Lula, Bolsonaro y una elección abierta

Lula mantiene la ventaja en la primera vuelta, pero Flávio Bolsonaro acorta distancias y ambos aparecen prácticamente empatados ante un eventual balotaje.

Lula y Flávio Bolsonaro, los principales protagonistas de la disputa presidencial en Brasil.

Lula y Flávio Bolsonaro, los principales protagonistas de la disputa presidencial en Brasil.

Brasil entra en la última semana antes de las elecciones presidenciales con una escena política que, hasta hace pocos meses, parecía difícil de imaginar. Luiz Inácio Lula da Silva conserva una ventaja en la primera vuelta, pero Flávio Bolsonaro consiguió convertir la elección en una disputa mucho más estrecha de lo que inicialmente parecía posible. El hijo del expresidente Jair Bolsonaro llega a los últimos días de campaña como el principal candidato de la derecha brasileña y, en los escenarios de segunda vuelta, aparece prácticamente igualado con el actual presidente.

La primera vuelta será el 4 de octubre. Si ninguno de los candidatos obtiene más de la mitad de los votos válidos, los dos más votados volverán a enfrentarse el 25 de octubre. La encuesta Datafolha divulgada el 28 de septiembre muestra a Lula con 40% y a Bolsonaro con 36%. Augusto Cury aparece con 5%, Ronaldo Caiado con 4% y Renan Santos con 3%. La diferencia entre Lula y Flávio es estrecha en términos estadísticos, aunque suficiente para mantener al presidente al frente de la primera ronda.

La fotografía cambia cuando se mira hacia el eventual balotaje. En ese escenario, Lula obtiene 47% y Flávio 45%, dentro del margen de error de la encuesta. AtlasIntel, en su medición más reciente, también registró un empate estadístico entre ambos. Quaest y otros sondeos publicados durante septiembre habían mostrado una situación semejante. La primera conclusión que surge de estos datos es sencilla: Lula conserva una ventaja en la primera vuelta, pero la segunda vuelta constituye un escenario completamente diferente.

La polarización también se expresa en el rechazo. Lula y Flávio aparecen empatados en 45% de electores que dicen que no votarían por ellos de ninguna manera. Ninguno de los dos tiene un electorado capaz de crecer indefinidamente sin conquistar sectores que hoy se encuentran fuera de sus respectivas identidades políticas.

Allí aparece una de las claves de los últimos días. Ocho de cada diez electores que ya tienen una opción para la primera vuelta dicen estar decididos. El espacio verdaderamente móvil es, por lo tanto, relativamente reducido. Dentro del electorado que no se identifica ni con el petismo ni con el bolsonarismo, sin embargo, todavía existe capacidad de movimiento. En ese segmento, Flávio aparece como segunda opción con mayor frecuencia que Lula.

Los candidatos que ocupan el tercer y cuarto lugar pueden adquirir así una importancia mayor que la que indican sus porcentajes. Los votos de Cury, Caiado y Renan Santos no necesariamente desaparecerán después del 4 de octubre. En una eventual segunda vuelta deberán redistribuirse entre Lula, Flávio, el voto en blanco o la abstención. La encuesta Datafolha muestra, por ejemplo, una inclinación mayor hacia Flávio entre los electores de Caiado y Renan Santos, aunque estos segmentos tienen márgenes de error considerablemente superiores por su menor tamaño.

La geografía electoral vuelve todavía más compleja la disputa. Lula mantiene una fortaleza extraordinaria en el Nordeste y entre los católicos, mientras Flávio tiene mejores resultados en el Sur y los electores evangélicos. El Sudeste aparece como uno de los principales campos de batalla.

São Paulo tiene una importancia particular por su tamaño electoral y por el peso político de Tarcísio de Freitas. Los relevamientos recientes muestran allí una disputa estrecha entre Lula y Flávio. Minas Gerais presenta una situación todavía más interesante. La elección presidencial se encuentra prácticamente dividida en el estado y los escenarios de segunda vuelta también aparecen dentro del margen de error.

Minas posee además una importancia simbólica. En 2022 Lula ganó el estado por una diferencia mínima frente a Jair Bolsonaro, reproduciendo casi exactamente el resultado nacional. Por eso, la evolución de Minas vuelve a ser observada como uno de los indicadores territoriales relevantes de la elección.

Brasil llega a la elección con un mercado laboral mucho más sólido que el de años anteriores y con una inflación que se ha moderado. Sin embargo, la percepción de una parte considerable de la población es menos favorable. El costo de los alimentos, las tasas de interés, el endeudamiento de los hogares y la sensación de que la mejora macroeconómica no necesariamente se traduce en una mejora equivalente de la vida cotidiana forman parte del debate electoral.

Ese desfasaje es uno de los principales problemas políticos para Lula. Una economía puede presentar indicadores favorables y, al mismo tiempo, generar insatisfacción si los hogares continúan enfrentando precios elevados, crédito caro o dificultades para reducir sus deudas.

El 25 de septiembre, apenas nueve días antes de la primera vuelta, Lula firmó una medida provisional que prohíbe las apuestas de cuota fija y las operaciones de las llamadas bets en Brasil. La decisión también estuvo acompañada por medidas destinadas a renegociar las deudas de los hogares y por iniciativas destinadas a endurecer el combate contra el juego ilegal.

La medida tiene argumentos sociales y sanitarios a su favor. El gobierno sostiene que las apuestas están asociadas al endeudamiento, a problemas de salud y a una expansión de un fenómeno que afecta especialmente a sectores vulnerables. La administración también ha impulsado acciones contra las empresas y planteado mecanismos de reparación por los daños que atribuye al sector.

La importancia de la elección brasileña excede ampliamente la política doméstica. Lula representa la continuidad de una estrategia internacional basada en el fortalecimiento del BRICS, las relaciones con China, el Mercosur, el multilateralismo y la búsqueda de autonomía estratégica frente a las grandes potencias.Bolsonaro plantea una orientación considerablemente más cercana a Estados Unidos y a la derecha internacional. Su vínculo político con Donald Trump es una parte importante de esa agenda. También plantea una relación diferente con Argentina, Israel y las instituciones internacionales.

El resultado, por lo tanto, no parece estar definido por una sola variable. La primera vuelta mostrará la verdadera dimensión electoral de cada espacio, pero será la segunda la que obligará a Lula y a Flávio Bolsonaro a ampliar sus respectivas coaliciones. Economía, rechazo, geografía electoral y la capacidad de atraer a los votantes de los candidatos menores serán determinantes en ese tránsito. Brasil llega así al 4 de octubre con una elección todavía abierta, en la que la ventaja de Lula no elimina la posibilidad de una disputa mucho más estrecha en la segunda vuelta.

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