En los últimos tiempos –o días-, los principales líderes políticos argentinos han mostrado algunos “tiros en el pie”. Hablo de Javier Milei (JM), Cristina Fernández (CFK) y Mauricio Macri (MM).
A su turno, cada uno de ellos ha dejado desconcertados a sus más fieles militantes, sin muchas explicaciones, en lo que no pocos auguran es el fin de sus liderazgos. Veamos.
JM ha virado como un trompo enloquecido en las consecuencias del Caso Cerimedo, primero afirmando que fue un “auto atentado”, luego negando una relación posterior a 2023, y finalmente que las acusaciones se tratan de “una opereta de Evo, Lula y el Castro-Chavismo regional, junto con opositores locales”.
Todas ellas han sido desmentidas con pruebas documentadas y verificables, que produjeron efectos hacia dentro que lo llevaron a perder el 90% de su influencia en redes, por la ausencia de bots –de Cerimedo y Negre, dueños de La Derecha diario-, el silencio de los trolls de Santiago Caputo (Las fuerzas del Cielo) e inclusive insultos a Agustín Laje –Presidente de la Fundación Faro-, a quien no hace mucho propuso como uno de sus sucesores y su principal fuente de recursos de campaña.
Ello, sumado a las luchas intestinas de Karina Milei con Santiago Caputo, a quien día a día va quitando influencia. La debilidad ante Patricia Bullrich que no pierde oportunidad de mostrar diferencias, mientras espera que si JM sigue cayendo en las encuestas y se convierta en una alternativa de continuidad “más prolija” que busca el Círculo Rojo.
No se trata de un solo tiro en el pie, son varios. Lo que agrava aún más la situación de caída de la imagen del gobierno y personal, ya que no tiene casi quien lo defienda, mientras Luis “Toto” Caputo habla de “justicia social” cuando lanza un pequeño plan de créditos hipotecarios con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).
CFK mientras tanto, ha mostrado con el voto positivo de sus Senadores a los pliegos de Carlos Mahiques y Mauricio Yadarola –dos de los visitantes a Lago Escondido pagados por Clarín- que abandona aquella épica de lucha contra “los poderes facticos”, sacando una bandera blanca incondicional, mientras que con Máximo sigue intentando desgastar a Axel Kicillof.
Las hipótesis argüidas de ese cambio son varias. Desde la infantil afirmación que Yadarola está arrepentido de ese viaje, pasando por el pragmatismo de no dar una batalla que no puede ganar o ya ha perdido, hasta afirmar que “el mundo ha cambiado” y es necesario acordar con “la burguesía nacional” que impone sus jueces y se opone a Milei –que tampoco controla los nuevos jueces y fiscales designados por el ministro Ignacio Mahiques-.
Mientras tanto, MM finge demencia e intenta negociar su sobrevivencia como partido –procurando sostener el gobierno de CABA y otros municipios bonaerenses- con Karina Milei que no promete nada y sigue captando dirigentes del PRO y radicales con peluca, que han desintegrado lo que fue “juntos por el cambio”.
En los tres casos, “los tiros en el pie” son consecuencia de sus contradicciones en relación con sus más fieles seguidores, que callan y/o dejan de apoyarlos en una decadencia que parece irreversible.
Mientras tanto, los líderes emergentes –Axel Kicillof, Daniel Hadad, Jorge Brito o Miriam Bregman-, que no tienen que explicar estos giros copernicanos buscan construir sus propias candidaturas, cuando ni siquiera los “núcleos duros” de los tres líderes se sostienen como tales. Ni hablar de quienes son votantes independientes que suelen decidir su voto mucho más cerca de las elecciones.
Así también, varios gobernadores buscan sostenerse como tales, sin comprometerse en votar leyes irreversibles –en especial la ley electoral-, reclamando por las obras financiables por el impuesto a los combustibles y financiamiento de corto plazo que les permita reelegir o imponer sus candidatos a sus gobernaciones en elecciones anticipadas.
Los tres líderes mencionados, arropados durante un tiempo por sus seguidores, luego de haber crecido cuando incluyeron a otros, ahora sus espacios se están disgregando en la medida que aquellos seguidores fieles encuentran en otros espacios lugares para sobrevivir mejor, lo que augura un final típico de grupos sociales con poca masa crítica, que en algún momento creyeron tener.
Es evidente que los tres liderazgos están degradándose minuto a minuto, dejando “campo orégano” libre de problemas para los que les sucedan, a condición de generar alianzas horizontales con quienes no tengan relación con los antiguos liderazgos que se están despedazando ante la opinión pública, fruto de sus propias contradicciones y “sus tiros en el pie”.
De todas maneras, para los sucesores quedan los residuos de los liderazgos previos que pueden dejar un sistema en donde el Estado tenga mucha menos capacidad de cambiar sus bases, por los efectos prolongados del RIGI, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, los sucesivos blanqueos que dificultan un aumento de la recaudación y las designaciones de un Poder Judicial autonomizado dependientes de intereses concentrados.
