, “peleándola”, desconectado del negocio. Pero basta mirar un poco más de cerca para entender lo contrario. Equipos desgastados emocionalmente pierden velocidad, creatividad y capacidad de coordinación. Aparecen conflictos entre áreas, retrabajo, rotación, ausentismo y desmotivación.

El costo de una mala conversación rara vez aparece en un balance, pero siempre termina afectando la productividad. Por eso resulta tan interesante lo que pasó en Belgrano. Porque lo que varios jugadores describieron no fue simplemente una mejora deportiva. Fue un cambio en la manera de pensarse como equipo. Y eso tiene enorme valor para cualquier organización que venga.

Desde ahí, la mentalidad ganadora es la capacidad de construir conversaciones que no dejen al equipo atrapado en el fracaso y pueden hablar del error sin destruirse mutuamente. Porque cuando un equipo empieza a hablarse distinto, empieza también a actuar distinto: cambia la emocionalidad, la predisposición, la manera de atravesar la presión. Y muchas veces, recién después de eso, cambian los resultados. Tal vez por eso las declaraciones de los jugadores de Belgrano nos identifican, porque, en el fondo, todos conocemos lo que significa sentir que un grupo vuelve a creer en sí mismo. Y porque cualquier persona que haya trabajado dentro de una organización sabe que hay momentos donde lo que está en juego no es solamente un resultado. Es la conversación que un equipo sostiene sobre quién cree que puede llegar a ser.

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