La conciencia sobre el derecho al placer de las mujeres

Por Beatriz Literat

La conciencia sobre el derecho al placer de las mujeres

El 8 de agosto se conmemora el Día Internacional del Orgasmo Femenino, fecha oportuna para despejar creencias erróneas y enfatizar el derecho soberano de la mujer a su placer sexual.

Hace tan solo unos días sucedió que cuatro personas representativas de casi todas las décadas de la vida realizaron una excursión turística de diez minutos al espacio y todos pudimos ver cómo se divertían flotando en la ingravidez de la pequeña cápsula. Hechos como éste nos permiten dar cuenta de que la tecnología es un valioso recurso igualador e inclusivo que, con el tiempo, va a ir logrando la equidad con que tenemos que considerar nuestros semejantes, sin distinción de edades, religiones, razas, sexos, o capacidades.

Esta pandemia que padecemos desde hace casi dos años, al principio nos sumió en la idea de que nuestra vida cotidiana había retrocedido 100 años y luego, para nuestra sorpresa y alegría, la ciencia unida a la tecnología pudo, en tiempo récord, devolvernos poco a poco a una vida algo más cercana a la que considerábamos normal. En este tiempo, ciencia y tecnología continuaron expandiéndose y nos enseñaron a comprender mejor cómo somos, nos mostraron su poderosa influencia en todas las áreas de la vida humana, desde la salud hasta la producción industrial y el medio ambiente. Incluso, la idea de que la tecnología está presente en la mismísima intimidad de las personas, en la forma de variados recursos, aún robóticos, utilizados para la salud sexual y reproductiva, aún sorprende.

Llegados este punto con proyecciones tan futuristas, puede parecer casi medieval la idea de que el orgasmo femenino todavía sea un derecho que hay que defender.

¿Estamos bromeando? Es como si hubiera que defender el derecho a estornudar, más aun teniendo en cuenta que tanto el estornudo -como el orgasmo- son el resultado de una serie de reflejos neuromusculares, encadenados de diferentes maneras y que detonan el famoso «oh» o un más familiar y socialmente aceptado «achís».

Mucho hemos escrito y explicado, quienes nos dedicamos a la medicina sexual, sobre los procesos neurobiológicos que constituyen este aspecto tan fundamental de la salud humana, y sobre los múltiples factores que componen y producen el clímax femenino: desde las estructuras sensoriales del cerebro, el Sistema Nervioso y Cardiovascular, hasta los músculos pélvicos que conforman la plataforma orgásmica. Pero lo que más hemos difundido como hallazgo científico de la medicina sexual contemporánea, fue la comprobación de la autonomía sexual femenina y de su capacidad para manejar su propia sexualidad.

Por suerte, muchas mujeres entienden y asumen su sexualidad, su capacidad de ser sexuales, con la misma naturalidad con que disfrutan del acto de respirar, y esto les permite sentirse más plenas, más seguras, más independientes y con una mayor autoestima.

Los profesionales de la salud sexual estamos más que dispuestos a contribuir al mejoramiento de la vida íntima de las personas y de las parejas, ya que la sexualidad es una función integradora de la identidad humana, moduladora de los procesos neurohormonales, activadora de la energía vital y del estado de ánimo, que contribuye eficientemente al complejo proceso de la reproducción y a la armonía y apego entre los miembros de una pareja. Esto solo para mencionar alguno de los múltiples beneficios directos sobre la salud física y psicológica del ser humano hasta edades avanzadas.

 

Ginecóloga, médica especialista en sexología clínica, a cargo del Departamento de Sexología y Disfunciones Sexuales de Halitus.

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