Confesiones de un contratista, la parrilla con control remoto y la olla que no llega a hervir

Entre risas, Matías Tabar explica punto por punto cómo opera un new rich en el país del ajuste. Nada grave para una nación que aspira al mundo libre —salvo que en esa misma mesa el hambre también se sienta, y los discursos de austeridad tienen un destinatario fijo: la única casta que nadie esperaba, la que paga la crisis mientras otros la gatillan a distancia.

Confesiones de un contratista, la parrilla que se enciende sola y la olla que no llega a hervir

Imagen creada con IA.

El contratista que trabajó en la casa de Manuel Adorni reveló que las remodelaciones realizadas en un country de Exaltación de la Cruz demandaron alrededor de 245 mil dólares pagados en efectivo. La obra incluyó pileta con cascada, jacuzzi, revestimientos en mármol y una parrilla de alta gama con control remoto valuada en 15 mil dólares.

La información fue aportada por Matías Tabar, responsable de los trabajos, quien explicó que los pagos se realizaron en «dólar billete» debido al contexto económico y que el presupuesto original rondaba los 94 mil dólares, aunque fue creciendo a medida que se incorporaban nuevos pedidos y detalles de terminación.

La escena resume el clima de época con una precisión que ningún analista político podría fabricar: en un país donde gran parte de la sociedad calcula cuotas y promociones del supermercado, la discusión pública gira alrededor de una parrilla que se prende a distancia.

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Tabar defendió tanto la modalidad de pago como la transparencia de la operación. “Es la única forma con la que el constructor trata de resguardarse” afirmó al referirse al uso de efectivo en moneda extranjera. También relativizó las críticas sobre posibles inconsistencias impositivas: “Es muy normal en la construcción; no es que él vino y me propuso ‘hagamos esto y tiene que ser en negro’… «. Que sea el propio contratista —y no un opositor político— quien normalice la evasión como práctica corriente dice, en sí mismo, bastante más que cualquier denuncia.

Más allá de la situación puntual, el episodio volvió a instalar una discusión recurrente sobre la relación entre política, dinero y ostentación. No tanto por la existencia de una refacción costosa —algo habitual en sectores de alto poder adquisitivo— sino por el contraste entre el discurso de la austeridad y una parrilla de 15 mil dólares que se enciende sola.

Porque mientras desde el poder se insiste en la idea del sacrificio y el ajuste, aparecen historias donde el lujo no se esconde: se automatiza.

La parrilla con control remoto terminó convirtiéndose en el detalle más comentado de la obra. No por su utilidad práctica, sino porque funciona como una postal involuntaria de una dirigencia cada vez más alejada de la vida cotidiana.

El telón de fondo no es menor. Según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2024 de la FAO, en Argentina el 3,4% de la población —1,6 millones de personas— pasa hambre, y el 33%, unos 15,4 millones de habitantes, transita una situación de insuficiencia alimentaria moderada. El dato más brutal está en la infancia: entre los niños de 1 a 5 años, la desnutrición infantil oscila entre el 10 y el 15%. Argentina es el único país entre las cuatro economías más grandes de América Latina donde el hambre y la insuficiencia alimentaria moderada aumentaron en los últimos años, en lugar de reducirse. Un país que produce alimentos para el mundo y no puede garantizarle el plato a su propia gente.

El asado, mientras tanto, dejó de ser una costumbre para volverse un lujo. Entre marzo de 2025 y marzo de 2026, el precio de la carne vacuna subió un 65,3%, más del doble de la inflación acumulada del período. El consumo anual por habitante cayó a 47,3 kilos —un 10% menos que el año anterior— y en las carnicerías de Buenos Aires los cambios son visibles: menos cortes nobles, más búsqueda de lo más barato, más resignación en el mostrador.

El propio contratista definió la reforma como una obra «de muy buen gusto» y aseguró que Adorni podrá demostrar el origen de los fondos. Entretanto, la discusión no se mueve por tecnicismos legales sino por algo más simple: la distancia entre quienes administran la crisis y quienes la atraviesan.

En Argentina, una parrilla explica más sobre el poder que una conferencia de prensa.

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