Marcos Juárez y las interpretaciones

La elección dejó ganadores sorpresivos y preocupación entre los opositores. Pero los verdaderos protagonistas volvieron a ser los que faltaron a votar.

Marcos Juárez

La elección de intendente en Marcos Juárez es, tal vez, la más sobreanalizada del país desde el año 2014 y, por ende, no es arriesgado afirmar que su resultado es uno de los más sobrevalorados. Desde aquella frase ancla «el kilómetro 0 de Cambiemos», no dejaron de extrapolar el escenario con efectos nacionales e instalar que es un preludio de otros comicios por venir.

Las urnas dejaron una contundente -y sorpresiva- victoria de Germán Font, un joven vecinalista que reunió tras de sí a todas las expresiones del peronismo, pero sin referencias partidarias explícitas durante la campaña. La rápida absorción del triunfo por parte del cordobesismo dejó ver la trama política que se tejió tras su candidatura. No son pocos los que señalan un acuerdo con Sergio Massa para bajar a su candidato e, incluso, con sectores orgánicos del kirchnerismo.

La versión suena creíble pero poco coordinada desde los vértices de liderazgo ya que el cordobesismo se niega a establecer puentes visibles con el PJ nacional por la resistencia del electorado provincial a cualquier expresión en ese sentido. Pero sí es viable comprender ciertos movimientos como señales que hacen un camino: unidad, aunque no se firme ni se perciba como acuerdo de cúpulas, sino como acciones que generen resultados.

Se sabe que desde Buenos Aires Axel Kicillof intentó acercamientos, no para que apoyen su candidatura, sino para que no la obstruyan con una lista que reste votos, tal como sucedió con Juan Schiaretti y su postulación por Hacemos Unidos por Argentina en el turno presidencial pasado. Massa aún cree que el peronismo unido le hubiera permitido ganar en primera vuelta.

Donde no hubo medias tintas fue en el arco opositor una vez que se contaron los votos. Los mensajes por los grupos de WhatsApp fueron, primero, de asombro y con el correr de las horas tornaron a la preocupación. Nadie, aseguraron ahora, esperaba un retorno de Dellorrosa a la intendencia, pero no que cayera derrotado por tan amplio margen. «Lo que pasó en Marcos Juárez tiene que servir de aprendizaje», dijo en redes sociales Rodrigo de Loredo, llamando a la unidad.

Luis Juez fue de los pocos que intentó nacionalizar la elección y quedó en posición incómoda. Los libertarios no lo hicieron y tampoco Llaryora, que no quiso repetir el mal trago que fue para su antecesor involucrarse en la campaña del 22 y salir con tropiezo.

En el radicalismo, pero en la orilla opuesta a De Loredo, Franco Jular hizo una particular lectura de los números: «En 2018 el peronismo obtuvo 6.208 votos, en 2022; 6.257 y en 2026: 6.150. La diferencia estuvo en la participación y en la fragmentación del no peronismo«. Los datos apoyan esa mirada, pero exigen que no sean forzados para extraer conclusiones que no se sostienen. Jular cuenta que esta vez hubo 3.300 personas que no fueron a votar, pero deduce que son todos desencantados que hubieran votado en contra del peronismo.

La participación también juega

Las interpretaciones nacen de una contienda local tan rara que en una ciudad pequeña como Marcos Juárez el peso del contacto interpersonal interviene de manera significativa. Pero la escasa concurrencia, del orden del 62%, evidencia un agotamiento ciudadano que también es una expresión política.

Antes el voto en blanco representaba la fatiga o el inconformismo ante el sistema, pero la abstención ya debe ser estudiada como un factor que incidirá en los próximos comicios y que Marcos Juárez puede servir de ejemplo.

Pero otros ingredientes de esta elección no son de fácil cotejo. Un consultor especulaba que la victoria de Font podía ser un castigo al oficialismo gobernante delineando una actitud que, post-pandemia se verifica con fuertes rechazos hacia los gobiernos que pretenden reelección. La ciudad, enclavada en el corazón agropecuario de la provincia, sufrió fuertes crisis derivadas de despidos en industrias metalmecánicas de la zona y una profunda dificultad para los afiliados a Pami que no pudieron atenderse en las clínicas locales trasladando su enojo al gobierno de Majorel.

La campaña que culminó el domingo también sirvió para evaluar cómo cumplen los pactos cada parte. Llaryora evitó involucrarse en el marco de un acuerdo con el gobierno libertario para poner a prueba un sistema de tratados donde no se intervenga en la elección de otro a cambio de gobernabilidad. Desde el Panal sienten que cumplieron y también lo interpretan así los libertarios. ¿Madura entonces un entendimiento para el 2027? En política todo es transitorio, pero los operadores se muestran sonrientes.

Pero retornando al concepto de abstencionismo se percibe un descontento en las encuestas entre quienes votaron a Milei y hoy sufren de manera tangible el efecto motosierra en su vida cotidiana: caída del salario, del poder adquisitivo, más trabajo para llegar a fin de mes, quebrantos entre los pequeños y medianos comerciantes y una sensación de fatiga que está instalada en la charla cotidiana.

Algunos sondeos comienzan a estudiar que ese votante de Milei que ya no soporta el peso de la crisis no está dispuesto a repetir su preferencia, pero tampoco encuentra dónde depositar su confianza. Parece no encontrar quien lo entienda. Así como en los ’80 Alfonsín interpretó a esa mayoría que ya no quería volver a los golpes militares como ciclos de la política, hoy hay una sociedad que se decide a terminar con crisis económicas cíclicas que son producto de una macro desordenada y alterada por los gobernantes de turno. Es un consenso alrededor de una economía de mercado que se imponga como regla, pero que no aplaste las aspiraciones de una clase media que sigue siendo un aspiracional para los argentinos. Si algún candidato lo interpreta y convence, tal vez ese ciudadano descontento que hoy piensa no votar, cambie de opinión.

 

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