La novela de Orwell, escrita tras la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, predice un futuro con tres súper estados totalitarios: 1) Oceanía (América, Reino Unido, Australia y sur de África)-; 2) Eurasia (Europa continental y Rusia); y 3) Estasia (China, Japón y el sudeste asiático) que mantienen una guerra sin fin por el control de las zonas más pobres del planeta.
El protagonista trabaja en el Ministerio de la Verdad de Oceanía, donde reescribe la historia para adaptarla a las sucesivas guerras y alianzas que tienen entre ellas.
Hoy, de alguna forma esos bloques buscan controlar y direccionar su opinión pública, algunos desde el Estado y en Oceanía a través de las redes sociales y sus IA –Apple, Microsoft, Meta, Google, Amazon, ChatGPT, etc.- generando grandes bases de datos que visibilizan algunas cosas y ocultan y/o eliminan otras.
La novela de Huxley anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos, hipnopedia y manejo de las emociones por medio de drogas (soma) que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad.
La humanidad es ordenada en castas donde cada uno sabe y acepta su lugar en el engranaje social, saludable, avanzada tecnológicamente y libre sexualmente. La guerra y la pobreza han sido erradicadas, y todos son permanentemente felices, por lo que podría considerarse un mundo deseable (utópico)
La paradoja es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión, la filosofía y el amor. Por lo que en realidad es una distopía.
Postman redescribe algunos detalles del relato de Huxley y reemplaza la droga (soma) por las redes sociales y el scrolleo, en donde permanecemos horas buscando divertirnos, con informaciones parciales, sin verificar y por tanto frecuentemente falsas, hoy cada vez más verosímiles con la IA.
Así se entiende el título del libro, cuyo subtítulo es “El discurso público en la era del show business”, en donde la ausencia de dolor y el placer como efecto de la droga, evitan la represión externa y la persecución a quienes piensan distinto de Orwell.
También evita la quema de libros, que nadie quiere leer o el Gran Hermano que todo lo ve y lidera el “partido interior” (2% de la población) reprimiendo a quienes piensen “distinto”, que cuenta con el “partido exterior” (13% de la población) que ejecuta las órdenes, o la prohibición de las relaciones y deseo sexual, que no son necesarias sino que se promueven hasta la promiscuidad como forma de aletargar reclamos o disconformidades.
Por ello, afirma que la sociedad occidental está mejor descrita por Huxley que por Orwell. Mucho más desde que la IA puede convertirse en un acompañante virtual que nunca nos contradice, al punto de reemplazar relaciones de pareja, amistad o inclusive como consejera pseudo profesional, reemplazando a psicólogos, etc.
También recupera la frase de Marshall McLuhan “el medio es el mensaje”, que parte de la observación que los modos de comunicación oral, escrita, la imprenta, el telégrafo, el teléfono, la radio, la TV, etc. no solo son evoluciones tecnológicas sino que definieron lo que se puede comunicar a través de ellas.
Hoy la dictadura de la imagen, el entrenamiento, el tiempo de exposición y su viralización en redes mediante algoritmos de aquello que genera placer, define lo que podemos pensar, expresar y difundir, que obviamente no son análisis críticos, volviéndonos irreflexivos y muy afectivos.
De allí que en estos días, se conoció un grupo de personas autodenominados “Gandalfs” por el personaje angelical que guia a los pueblos libres en su lucha contra el villano Sauron, del Señor de los Anillos que el tecnoligarca reaccionario Peter Thiel (dueño de Palantir) refiere simbólicamente en su filosofía tecno globalista de control.
Ellos, según Anfibia llevan adelante la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción, sin redes sociales, sin Smartphone y con 15 minutos de “aburrimiento” en sus reuniones, como forma de escapar de ese ámbito que nos somete a sus algoritmos y contenido agresivo, intrascendente y/o falso, ofreciéndonos solo entretenimiento y fuga de situaciones complejas o dolorosas.
También la visibilidad de Fernando Cerimedo, el especialista en redes sociales y fake news, que intervino con aparente éxito en las campañas de Jair Bolsonaro, el referéndum constitucional de Chile, de Javier Milei y de Rodrigo Paz en Bolivia entre otros, además del intento de golpe de estado en Brasil, que hoy está detenido por la probable instigación al intento de asesinato de su pareja, ha puesto en el tapete este tipo de intervención.
En Argentina, el video fake de Macri llamando a votar a Adorni y en contra de su candidata Silvia Lospennato, en la elección de CABA es una muestra. Pero antes y después fueron muchos los que circularon generando descrédito de candidatos opositores que parece afectaron los resultados de esas elecciones.
Quizás estás últimas puedan ser las más fáciles de advertir, con solo recurrir a fuentes verificables (radios, TV, etc.) aunque ellas muchas veces las reprodujeron por falta de rigor periodístico o quien sabe que intereses.
Pero mucho más difícil será evadir la oferta de distracción de las redes o el “chupamedismo” de la IA, que casi siempre nos da la razón o inclusive nos puede llegar a seducir y aislarnos de las relaciones humanas reales que incluyen las familiares y con amigos, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión, la filosofía y el amor como en el mundo “feliz” de Huxley.
Divertirse hasta morir
¿Quién ha anticipado mejor lo que vivimos hoy? ¿Aldous Huxley con su libro “Un mundo feliz” de 1932, o George Orwell con “1984”de 1949? A escala geopolítica parece que Orwell se ha acercado más. Pero para nuestra realidad personal y social parece que Huxley es casi profético. Neil Postman ratifica esa opinión. ¿Qué dicen?
