Síntomas y señales: La importancia de prestarles atención

¿Qué nos pasa cuando sentimos algo molesto, doloroso o enfermizo?

Síntomas y señales: La importancia de prestarles atención

Los autos modernos son maravillosos porque cuando algo se rompe, rápidamente alguna luz se enciende en el tablero de control, y con precisión nos avisa del percance y de la posible causa. En cambio en los autos más viejos, las señales muchas veces son detectadas por la experiencia del conductor, que de tanto andar reconoce o se percata de algún ruido o “que algo pasa”. Por supuesto, en ambos casos vamos urgente al mecánico para que revise y repare nuestro auto. Salvando las distancias, también nuestro organismo (cuerpo, mente y emociones) se manifiesta del algún modo para avisarnos cuando “algo no funciona bien o no está como debería”. Y entonces allí aparecen los signos y síntomas, que a veces son sutiles y pequeños, y otras dolorosos y notorios, pero que de algún modo alteran nuestro equilibrio ya sea de modo ocasional y pasajero, o volviéndose crónicos. Los síntomas también son mensajes, no sólo de algo “patológico” sino un aviso sobre algo que debe mejorar para que recuperemos el bienestar y el equilibrio.

En estos tiempos por ejemplo, mucha gente sufre estrés crónico que se puede manifestar con gastritis, taquicardia, palpitaciones, insomnio y cefaleas, entre otros síntomas. El problema mayor son los asintomáticos porque en ellos faltan las señales o son imperceptibles o ignoradas, y por lo tanto en el caso del estrés crónico, “darse cuenta tarde” se puede terminar pagando con una patología de mayor gravedad. El médico y neuropsicólogo francés Jean Ambrosi planteaba que el síntoma es un mensaje doloroso y portador de la necesidad de un cambio, que cuando se logra provoca una disminución de ese síntoma, o directamente su desaparición. La clave, por lo tanto, es la disposición de la persona a dejarse orientar por ese mensaje. Por el contrario, si “nos hacemos los tontos y distraídos” y rechazamos ese mensaje, difícilmente haya alguna mejoría y por lo tanto quedaremos anclados en el malestar. Sabido es que hay conflictos emocionales que pueden manifestarse en nuestro cuerpo y también enfermedades orgánicas que pueden manifestarse en nuestra conducta. Ahora bien… ¿Siempre nos damos cuenta cuando algo no está bien en nosotros?, ¿O si por pereza y comodidad elegimos soportar o ignorar el síntoma y seguir así?, ¿Cómo sabemos si se trata de algo grave o no?

Vale la pena entonces consultar al licenciado Antonio Camargo, terapeuta gestáltico especializado en terapia de parejas y grupos, y también docente.

Antonio Camargo.

¿Qué significa que “los síntomas también son mensajes”?

Los síntomas son mensajes a la conciencia de la persona, avisan sobre un desequilibrio, un malestar o una enfermedad, y según su intensidad nos alertan también sobre la gravedad de la situación. La falta de escucha de estos mensajes hace que se vuelvan más agudas o molestas las señales, que casi siempre son un imperativo al cambio.

¿Puede ocurrir que a pesar del malestar, a veces tengamos una resistencia a “hacernos cargo” de lo que nos está pasando?

Puede ser que tengamos miedo o resistencia o pereza, y probablemente en la consulta psicológica podamos tomarlos también como síntomas, como un bloqueo al proceso de auto regulación del organismo. El no querer o no poder “pedir ayuda” es en definitiva un obstáculo a la tendencia natural a la salud de la que emergen los síntomas reclamando ajustes nuevos. Seguramente la pregunta será: ¿por qué a veces no vamos hacia la salud y al bienestar y soportamos seguir a pesar de no sentirnos bien? Y la respuesta es que hay fuerzas internas, aspectos opuestos en las personas que entran en conflicto. Esto depende de la historia de cada uno de nosotros, de los aprendizajes que tuvimos, de eventuales experiencias traumáticas, de mandatos familiares y sociales, y muchas veces de lealtades inconscientes que habrá que revelar y poner en evidencia. Un ejemplo que recuerdo es sobre una señora que estaba enojada con su hijo a quien veía cómodo, pasivo y vago. Al comenzar a trabajar con ella, sus emociones y su cuerpo -a partir de un fuerte dolor en su espalda- recordó que el parto de su hijo fue traumático porque se sentía desbordada e incapaz de cuidarlo, lo que además le generó mucha culpa que jamás expresó ni liberó. Fijate cómo una situación ocurrida hace mucho tiempo seguía influyendo en el presente de esta madre y también en la relación con su hijo. Es notable como a partir de “completar esta situación pendiente sobre sus miedos y culpas” pudo reconfigurar una nueva relación con su hijo, más cercana y afectuosa.

¿Cuándo se hace crónico un síntoma?

Un síntoma se puede volver crónico por diversas razones, que no necesariamente devienen de la renuncia al cambio. Por lo tanto, es importante ayudar a estas personas a que puedan ver el origen de las resistencias. Por ejemplo, a veces lo podemos notar en enfermedades crónicas como artrosis y diabetes, entre otras,  también provocadas o intensificadas por factores emocionales relacionados, o como emergentes de conflictos internos o problemas vinculares. Por estos tiempos, es común que culpemos al estrés como una generalidad y sin hilar fino para poder ver mejor qué nos está pasando en realidad.

¿Cómo puede ser que algo que vivimos hace mucho en nuestro  pasado siga influyendo en nuestra vida presente?

La memoria de sucesos del pasado que son traumáticos dejan huellas en nosotros, y a veces se activan como si hubiera huellas en las corazas musculares, en los órganos que se vieron involucrados en la reacción ante aquellos sucesos, en las fascias (tejido conectivo) y que reaparecen por similitudes y analogías entre situaciones actuales y anteriores. Es más, hay memorias que se actualizan con sonidos, olores y aromas vinculados al pasado. A nivel cerebral dejan huellas en el hemisferio derecho que rige la espacialidad y la emocionalidad y donde la temporalidad siempre es presente, por lo tanto lo que ocurrió en cualquier época pasada y dejó traumas allí, es vivenciado como actual. En Psicoterapia Gestáltica decimos que “lo que sigue abierto o incompleto, seguirá estando hasta que lo podamos cerrar del algún modo”.

¿Y qué nos pasa cuando nos damos cuenta que un determinado síntoma no era otra cosa que una señal de algo que no veíamos con claridad?

El darse cuenta hace que la persona pueda asimilar, recodificar y actuar en consecuencia y sobre lo que su síntoma trata de avisarle. Es un paso necesario y que derivará posiblemente en un alivio o desaparición del síntoma. Darnos cuenta de lo que nos está pasando es un gran primer paso del organismo que tiende amablemente a la salud, y aunque el cambio demore en realizarse, ser escuchados y contenidos ya se traduce en un alivio. Por supuesto que si no llega la acción de cambio adecuada, el síntoma reaparecerá demandándolo una vez más.

Un persistente dolor de cabeza por ejemplo… ¿Sobre qué nos puede avisar?, ¿Qué tenemos que hacer?

Nos puede avisar de muchas cosas, pero cada síntoma depende de la situación y del contexto de cada persona. Recuerdo un paciente que sentía fuertes jaquecas que le impedían concentrarse en el trabajo y también disfrutar de los encuentros con amigos. Trabajando con este dolor, pudimos ver que cada migraña se relacionaba con un conflicto de pareja con su novia, con quien mantenía una relación compleja y tóxica. De hecho, él concluyó su darse cuenta con la frase » y claro… esta relación es un dolor de cabeza». En el ámbito de psicoterapia, logró darse cuenta del dolor emocional no reconocido y del costo de una relación disfuncional que se expresaba mediante el dolor de cabeza. Incluso antes de separarse definitivamente de quien era su novia, sus dolores de cabeza ya habían desaparecido. Por eso creo que tenemos que ser amables con los síntomas,  prestarles atención y cuidado, y sobre todo si son persistentes. Y la recomendación de siempre es la de concurrir a los profesionales médicos para que hagan un diagnóstico diferencial, es decir distinguir el origen orgánico o no del síntoma. Y a partir de allí, la derivación, la consulta, el acompañamiento y el trabajo psicoterapéutico.

¿Y qué hacemos con el deseo de solucionar “mágicamente” lo que nos pasa ya sea con alguna pastilla o con algún “hechizo” o algo por el estilo?

Creo que los deseos de soluciones mágicas son señales de inmadurez, de poca tolerancia a la frustración y de falta de conocimiento que necesariamente los procesos de cambio requieren un tiempo, un costo de reajustes, una labor de reconstrucción, de adaptación, de procesamiento y desarrollo de nuevas conductas. Lo mágico es darse cuenta por donde viene el problema y afianzarse en la tarea de hacernos bien. Si los síntomas se han construido para avisarnos y recordarnos sobre algo a modificar, y se han desarrollado durante un tiempo hasta hacerse visibles y «molestar», escucharlos y encontrar alivio suele llevar mucho menos tiempo y con el beneficio de un cambio real.

Por último… ¿Qué significa “la queja”, sobre todo cuando la usamos para justificarnos y no para cambiar?

La queja es la manifestación de la frustración, del malestar, del descontento o del dolor. En ese sentido es la voz del síntoma, y expresa necesidades. A nivel cerebral la queja produce una elevación del cortisol, lo que actúa sobre el hipocampo, área encargada de reaccionar ante un peligro real, y actúa también en la memoria y en la regulación emocional. Entonces la queja nos lleva a actuar y resolver. Son entonces muy útiles e instrumentales. Ahora bien, cuando la queja es solo queja y no deseo de cambio, entonces es ruido. A veces sirve para busca y llamar la atención de los demás, o solidaridad para obtener comprensión o reconocimiento. Otras veces es un desahogo y busca alivio compartiendo el malestar. Cuando la queja es crónica, cuando el pensamiento es rumiante, entonces el cerebro se inunda de cortisol, se vivencia un estrés constante que con el tiempo desregula la gestión emocional y afecta el sistema inmunitario, lo que crea un círculo vicioso de quejarse y tener malestar, quejarse y tener mayor malestar. En definitiva, para que sea eficiente, hay que escuchar la queja y sostener el cambio a lograr. Por eso es tan importante prestarle atención a las señales y a los síntomas.

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