En el capítulo 8 (“Los amos del mundo”) identifica a Jamie Dimon (Presidente y Director Ejecutivo de JP Morgan-Chase), Larry Fink (cofundador, Presidente y Director Ejecutivo de BlackRock) y George Soros (Open Society Foundation), citando a Thomas Jefferson (1746+1826) –uno de los padres fundadores de EE.UU.- que dijo: “Creo internamente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos permanentes”.
A Dimon lo ubica como pretendiente a Secretario del Tesoro, aunque no le hizo falta para que a través de su amigo Hank Paulson –Secretario del Tesoro en 2007- se quedó con Bear Stern y Washington Mutual que anticiparon la crisis de las hipotecas subprime, por un 5% de su valor de un año antes.
En 2023, en plena crisis de los bancos regionales Janet Yellen –Secretaria del Tesoro- y Jerome Powell –Presidente de la FED- acordaron con él, trasladar los depósitos de esos bancos a los grandes, en donde JP Morgan fue el más beneficiado.
Esos son solo dos casos en que las crisis concentran cada vez más el sistema bancario de EE.UU., que se encamina a las CBDC (Moneda Digital del Banco Central) aunque en EE.UU. el Congreso las bloqueó hasta 2030, por el temor a que reemplace a los bancos como intermediarios y sobre la privacidad financiera y la vigilancia gubernamental
De todas maneras, Donald Trump y Scott Bessent impulsan las Stablecoins –garantizadas por títulos del tesoro- que aumentarían la demanda de títulos para financiar su enorme deuda, por las que las entidades privadas emisoras –generalmente tecnológicas- emitieran sus propias monedas utilizables con Tokens. Un paso previo a su unificación en una CBDC.
En Europa, el Banco Central Europeo (BCE), también avanza en ese sentido que le permitirá identificar inversores, fondos y su ubicación, controlando así a quienes se les opongan, al eliminar la confidencialidad del secreto bancario actual.
En todas ellas, Dimon y JP Morgan-Chase serían los mayores beneficiados en la medida que absorberán a los bancos más chicos que desaparecerán.
A Fink y BlackRock que tiene el rol de contratista de la Reserva Federal (FED) en la administración de “archivos tóxicos” –los de AIG y Citigroup, entre otros-a los que primero hicieron subir su valor y finalmente se derrumbaron, perjudicando a los ahorradores –Fondos de Pensión, Soberanos (de países), Universidades, Sindicatos, etc.- en acuerdo con las calificadoras de riesgo, de las que obtienen y producen información privilegiada para comprar antes que suban y vender antes que bajen.
Especialmente cuando fue contratada por la FED para asesorar y gestionar los programas de compra de activos con emisión, beneficiando a las empresas en las que era accionista o los Fondos cotizados (ETF) que son su principal producto de inversión.
Ambos, Dimon y Fink también fueron los primeros en la fila para administrar los “Fondos de reconstrucción de Ucrania”, organizados antes que se dejen de contar los muertos, en donde el país se compromete a estar libres de sindicatos, estrictos regímenes y regulaciones, impuestos a las empresas, etc. que coinciden con los otorgados por Argentina a través del Rigi, Súper Rigi, protección de la propiedad privada, etc. No parece casualidad (nota del autor).
A Soros, lo caracteriza como un especulador que lucra con el dolor ajeno, mientras que se presenta como un filántropo de causas nobles –cambio climático, inmigración, causas feministas, etc.-, por lo que es frecuentemente atacado por los sectores que lo acusan de ser amoral y sociópata a pesar que se presenta como filántropo de las democracias.
Todos son miembros y líderes del Foro Económico Mundial (FEM) de Davos, que aboga por un mundo globalizado gobernado por una coalición de corporaciones multinacionales, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil, seleccionadas en lugar de las estructuras democráticas clásicas, lo que ha hecho a través de iniciativas como el Great Reset y el “Rediseño Global”.
Mientras tanto, el autor en el último capítulo plantea la “Mordaza Digital”. En él señala que “la propaganda no es un fenómeno característico o exclusivo de nuestra era. Gobernantes, líderes religiosos, familias acaudaladas, caudillos militares y aspirantes a destronarlos, han coincidido en la necesidad de diseñar e implantar un relato que les permita sacar ventaja, procurando además la pérdida de apoyo popular de sus adversarios”.
Cita a Hannah Arendt quien habría dicho –algo no verificado- que “mentir constantemente no tiene como objetivo que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada (…) un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal (…) un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira”.
Y agrega que los principales aliados de los creadores del relato en occidente son las compañías tecnológicas de Silicon Valley, entre quienes menciona a Microsoft, Alphabet (Google), Apple, Amazon, Meta, X (ex Twiter), Tik Tok, y Palantir, que configuran el medio por el cual se hace efectiva la injerencia extranjera, que las democracias y sus dirigentes no pueden controlar en absoluto.
De allí el título del libro y su subtítulo “Los agentes del caos en el nuevo orden mundial”.
