En las últimas horas, la República Popular China emitió una serie de contundentes descargos para rechazar lo que considera una campaña de «difamación deliberada» por parte de los Estados Unidos, marcando un endurecimiento notable en el tono de su relación bilateral en el Cono Sur.
“El embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas, atacó y difamó deliberadamente la cooperación entre China y la Argentina, en una entrevista concedida en la provincia de Salta en la que también formuló declaraciones agraviantes sobre el vínculo entre China y América Latina y el Caribe”, comienza un comunicado el la sede diplomática.
La «doble vara» de Washington
La respuesta más ácida de la sede diplomática dirigida por Wang Wei apuntó a la contradicción económica de Washington. Según el comunicado, el embajador Lamelas atacó la cooperación sino-argentina ignorando que el propio Donald Trump ha definido a China como su «mayor socio».
Beijing puso sobre la mesa cifras contundentes para exponer lo que califican como una «hipocresía» de la política de América Primero:
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73.000 empresas estadounidenses operan hoy en territorio chino.
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La inversión de EE. UU. en el gigante asiático supera los 1,2 trillones de dólares.
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Mientras Washington advierte a Argentina sobre los riesgos de negociar con China, sus propias empresas mantienen una tasa de crecimiento del 9,8% anual en ese mercado.
«Estados Unidos no puede disfrutar de los beneficios de la cooperación con China y, al mismo tiempo, criticar a otros países que buscan hacer lo mismo», sentenció la embajada.
Seguridad y el fantasma del «patio trasero»
En paralelo, China rechazó las acusaciones del almirante Holsey, quien, junto al ministro de Defensa, Luis Petri, había alertado sobre el posible «uso dual» (civil y militar) de la infraestructura china en el Atlántico Sur. Beijing calificó estas advertencias como una «torpe mentira» destinada a revivir la lógica de la Guerra Fría.
El contraataque chino apeló a la historia regional: acusó a EE. UU. de tratar a América Latina como su «patio trasero» y enumeró prácticas como el espionaje, el despliegue de tropas y las deportaciones masivas como las verdaderas formas de intromisión que Washington debería «reflexionar y rectificar».
El desarrollo como eje del conflicto
Hacia el cierre de sus declaraciones, la diplomacia china lanzó un desafío directo a la administración estadounidense: en lugar de esforzarse por exagerar la «amenaza china», deberían realizar «acciones concretas por el desarrollo de la Argentina».
Para Beijing, el vínculo con la región es una cooperación «Sur-Sur» basada en la igualdad y sin cálculos geopolíticos, mientras que la postura norteamericana es vista como un intento de imponer esferas de influencia.
“En la escena internacional del siglo XXI no deben repetirse los viejos guiones del siglo XIX. El rumbo de los países latinoamericanos debe ser elegidos por sus propios pueblos. Son ellos quienes tienen que decidir con quién cooperar y entabar amistades”, apunta.
Explica luego que “el vínculo entre China y América Latina y el Caribe es una cooperación Sur-Sur, que está basada en el apoyo mutuo sin cálculos geopolíticos”.
“En sus relaciones con la Argentina y otros países de América Latina y el Caribe, China siempre ha defendido los principios de igualdad y beneficio mutuo, y nunca ha buscado esferas de influencia ni actuado contra terceros. Esta cooperación provoca una sustancial mejora en los intereses fundamentales de todas las partes, tanto en el corto, como en el mediano y largo plazo”, continúa.
Y finaliza: “Por todo esto, aconsejamos a las personas interesada que reconozcan la corriente principal del mundo actual. en lugar de esforzarse por exagerar lo que llaman la `amenaza china`, sería mejor que hicieran algo concreto por el desarrollo de Argentina y los países de América Latina y el Caribe”.
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