Ucrania vuelve a mirar a Washington y una nueva oportunidad para negociar con Rusia

Zelenskyy entregó nuevas propuestas a Trump mientras persisten las diferencias sobre territorio y seguridad.

Ucrania vuelve a mirar a Washington y una nueva oportunidad para negociar con Rusia

Después de más de cuatro años de guerra, la diplomacia vuelve a ocupar un lugar central en el conflicto entre Rusia y Ucrania. Kyivacaba de entregar a Estados Unidos nuevas propuestas destinadas a intentar destrabar las negociaciones con Moscú, mientras Washington prepara una nueva ronda de contactos de alto nivel. Sin embargo, detrás de este renovado impulso diplomático persiste el principal problema, y es que tanto Rusia como Ucrania todavía están muy lejos de compartir una misma idea sobre cómo terminar la guerra.

El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyyconfirmó esta semana que Kyiv entregó a los negociadores estadounidenses propuestas concretas para poner fin al conflicto. Aunque no se conocieron públicamente los detalles, Zelenskyy destacó que Estados Unidos puede desempeñar un papel decisivo no solamente mediante el fortalecimiento de la defensa aérea ucraniana, sino también ejerciendo presión sobre Moscú para que acepte avanzar hacia un acuerdo.

La novedad adquiere mayor importancia porque Washington parece dispuesto a volver a asumir el papel de principal intermediario. Los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner tienen previsto mantener contactos tanto con funcionarios ucranianos como rusos. Se trata de un intento de reactivar un proceso diplomático que durante los últimos meses quedó prácticamenteparalizado, entre otras razones por las enormes diferencias existentes en torno al territorio y las condiciones de seguridad de Ucrania. La cuestión territorial continúasiendo el núcleo más difícil de cualquier eventual acuerdo.

Las conversaciones impulsadas por Estados Unidos durante 2026 no consiguieron superar la distancia entre las posiciones de Moscú y Kyiv. Rusia mantiene demandas sobre territorios y reclama condiciones que Ucrania considera incompatibles con su soberanía y seguridad futura. Kyiv, por su parte, ha rechazado reiteradamente la idea de entregar territorio como condición previa para alcanzar la paz. Las negociaciones anteriores terminaron bloqueadas precisamente alrededor de esta cuestión.Esto explica una paradoja de la situación actual: existe nuevamente movimiento diplomático, pero todavía no existe una base política evidente para un acuerdo.

Durante 2026, Ucrania incrementó considerablemente sus ataques de largo alcance contra objetivos dentro de Rusia, especialmente contra instalaciones vinculadas con la industria energética y petrolera. Zelenskyy ha argumentado que esta capacidad permite a Ucrania sentarse a negociar en condiciones más equilibradas con Moscú. Pero la escalada militar continúamientras se habla de paz.

Este mismo 12 de agosto, Ucrania lanzó un importante ataque con drones contra Novorossiysk, uno de los principales puertos rusos del mar Negro, afectando terminales de cereales y provocando daños en infraestructura. El episodio demuestra que, pese al nuevo esfuerzo diplomático, la guerra continúa intensificándose en algunos frentes. La lógica de Kyiv parece ser mejorar su posición militar para mejorar también su posición negociadora.

El papel de Donald Trump es central. A diferencia de la administración Biden, que convirtió el apoyo militar y financiero a Ucrania en uno de los principales pilares de su política exterior europea, Trump ha colocado explícitamente la finalización de la guerra entre sus prioridades diplomáticas. Ningún otro actor internacional posee simultáneamente la capacidad militar, económica y diplomática de Estados Unidos para presionar a Moscú y ofrecer garantías a Kyiv. El riesgo es la presión estadounidense podría dirigirse no solamente contra Rusia, sino también contra Ucrania si Trump considera que Kyiv está obstaculizando un acuerdo.

La mayor incógnita continúa siendo Vladimir Putin. El Kremlin ha participado de los distintos canales diplomáticos impulsados durante 2026, pero no hay señales claras de que haya abandonado sus principales objetivos. En particular, la cuestión territorial continúa siendo un obstáculo prácticamente estructural. Rusia considera útil mantener abierta la negociación mientras continúa intentando mejorar su propia posición militar y política.

El mismo cálculo puede aplicarse a Ucrania.Zelenskyy ha advertido durante los últimosmeses que existe una ventana temporal para conseguir una negociación efectiva. En junio había señalado que esa oportunidad podría mantenerse abierta hasta el invierno de 2026, cuando Rusia podría volver a intensificar sus ataques contra la infraestructura energética ucraniana.

Ahora aparece otro elemento temporal y son las elecciones parlamentarias rusas previstas para septiembre. Zelenskyysostiene que el Kremlin podría utilizar el contexto electoral como argumento para impulsar una nueva movilización militar. Rusia niega que exista actualmente un plan de movilización de ese tipo.

Si esa evaluación ucraniana fuera correcta, el calendario sería especialmente relevante: Washington intentaría avanzar hacia una negociación antes de que Moscú tenga nuevosincentivos para prolongar el conflicto.

Estados Unidos está intentando recuperar centralidad en un conflicto que durante los últimos años había quedado fuertemente condicionado por la relación entre Rusia, Ucrania y Europa. La guerra con Irán también alteró las prioridades estratégicas de Washington y obligó a la administración Trump a distribuir su atención entre distintos escenarios.

Para Europa, esto representa otro desafío. Los gobiernos europeos han insistido en que cualquier acuerdo de paz debe garantizar la seguridad de Ucrania y evitar que Rusia pueda utilizar un eventual alto el fuego para rearmarse y volver a atacar. Por eso, el eventual acuerdo no será solamente una cuestión entre Trump, Putin y Zelenskyy: determinará también el futuro de laarquitectura de seguridad europea.

La entrega de nuevas propuestas ucranianas a Washington es importante, pero sería prematuro interpretarla como el comienzo del final de la guerra. Lo que sí parece estar cambiando es el escenario diplomático. Después de meses de estancamiento, Estados Unidos vuelve a intentar ocupar el centro de la negociación. Ucrania busca llegar a esa mesa desde una posición militar diferente; Rusia, mientras tanto, continúa evaluando cuánto puede obtener mediante la presión militar y cuánto mediante la diplomacia.

La pregunta decisiva ya no es simplemente si habrá negociaciones. Es quién tendrá capacidad para imponer las condiciones de esas negociaciones. Porque una cosa es terminar una guerra. Otra, mucho más difícil, es construir una paz que ninguna de las partes tenga incentivos para volver a romper.

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