Cuando promediaba su segundo período al mando de Brasil le preguntaron a Lula Da Silva cuál era su método para tomar decisiones, resolver problemas o destrabar negociaciones políticas. “Escucho a mucha gente y pregunto todo lo que puedo”, dijo. Lo que parece una simplificación de sentido común no resulta tan frecuente en ciertos ámbitos.
Tres interlocutores distintos y de círculos diferentes relatan que el Gobernador los recibió por variados motivos en su despacho del Panal y los tres describen la charla como un monólogo del mandatario acerca de su gestión, con enumeraciones de medidas, programas y acciones de su gobierno. En el medio se perdió la chance de escuchar valiosos puntos de vista para enriquecer su criterio a la hora de gestionar, ya que podían proporcionarle una mirada anclada en el territorio y el contacto con la gente que tanto insiste en remarcar a sus funcionarios.
Además, podría haberse perdido una oportunidad de salir de la burbuja en la cual muchas veces queda atrapado un mandatario cuando gobierna y que lo aísla del valioso mano a mano con gente ajena al entorno que encierra el poder.
Al expansivo modelo que encarnaba De la Sota, que escuchaba a todos y decidía solo, sobrevino el de Schiaretti, que se enfocaba en los aspectos duros y administrativos de la gestión rodeado de una mesa chica y con el silencio como arma política. Llaryora, que asomaba como la síntesis de ambos, enfrentó el cargo con el peso de los recortes que impuso el gobierno de Milei y se quedó sin el argumento central de la obra pública como resumen basal del cordobesismo. Y solo sobrevivieron las consignas.
El Gobernador se arriesga a afrontar el crítico primer cuatrimestre del 2027 sin ideas que refresquen al hegemónico peronismo que domina electoralmente a Córdoba desde el ’99. Cada vez es más firme la convicción de que se votará en abril del año próximo y los tiempos se acortan con vistas a renovar un modelo que fue exitoso pero que acusa un desgaste notorio por problemas heredados y propios, igual que los slogans que subsisten.
Por ahora el gen conservador de los ciudadanos de la provincia hizo lo suyo, pero la acumulación de errores puede activar el rechazo a un sistema como parte de un malestar polarizante.
El capital político de Martín Llaryora es, en su mayor parte, transferido y revalidarlo es una tarea urgente a menos de un año de la elección que se planea anticipada para esquivar la contienda nacional.
Opositores dispersos
A los problemas de falta de ideas frescas del oficialismo se suman los opositores que no se quedaron rezagados en la materia. Los tres referentes oscilan entre los milaneses de Juez en Olivos, el café de De Loredo con Lule Menem y los asados de Gabriel Bornoroni.
Ninguno, por ahora, articula seriamente una alternativa.
El líder del Frente Cívico parece desconectado con LLA y amaga de a poco con jugar sin condicionamientos en busca de la cuarta candidatura a gobernador. Las negociaciones del ministro del Interior, Diego Santilli, para pactar con los mandatarios provinciales a cambio de no jugar en las generales habría sido uno de los detonantes. Varias reuniones del mismo tenor en Buenos Aires lo convencieron de que el presidente se correría de las disputas provinciales a cambio de despejarle el panorama nacional.
Por su lado, Bornoroni necesita el acuerdo de Karina Milei para avanzar y Juez cree que carece de convicción y estructura para hacerlo por su cuenta. Cerca del empresario y presidente del bloque violeta en el Congreso aseguran que no lo desespera la idea porque la edad no lo apremia (un dardo para el senador) y la prioridad es el proyecto nacional.
Desde la UCR, en cambio, están decididos a encolumnar al partido tras las ambiciones de Rodrigo de Loredo, pero antes deben resolver la continuidad de los cargos partidarios. Desde la justicia electoral trasciende que la postura será la misma que la del año pasado: la democracia partidaria se resume votando.
En la conducción radical insistirán en la autonomía para decidir de sus órganos internos. Pero la jugada tiene su riesgo porque la decisión final la tiene el juez, y si hay corrientes internas que recurren a él, el resultado será el mismo que dejó al ex director de Arsat sin candidatura en los comicios de medio término.
Desde el Centro Cívico el escenario se presenta como ideal ante la fragmentación opositora. La clave, aunque las encuestas marcan una caída de la consideración de la gente, es que el cordobesismo mantenga el núcleo duro de votos que le asegura la marca. Una baja participación hace el resto. Matemática electoral que a veces funciona y otras veces no.
