En la serie Robot, una colección de varias novelas de ciencia ficción y decenas de cuentos cortos, Isaac Asimov (1920-1992) enunció tres leyes que los robots debían cumplir para no dañar a los seres humanos. Esos cerebros “positrónicos” eran en su obra, un anticipo casi exacto de lo que hoy se vive y anuncia como posible en un futuro próximo.
Las 3 leyes eran: 1) Un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño. 2) Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley. 3) Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.
De ese modo los robots, o la IA podrían coexistir no solo pacíficamente con los humanos, sino que no les estaría permitido ser instrumentos de humanos que puedan hacerlos actuar contra otros seres humanos, tal como parece que hoy algunos pretenden hacer hoy con la IA.
La inteligencia superior de los robots, su capacidad de trabajo 24/7 y las tres leyes, habrían eliminado el rechazo de los seres humanos a su supremacía, cuando la humanidad se acercaba a un abismo distópico, en el que los seres humanos eran reemplazados por robots en sus trabajos y en la toma de decisiones que podían llevar al exterminio a la especie humana.
Asimov, aunque lo intentó, nunca logró definir claramente el concepto de “daño” de la primera ley, por lo que esa es una cuestión que nosotros contemporáneos de una realidad robótica, deberemos resolver antes que sea tarde.
Y los ejemplos de esa distopía son muchos, especialmente de aquellos que desde la cima del poder y la tecnología realizan acciones y afirmaciones temerarias y parecen querer ratificar y ampliar ese poder hasta convertirnos en simples “seres vivientes prescindibles”.
Recientemente, el Pentágono y el gobierno de Donald Trump exigieron a Anthropic que les facilitara acceso ilimitado de su programa Claude, para tomar las mejores decisiones en las tareas de inteligencia a sus ciudadanos y en las guerras que lleva adelante.
Anthropic asociada con Google, se negó a la primera, pero parece haber habilitado el acceso en la segunda. De lo que se deduce que no está de acuerdo o teme ser instrumento de control de los ciudadanos, pero acompaña las guerras unilaterales fuera de todas las normas internacionales basadas en las reglas establecidas en la ONU.
De allí surgen las primeras preguntas ¿es dañoso pretender un control total de lo que hacen las personas? ¿No es dañoso utilizar esa tecnología en guerras basadas en reglas morales de los más poderosos?
Peter Thiel, dueño de Palantir —un software de vigilancia basado en IA y microdatos—, afirma que “la democracia y la libertad son incompatibles”, siendo otro de los personajes decididos a construir un mundo distópico del tipo Gran Hermano de la novela “1984”.
Con contratos actuales por 10.000 millones de dólares con el gobierno de Donald Trump, está por entrar en Argentina luego que nuestro gobierno modificara por DNU la ley de inteligencia, lo que le permite hacer todo lo que hace Palantir sin rechazo de la oposición.
Thiel también ha sido mencionado en los “Archivos Epstein” junto a otros líderes poderosos, mostrando ideas e impunidad que implican desprecio a gran parte de la humanidad.
De él surgen las siguientes preguntas para definir el daño de las leyes de la robótica. Por ejemplo ¿afectar la democracia real es o no un daño? ¿el acceso a la vida privada de los individuos son o no un daño?
Puede haber muchos más ejemplos de la vida real y preguntas para formular lo que significa daño. Pero quizás el problema más importante no es lo que ellos quieren hacer, sino como lo dijo Martin Luther King (Jr,): “Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos”.
Un movimiento que debata las 3 leyes de la robótica y los conceptos de Daño que se consideren como mínimos posibles sería un aporte invalorable, que solo podrían llevar adelante instituciones multilaterales como la ONU proyectando un mundo basado en reglas iguales para todos.
