Del suicidio sí se conversa: romper el silencio para salvar vidas

Durante décadas primó la idea de que era mejor "no hablar de ciertas cosas" para evitar un efecto contagio. Hoy, la ciencia y las iniciativas de prevención demuestran lo contrario: hablar con responsabilidad, empatía y visibilizar la salud mental es el primer paso para ofrecer ayuda a tiempo.

Del suicidio sí se conversa: romper el silencio para salvar vidas

Foto de archivo.

Durante mucho tiempo, en las salas de redacción, los estudios de radio y los canales de televisión circuló una máxima no escrita pero categórica: del suicidio no se habla. Bajo la premisa de evitar un hipotético efecto cadena, los medios de comunicación optaban por el silencio. Era la aplicación directa de aquella vieja frase célebre que Luca Prodan hizo canción con Sumo: “Mejor no hablar de ciertas cosas”.

Pasó con la educación sexual, con las adicciones, con la violencia de género y con tantos otros temas postergados por el estigma social. Sin embargo, la realidad terminó por derribar ese paradigma. El silencio no hizo que el problema desapareciera; por el contrario, invisibilizó el sufrimiento de miles de personas, profundizó el aislamiento y cerró puertas a quienes necesitaban pedir auxilio.

En la provincia de Córdoba, los datos imponen una alerta insoslayable: entre 2024 y el primer cuatrimestre de 2025 se registraron más muertes por suicidio que por accidentes de tránsito. Frente a este escenario, la Legislatura provincial dio un paso clave al aprobar en comisión el proyecto que instituye la Semana Provincial para la Prevención del Suicidio, impulsado para la segunda semana de septiembre en sintonía con las directivas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La iniciativa no solo involucra al sistema sanitario, sino a toda la comunidad: escuelas, clubes, municipios y, fundamentalmente, a los medios de comunicación. Porque la prevención no es solo una tarea del Estado, sino un compromiso mancomunado de la sociedad civil.

La recomendación actual de los expertos en suicidología y salud mental es clara: hay que hablar. Pero hay que hacerlo con responsabilidad, sin sensacionalismo, evitando detalles morbosos y, sobre todo, orientando a la población sobre los canales de escucha y asistencia disponibles. Hablar con las palabras correctas no genera contagio; genera prevención, acompañamiento y comunidad.

Comunicar con empatía, sin morbo y desde la evidencia

Para profundizar sobre cómo abordar esta problemática desde la empatía, romper los tabúes que aún persisten y conocer qué herramientas tenemos a mano para acompañar a un ser querido, las licenciadas en Psicología Aixa Jaluf y Alejandra Rossi (especialista en clínica y prevención del suicidio) aportan una perspectiva analítica indispensable sobre el rol de la comunicación, la interpretación de los datos y el compromiso comunitario.

“La conducta suicida es prevenible y es una problemática de la cual sí se habla, porque es real y porque invisibilizarla no va a generar ningún beneficio, sino por el contrario va a generar perjuicios”, remarca la Lic. Aixa Jaluf.

La gran incógnita que se les presenta hoy a los profesionales y a los comunicadores es cómo comunicar una problemática de semejante crudeza sin caer en el sensacionalismo. Para responder a esto, Jaluf recuerda que la Secretaría de Salud Mental y Adicciones junto con el Ministerio de Salud plantean pautas precisas: “Hay que evitar decir métodos y detalles explícitos del suceso, ser delicados y prudentes con las palabras a usar, hablando siempre desde la empatía y el respeto, evitando mencionar datos sensibles y privados”.

En ese sentido, la especialista resalta un concepto clave para los medios y la sociedad: “Es imprescindible informar sobre la temática del suicidio más allá de la comunicación de casos puntuales. La comunicación focalizada en la prevención y no en el caso es un pilar clave”.

Por su parte, la Lic. Alejandra Rossi aclara los términos teóricos sobre el impacto del discurso público: “En primer lugar, yo no le llamo contagio, ni epidemia, ni efecto dominó; siempre recalco el mecanismo de ‘identificación’ como facilitador de que una muerte por suicidio pueda generar pensamientos en otras personas que creen estar en la misma situación de quien falleció”.

Rossi explica que el paradigma cambió precisamente porque la evidencia científica demostró que la manera de comunicar influye de forma directa:

“Un verdadero cambio consiste en pasar del silencio a una conversación responsable. Podemos hablar del sufrimiento, de cómo reconocerlo y de cómo acompañar. El periodismo tiene una oportunidad enorme de acercar ayuda a personas que quizá todavía no saben cómo pedirla”, sostiene Rossi.

Redes de contención y la magnitud del problema en Córdoba

La propuesta aprobada en la Unicameral el pasado 25 de agosto busca visibilizar, educar y prevenir mediante un acompañamiento institucional continuo. Respecto a los datos estadísticos que ubican a los suicidios por encima de los accidentes viales en la provincia, Rossi invita a realizar una lectura profunda e integral de la salud pública: “Nos señala un problema de salud pública que requiere una respuesta sostenida. Pero debemos interpretar cuidadosamente los indicadores: que una causa de muerte supere a otra no demuestra, por sí solo, cuánto empeoró la salud mental de una población. Esa relación también puede cambiar porque disminuyen las muertes viales. Necesitamos analizar tasas, tendencias, edades, territorios y calidad de los registros”, señala la especialista.

Además, remarca que la conducta suicida es un fenómeno multicausal donde confluyen padecimientos de salud mental, violencias, pérdidas, consumos problemáticos, aislamiento y vulnerabilidades sociales. Ningún factor explica una muerte por sí solo y siempre está enlazado a una historia de vida singular.

“Desde mi perspectiva, estos datos también deben llevarnos a preguntar qué posibilidades concretas tiene una persona de recibir cuidado cuando empieza a sufrir: si encuentra una primera escucha, si consigue atención oportuna y si alguien sostiene el acompañamiento después de la crisis. La respuesta necesita políticas públicas, equipos capacitados y articulación entre salud, educación, protección social y comunidad. La familia también necesita una red que la acompañe”, concluye Rossi, recordando que la provincia cuenta con el Programa Provincial de Prevención del Suicidio, estructurado para atender la prevención, la asistencia clínica y la posvención.

Señales de alerta: qué observar en nuestro entorno

La detección temprana en el ámbito familiar, laboral o social es determinante. Rossi enfatiza que debemos prestar especial atención a cambios en la conducta habitual de una persona, particularmente cuando aparecen de forma reciente o se intensifican:

Frente a la detección de estas señales, Rossi hace una aclaración indispensable para evitar cargas de culpa injustas sobre los allegados: “Quiero evitar que esta información se convierta en una carga de culpa para las familias y los allegados de las personas que murieron por suicidio: las señales no siempre son evidentes ni permiten anticipar con certeza lo que ocurrirá. No se trata de convertir a cada familiar en un vigilante, sino de favorecer vínculos donde podamos preguntar y escuchar cuando algo nos preocupa. Además, hay que recalcar que no podemos o sabemos ver lo que nunca nos han señalado que tenemos que mirar cuando acontece una crisis suicida: hace falta mucha más difusión de información sobre esta problemática psicosocial”.

Cómo intervenir ante la detección de ideación suicida: qué hacer y qué evitar

Si se detectan pensamientos o intenciones suicidas en un amigo o familiar, Rossi detalla los pasos de acción inmediata y los errores comunes que deben esquivarse:

Lo que SÍ debemos hacer:

  1. Acercarse con calma y preguntar de forma directa: “Me preocupa cómo te estás sintiendo. ¿Estás pensando en suicidarte?”. Preguntar directamente no introduce la idea ni aumenta el riesgo; por el contrario, abre una vía de desahogo necesaria.
  2. Escuchar activamente: Ofrecer una escucha empática, sin juzgar, sin discutir y sin apresurarse a dar soluciones mágicas. Validar diciendo: “Gracias por contármelo. Vamos a buscar ayuda juntos”.
  3. Facilitar la evaluación profesional: Acompañar a la persona a recibir atención especializada.
  4. En situaciones de peligro inminente: Si existe intención inmediata de actuar, un plan con acceso a medios, un intento reciente o imposibilidad de mantener a la persona a salvo, se debe permanecer a su lado, pedir asistencia médica de emergencia y retirar cualquier elemento peligroso (siempre que se pueda hacer sin exponer la propia integridad).
  5. Sostener el acompañamiento posterior: La contención no termina al salir del consultorio. Mantener el contacto, preguntar cómo se siente y ayudar a sostener el tratamiento profesional es parte fundamental del cuidado.

Lo que DEBEMOS EVITAR:

Guía completa de recursos y canales de asistencia en Córdoba

Frente a una situación de crisis, necesidad de orientación o consulta urgente, no hace falta contar con un diagnóstico ni saber explicar a la perfección lo que sucede. Cualquier persona o familiar preocupado puede comunicarse para pedir ayuda.

Las especialistas y los organismos oficiales destacan las siguientes vías públicas de atención, contención y acompañamiento en la provincia:

Líneas telefónicas gratuitas de orientación y urgencia (disponibles las 24 horas):

Atención presencial e intervenciones de emergencia:

«Para prevenir el suicidio no alcanza con más psicólogos ni con más psiquiatras»

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