Una campaña papal / Esperan por Arias

La confirmación de la visita del papa León XIV entusiasma al llaryorismo en plena carrera electoral, Guillermo Arias se encamina a conducir la Justicia Electoral y dos camaristas federales enfrentan un pedido de procesamiento por presuntas irregularidades.

Guillermo Carlos Arias.

Guillermo Carlos Arias.

Una campaña papal

Fue una semana de buenas noticias para Martín Llaryora: una encuesta de Aresco lo muestra en ascenso en imagen, aunque lejos aún (7 puntos) de los 60 de positiva al que se le asignan propiedades casi mágicas: todos los que buscaron reelección nunca perdieron si estaban a ese nivel de consideración. Sus números se mueven de manera inversa a los de Milei que sigue cayendo en «la provincia más liberal», como le gusta decir a los libertarios.

Otra noticia positiva fue la elección del juez electoral que reemplazará a Marta Vidal. Será un peronista orgánico con Guillermo Arias, actual secretario parlamentario de la Legislatura.

Pero la que se festejó a lo grande en el Centro Cívico fue la confirmación de que Córdoba recibirá al Papa León XIV en noviembre próximo. Si bien lo sabían desde el viernes por la noche, tuvieron que esperar la confirmación desde el Vaticano, donde el arzobispo Ángel Rossi hizo gestiones en junio cuando viajó a Roma.

Desde la gobernación reconocen el acercamiento con el cardenal que ofreció las garantías de organización y seguridad que la Provincia aportará. Las gestiones ayudaron al deshielo de las relaciones con la Iglesia, que estaban frías desde la sanción de la ley ‘anti-naranjitas y limpiavidrios’.

Llaryora se entusiasma con una convocatoria similar a la que reunió Juan Pablo II en 1987, que ascendió a 700.000 fieles en el Área Material Córdoba (Fadea). «Un baño de multitudes con una campaña en marcha será un espaldarazo» dicen en el Panal.

Esperan por Arias

La sede de la Justicia Electoral de Córdoba en la calle Caseros tendrá una nueva autoridad después de 30 años. Guillermo Arias obtuvo el mejor puntaje aventajando a Diego Frossasco, el histórico apoderado del mestrismo, a quien el mismo ganador le reconocía un nivel intelectual en la materia por encima del resto antes de los exámenes. Arias no obtuvo el puntaje máximo en ninguno de los tres ítems: antecedentes, examen escrito y entrevista personal, pero promedió 85,06 puntos en total, aventajando por dos a quien lo siguió.

Quienes lo conocen saben que tiene un trato personal inigualable en cordialidad y respeto con subordinados y amable y conciliador con los bloques legislativos que trataban con él aspectos técnicos parlamentarios. Después de pasar 30 años en la Legislatura, tejió relaciones y contactos con todas las versiones del peronismo. Juan Schiaretti y Martín Llaryora confiaron plenamente en su conocimiento del reglamento de la cámara y que siempre tuvieron un consejo a tiempo en el oído en el fragor de los debates. Arias nunca fue un militante, aunque tiene una larga historia familiar ligada al PJ, donde su padre Miguel «Teti» Arias fue un activo legislador en tiempos del delasotismo. «Guille es todo lo contrario a mi: serio, responsable, y estudioso» decía de su hijo.

El flamante juez electoral (aunque aún hay tiempo para impugnaciones) es fanático de Belgrano y hasta hizo una pausa en los estudios del concurso, para ver al pirata en Santiago del Estero ante Gimnasia y Esgrima de Jujuy.

Esa pasión comenzó cuando retornó al país después de 7 años de exilio familiar en México, donde tuvieron que refugiarse luego de las amenazas que recibió su padre, abogado de Atilio López y otros sindicalistas en los años 70. La patota del Comando Libertadores de América (franquicia cordobesa de la Triple A) obligó a todos a huir en el 76, hasta 1984, ya en democracia.

Arias no fue bendecido por nadie para inscribirse y aseguraba antes de rendir que lo suyo era un desafío personal: «solo quiero ser juez electoral, no me interesa entrar en una orden de mérito para otro cargo» supo decir. Ahora le tocará conducir el proceso de las próximas elecciones provinciales.

Una cámara procesada

En la Torre de la Justicia Federal en el Parque Sarmiento no se habla de otra cosa más que de las causas que acumulan los camaristas Abel Sánchez Torres y su pareja Graciela Montesi. El fiscal Maximiliano Hairabedián y el procurador Pablo Turano pidieron el procesamiento por amañar la conformación de las salas violando la ley de subrogancias. Recordemos que aún no se reemplazaron a los magistrados Luis Rueda (fallecido) e Ignacio Vélez Funes (renunció tras ser denunciado por acoso laboral y sexual). Por eso la conformación de las salas podían armarse de acuerdo a ciertos intereses, como aseguraron en su acusación los fiscales, para beneficiar a empresas como Bunge en una causa por evasión: si ambos estaban juntos aseguraban los votos en un sentido.

El pedido de detención no podrá efectivizarse hasta que intervenga el Consejo de la Magistratura, donde ya había una denuncia, la de Elisa Carrió contra la pareja federal que tiene fueros e inmunidad.

«Que se le agregue la causa por presuntas dádivas por un viaje a Punta del Este en un avión privado que sería propiedad de Porta y Astori (con causas abiertas en el Fuero Federal) les empieza a rodear la manzana» dice un conocedor de los dos expedientes de los dos camaristas. “También el escándalo por la camioneta volcada y abandonada a la salida de una reunión social convirtieron a Sanchez Torres en un paria entre los que antes le temían por su poder” dicen los abogados que perciben el cambio de época.

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