Una visión progresista y a veces romántica del liderazgo, establece que éstos lo son por delegación de quienes deciden colaborar con él y ceder parte de la autonomía personal en favor del grupo que lo elije, pero eso colisiona con estructuras jerárquicas como las que existen en empresas lucrativas o el Estado.
Una visión más jerárquica y verticalista, asimila al líder con un “Jefe” que, por elección popular, designación representativa o selección, ejerce su legítima autoridad de origen sin mucho consenso con quienes lo rodean que le daría legitimidad de ejercicio, aplicando premios y castigos para lograr su colaboración, lo que los convierte en empleados.
Muchas veces consideramos líderes a simples empleados que obedecen a sus mandantes y tratan de preservar así sus propios intereses.
Es el caso de Kristalina Giorgeva, la Directora Gerente del FMI, de la podemos recordar su etapa progresista con Joe Biden, visitas a Francisco I, etc. que contrasta con su actual posición en favor de todo ajuste que garantice el pago de capital e intereses a su entidad.
Es que el 35% de su cartera de préstamos y el 40% de los intereses está en Argentina, con lo que cualquier inconveniente no solo el capital de la entidad sino los recursos para pagar a sus funcionarios.
Mucho más cuando desde la oposición se propone pagar regularmente los montos encuadrados en el propio estatuto del FMI y postergar aplicando menores intereses a los montos otorgados por motivos políticos, lo que además facilitaría acuerdos con bonistas privados, que solo podrían cobrar después del FMI.
Recordemos que el primer préstamo al gobierno de Macri fue otorgado por Christine Lagarde por U$S 54.000 millones –se desembolsaron 44.000-, que según el representante de EE.UU. de esos tiempos –Mauricio Claver-Carone- fue político, para evitar que Macri perdiera. Lo que obviamente no se logró.
El segundo préstamo del FMI en abril 2025 por U$S 20.000 millones fue otorgado por su gestión para apoyar el gobierno de LLA. Ambos fueron otorgados sin los requisitos previos de la ley Argentina, e incumpliendo los propios estatutos del FMI.
Así se entienden sus actitudes y argumentos durante la visita entre los que podemos mencionar:
1) El monopolio de la palabra en la conferencia de prensa con Luis Caputo, que parecía su acompañante buscando aprobación.
2) Su afirmación sobre la dureza inicial del camino al “éxito” para su país –Bulgaria- ocultando que desde su ingreso a la Unión Europea (UE), perdió un tercio de su población, especialmente jóvenes. Por lo que su decadencia es visible, aún con el apoyo de la UE.
3) Su participación en una reunión de gabinete, en la que éstos informaron –los opositores dicen “rindieron cuentas”- sobre lo que estaban haciendo por pedido del FMI.
Con este contexto, el gobierno argentino –el presidente Milei y sus ministros- asume para sí una actitud de empleado, más allá de su legitimidad de origen, tras los préstamos del FMI, dispuestos por los gobiernos de Trump que además realizó un salvataje directo antes de las elecciones 2025, que se sumaron como premios.
Justo es decir que algunos pedidos del FMI no fueron llevados a cabo por el gobierno argentino –un cambio aún más radical del sistema jubilatorio, una reforma impositiva que elimine o reduzca el régimen de monotributistas o la “independencia del BCRA”.
En este último aspecto, el gobierno impulsa una modificación de su Carta Orgánica, que excede largamente los pedidos del FMI aunque no se ha hablado de “independencia”, aun cuando su promesa de campaña era destruirlo –dolarizando la economía y eliminando el peso-, mientras que el presidente interino actual y el ministro de economía fueron y son socios.
Otros casos, como los Gobernadores, son menos claros ya lanzada la campaña electoral 2027 por el gobierno, que en los primeros años consintieron por ejemplo la Ley Bases –obtenida por el voto del entonces Senador Kueider (detenido en Paraguay y procesado en Argentina) y la Vice- Presidenta Villarruel que desempató-, o la reforma laboral.
Mientras hoy varios tienen oposición la ley de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada” –que la oposición llama “de extranjerización de tierras”-, a Ley de Reforma Electoral –que busca eliminar o suspender las PASO y lograr la unificación de elecciones u otras formas de acuerdo–.
Muchos de ellos ya apoyaron la ley universitaria y la ley de discapacidad y el rechazo al veto presidencial, mientras buscan negociar el corto plazo con aportes del tesoro, obras y siguen negociando ventajas para sus provincias o políticas para sí mismos buscando consolidar sus liderazgos.
En definitiva, las visiones progresistas del liderazgo están en crisis, al menos mientras no se concreten con algún éxito. Los liderazgos jerárquicos y verticalistas, aunque frecuentes, también están entrando en crisis, ya que dependen que la voluntad popular los acompañe.
Por ello, los resultados en las elecciones intermedias de EEUU en noviembre, y la imagen del gobierno nacional hacia las elecciones 2027, son determinantes para su existencia.
De ese modo se entiende lo sostenido en mi nota “La ambigüedad de los ismos” –Ver https://hoydia.com.ar/opinion/la-ambiguedad-de-los-ismos/ – en que los tecno feudales señalan que “la democracia es incompatible con el desarrollo tecnológico” por lo que promueven un gobierno global, conducido por ellos.
En ese camino, el gobierno nacional nuevamente asume la actitud del empleado en una relación jerárquica, buscando congraciarse con ellos, facilitando con el “Súper RIGI” su instalación en Argentina sin restricciones en aspectos impositivos, cambiarios, en el uso de infraestructura, jurisdicción aplicable, etc.









