Prohibir internet para criar a nuestros hijos

Lejos está esta columna de ofrecer veredictos o soluciones. Pero quizá valga referir que a veces, frente a la marea de los tiempos, es necesario tomar perspectiva antes de actuar.

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Análisis

 

Santiago Espósito y José Emilio Ortega

Con la ley vigente desde el pasado 10 de diciembre, Australia lidera la restricción del uso de redes sociales para menores de 16 años. Desde entonces el gobierno acreditó el bloqueo de 4,7 millones de cuentas (informando que el 84% de los mayores de 8 años tenía registro en redes antes de la prohibición). La medida afecta a Facebook, Threads, Instagram, TikTok, Snapchat, YouTube, X, Reddit (entre otras) y a proveedores de streaming.

En Francia, el presidente Emanuelle Macron impulsó una ley que prohíbe el acceso a redes a menores de 15 años. Las plataformas deben verificar la edad del usuario.

En Dinamarca se alcanzó un acuerdo parlamentario para adoptar medidas análogas. Portugal trabaja una restricción de uso (limitado al permiso parental) para adolescentes entre 13 y 16 años. Reino Unido, sancionó una ley de seguridad online y tiene media sanción una prohibición de acceso a redes para menores de 16 años.

En España, durante 2025, el gobierno planteó la introducción de un sistema de verificación por edad para las páginas pornográficas. Se generó polémica. Recientemente, Sánchez anunció normas protectorias en entornos digitales, prohibición de acceso a menores de 16 años, exigencia de verificación de edad a las plataformas y régimen sancionatorio para directivos, creación de un sistema de rastreo y trazabilidad, entre otras.

La Unión Europea emprendió en 2025 una ofensiva contra las grandes páginas pornográficas en nombre de la protección de los menores, mostrando cautela sobre la idea de regular el acceso.

En los Estados Unidos hay distintos grados de avance en materia de restricciones (legislación subnacional), en algún caso con medidas judiciales que suspendieron su vigencia.

En el resto de América, Colombia, Venezuela, Chile y Brasil debaten el impulso de medidas similares.

Disyuntivas

Las novedades legislativas suelen contagiarse, contando en este caso con la adhesión de la “corrección política” oficialista u opositora. En los instrumentos aprobados o en curso de sanción aparecen móviles recurrentes: la protección de niños, la responsabilización de las plataformas, la limitación de contenidos (violencia, género, etc.).

Pero no hay consenso técnico o pedagógico en torno a las prohibiciones. Se plantean interrogantes: ¿sólo las plataformas serían alcanzadas por estas medidas? ¿sería razonable restringir el acceso a contenidos publicados por sitios de noticias o medios estándar? ¿qué pasa con los sistemas de inteligencia artificial como Chatgpt o Gémini, y los buscadores de cualquier índole?

Otro aspecto a considerar, según expertos, es que de emplearse dispositivos VPN para el bloqueo, se afecta tanto a los usuarios como a las empresas prestadoras. Además, desde una mirada más “garantista”, la obligatoriedad de proporcionar datos personales, como el DNI para verificar la edad del internauta, puede plantear riesgos en términos de seguridad personal y privacidad. En un mundo occidental “libre”, ¿cómo se denomina un internet controlado por el gobierno, donde el contenido es filtrado según sus intereses, como ocurre en China, Rusia, o Corea del Norte? La preocupación respecto al uso de zonas opacas del ciberespacio, a partir de la prohibición, aquí también aparece.

Los críticos agregan que se ha trabajado superficialmente sobre un problema profundo, tomando un atajo. La prohibición -aducen- aleja a muchos colectivos vulnerables de una posibilidad de interacción indispensable (personas con discapacidad, minorías étnicas, etc.).

Cierto es que los adultos de toda edad y condición pasan tiempo utilizando redes (incluida WhatsApp), compartiendo contenidos. Los menores en casa están atentos a esas rutinas, que a veces los incluye, protagonizando los sucesos que los mayores comparten. Entonces ¿cuál es el ejemplo a partir del cual restringir?  

Asimismo, amén de la prohibición, ¿Puede separarse el mundo real del virtual? ¿Puede prescindirse de la transmisión de valores y objetivos claros a niños y adolescentes, de inculcarles la importancia de la intimidad? Explicar cómo funcionan las redes sociales, puede sentar las bases para el desarrollo de una sana aceptación propia y del entorno. Esto también sería útil para muchos adultos.

Los amigos de Internet son amigos (los hay más o menos cercanos, como en la escuela o en el barrio). Los buenos ratos pasados online son de verdad. El ciberacoso o la adicción en redes afectan tanto o más que sus variantes analógicas. La virtualidad, signo de este tiempo, es la realidad de toda una generación que, durante casi dos años, sólo pudo relacionarse a través de una pantalla.

¿Cuál es el problema de los chicos de hoy? ¿TikTok? ¿Instagram? ¿Pornhub? Probablemente esté mucho más cerca: el desamparo o la incomprensión. Dificultades para conectar en su contexto, discontinuidades en la atención que reciben, distancia afectiva, insuficiencia de instituciones sociales o estatales para contenerlos y potenciar su personalidad.

Sánchez definió al ciberespacio como un “salvaje Oeste” donde “se ignoran las leyes y se toleran los delitos”. El premier australiano, Anthony Albanese, afirmó que la ley sancionada «es para las madres y los padres. Las redes sociales están haciendo daño de verdad a los niños». Curiosamente, mientras los políticos quieren prohibir, saturan las mismas redes con publicidad propia. El problema parece menos la red que su control.

Es conocida la leyenda de un monarca inglés medieval, Canuto el Grande, que ordenó cierto día a la marea detenerse y, al ver que ésta no le obedecía, la mandó a azotar.

Lejos está esta columna de ofrecer veredictos o soluciones. Pero quizá valga referir que a veces, frente a la marea de los tiempos, es necesario tomar perspectiva antes de actuar.

España prohibirá el uso de redes sociales a menores de 16 años y endurecerá controles

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