Tiene más o menos el tamaño de un puño, pesa entre 220 y 300 gramos y trabaja sin pausa, incluso, desde antes de nacer. Sin embargo, el corazón sigue siendo, para buena parte de la población, un órgano poco conocido. Cada 29 de septiembre, el Día Mundial del Corazón busca revertir esa distancia.
La fecha se celebra desde el año 2000, por iniciativa de la Federación Mundial del Corazón. Había sido proclamada en 1998, durante el Congreso Mundial de Cardiología en Río de Janeiro, con el impulso del cardiólogo Antonio Bayés de Luna. El motivo era una preocupación creciente, las enfermedades cardiovasculares ya no eran un problema exclusivo de los países ricos. Hoy se cobran más de 20 millones de vidas por año en el mundo, y la mayoría de esas muertes ocurre en países de ingresos bajos y medios.
Una bomba doble
Para entender por qué importa tanto, conviene mirar cómo está hecho. El corazón es, en esencia, una bomba muscular que proporciona la energía para mover la sangre por todo el cuerpo. Está protegido por el pericardio y su pared tiene tres capas: epicardio, miocardio (el músculo que se contrae) y endocardio. Por dentro se divide en cuatro cavidades, dos aurículas y dos ventrículos, con cuatro válvulas que evitan que la sangre retroceda.
En rigor, funciona como una doble bomba. El lado derecho recibe la sangre pobre en oxígeno que vuelve del cuerpo y la envía a los pulmones. El izquierdo recibe la sangre ya oxigenada y la impulsa al resto del organismo. Por eso las presiones son distintas: el ventrículo derecho trabaja con unos 25 mm de mercurio y el izquierdo con alrededor de 120, porque tiene que llegar hasta el último rincón del cuerpo. En un adulto, cada contracción expulsa cerca de 80 mililitros de sangre.
Lo notable es que no depende de una orden consciente. Un pequeño grupo de células especializadas, el nódulo sinusal, actúa como marcapasos natural. El sistema nervioso autónomo, a su vez, acelera o modera el ritmo según lo que el cuerpo necesite, ya sea correr, dormir o asustarse. El propio corazón también se nutre: las arterias coronarias lo irrigan, y cuando se obstruyen aparece la cardiopatía isquémica.
Los números que preocupan
En la Argentina, las enfermedades cardiovasculares provocan casi 100.000 muertes anuales, alrededor del 30% del total, y afectan en proporciones casi iguales a hombres y mujeres. La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo describe el terreno donde se gesta el problema:
- El 61% de los adultos tiene sobrepeso.
- El 40% presenta presión arterial elevada.
- El 28% tiene colesterol alto y el 12%, glucemia elevada.
- El 22% fuma.
- Solo el 6% consume las cinco porciones diarias recomendadas de frutas y verduras.
¿Corazón de mujer, corazón de hombre?
La medicina fue descubriendo que el corazón sí distingue entre sexos, aunque no siempre en el sentido que se supone.
En términos generales, los varones padecen más enfermedad cardíaca que las mujeres en casi todos los países desarrollados. Un capítulo del Libro de la salud cardiovascular, con datos de España y de la OCDE, señala que la mortalidad por cardiopatía isquémica era aproximadamente el doble en hombres hacia 2004. Una posible explicación es que varios factores de riesgo eran más frecuentes entre ellos, como el consumo excesivo de alcohol o la obesidad antes de los 55 años. También se ha planteado un posible efecto protector de los estrógenos, un argumento que la investigación viene sosteniendo desde hace décadas.
Pero el panorama tiene matices que corrigen la idea de que las mujeres están a salvo:
- Peor pronóstico. Una investigación del Instituto Nacional de Cardiología de México recuerda que, si una mujer sufre un infarto antes de los 45 años, la probabilidad de morir en los 12 meses siguientes es 1,5 veces mayor que en un hombre. Después de los 60, el pronóstico también es peor en la población femenina.
- Desigualdades que también llegan al corazón. La Estrategia en Salud Cardiovascular del sistema de salud español identifica el género como eje de desigualdad. Menciona la sobrecarga física, mental y emocional de quienes cuidan a otros, la dificultad para conciliar trabajo y familia y el reparto desparejo de las tareas domésticas. Todo ello repercute en los factores de riesgo. En Cuba, la Sociedad de Cardiología advierte además que las mujeres son más vulnerables, incluso antes de la menopausia, y que los eventos cardíacos mortales ocurren en edades cada vez más tempranas.
También, en las mujeres, la actividad del sistema parasimpático, el «freno» suave del corazón, se deterioraba con la edad. Al mismo tiempo, el ejercicio regular la mejoraba de modo especialmente marcado. Es una muestra pequeña, que los propios autores presentan como una contribución a un tema aún debatido, pero deja una pista útil: el entrenamiento parece beneficiar en particular al corazón femenino.
Cuidados simples que suman
La buena noticia es que hasta el 80% de las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares serían prevenibles con cambios en el estilo de vida y acceso a controles. Las recomendaciones que difunden los especialistas argentinos, basadas en consensos nacionales y guías internacionales, son concretas:
- Controlarse. Medir periódicamente la presión arterial, el perfil lipídico y la glucemia.
- Moverse. Entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, y menos tiempo sedentario.
- Comer mejor. Reducir la sal y los ultraprocesados (de donde proviene dos tercios del sodio que se consume) y sumar frutas y verduras.
- No fumar, en ninguna de sus formas.
- Desconfiar de las soluciones milagro. Los suplementos o vitaminas para bajar el colesterol LDL o el riesgo cardiovascular no tienen respaldo en las guías internacionales.
Un paso a la vez
Quien piense que hace falta una rutina heroica puede tomar el dato de los pasos. Un estudio publicado en The Lancet, con más de 9.000 personas de 40 países, halló que cada 2.000 pasos diarios adicionales, el equivalente a unos 20 minutos de caminata a ritmo moderado, se asociaba con una reducción del 8% en el riesgo de enfermedad cardiovascular, sin importar el peso corporal. Otra investigación publicada en Circulation encontró que, en mayores de 60 años, quienes acumulaban entre 6.000 y 9.000 pasos diarios tenían un riesgo entre 40% y 50% menor que quienes apenas llegaban a los 2.000.
La famosa meta de los 10.000 pasos nació en realidad de una campaña comercial japonesa previa a los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, con un podómetro llamado Manpo-Kei. Nunca hubo consenso científico sobre esa cifra exacta. «No es una situación de todo o nada», resumió una de las autoras de esa investigación.
En un día pensado para acordarse del corazón, la conclusión es sencilla: conocerlo, controlarlo y darle un poco de movimiento cada día. Después de todo, es el único músculo que trabaja para uno las 24 horas.
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