Los testimonios que rompieron medio siglo de silencio tras el hallazgo

Los familiares de las víctimas identificadas en la “Loma del Torito” relataron el dolor de casi 50 años de búsqueda, las respuestas que recibieron durante décadas y el impacto de recuperar los restos de sus seres queridos. Entre el duelo y la reivindicación, sus voces transformaron el acto judicial en una escena de memoria y reparación.

En el Juzgado Federal N° 3 de Córdoba, la identificación de 17 personas desaparecidas cuyos restos fueron hallados en la zona conocida como “Loma del Torito”, dentro de la Guarnición Militar de La Calera, estuvo atravesada por una fuerte carga emocional. Pero más allá del anuncio judicial y del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), fueron las palabras de los familiares las que marcaron la jornada.

Luis Eduardo Navarro: Nos decían que si no había cuerpo, no había delito

Uno de los relatos más conmovedores fue el de Luis Eduardo Navarro, hermano de Juan Carlos Navarro Moyano, desaparecido hace 49 años durante la última dictadura militar.

Con visible emoción, recordó el largo peregrinar de las familias durante décadas de búsqueda y las respuestas que recibían cada vez que reclamaban información sobre sus seres queridos.

“Cuando íbamos a pedir por nuestros familiares nos decían que si no había cuerpo no había delito”, expresó.

La frase sintetizó, para muchos de los presentes, el modo en que durante años el terrorismo de Estado intentó borrar no solo a las víctimas, sino también toda posibilidad de prueba judicial.

Tras la identificación de los restos de su hermano, Navarro aseguró que hoy puede exigir justicia “con orgullo” y reclamó que se castigue definitivamente a los responsables de los crímenes. Además, reivindicó la identidad política de las víctimas al describirlas como “jóvenes, obreros y estudiantes” que enfrentaron a la dictadura.

Su intervención también dejó un mensaje de esperanza hacia el futuro de la investigación. Para él, el hallazgo demuestra que todavía es posible encontrar a otros desaparecidos y continuar rompiendo el silencio que sostuvo la impunidad durante casi medio siglo.

La historia de Ernesto, el hijo del desaparecido Adrián José Ferreyra Rivero

 

Ernesto nació días después de que su papa fue secuestrado «Hace un año que volví de Alemania(…) Mi mama muere y yo no estoy presente cuando ella muere.»

«Yo no podía mas enterrar a los muertos en la lejanía(…) Yo necesito estar cerca de mi familia».

«Mi terraza esta directamente en frente de la Perla.. hay dos palmeras, y entre esas dos palmeras estaba la «Loma del torito». «Y yo todas las noches sin saber que estaba ahí, salía a mirar y yo decía «Yo se que estas acá».

Carlos Torres: Los aparecidos de hoy dejan un mensaje de militancia

 

Otro de los testimonios centrales fue el de Carlos Torres, hermano de Gustavo Daniel Torres, secuestrado hace exactamente 50 años en barrio Alta Córdoba.

Carlos Torres, hermano de Gustavo Daniel Torres.

A diferencia del tono marcado por la denuncia judicial de Navarro, Torres eligió poner el foco en el significado político y simbólico de la recuperación de los restos.

“Los aparecidos de hoy nos dejan un mensaje de militancia”, afirmó frente a los presentes.

Para la familia Torres, el hallazgo no representa únicamente una confirmación forense o biológica. Significa, sobre todo, una reivindicación histórica de quienes fueron perseguidos y desaparecidos por su compromiso político y social.

El hermano de Gustavo consideró que la identificación devuelve dignidad a la historia de las víctimas y resignifica décadas de espera, transformando el dolor en memoria colectiva.

Su discurso también estuvo atravesado por el reconocimiento a los organismos de derechos humanos y a quienes sostuvieron la búsqueda durante décadas, incluso en los años en que parecía imposible obtener respuestas.

El silencio también fue parte del acto

La jornada estuvo marcada no solo por las voces que decidieron hablar, sino también por quienes eligieron preservar la intimidad del duelo.

De las 17 personas identificadas, una familia pidió expresamente que el nombre de su ser querido no fuera difundido públicamente. La decisión fue respetada por el tribunal, que mantuvo la identidad en reserva.

El gesto reflejó otra dimensión del proceso: la necesidad de algunas familias de atravesar este momento lejos de la exposición pública, después de décadas de dolor y espera.

En ese clima de profundo respeto, los testimonios de los familiares terminaron convirtiéndose en algo más que declaraciones personales. Fueron también una reconstrucción colectiva de la memoria y una confirmación de que, aun después de casi 50 años, la búsqueda de verdad y justicia continúa abierta.

Identificaron a 17 personas desaparecidas y sus familias recuperan la verdad 50 años después

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