Relevamientos sobre seguridad del paciente en Argentina indican que más del 60% de los profesionales reconoce no haber recibido entrenamiento formal en prevención del error y seguridad del paciente durante sus carreras de grado. A su vez, se estima que cerca del 10% de las personas internadas en Argentina y la región sufre algún tipo de evento adverso, muchos de ellos evitables mediante mejores protocolos, comunicación y destrezas procedimentales.
Esta urgencia no es abstracta: en Argentina y la región, las estadísticas en seguridad del paciente advierten que cerca del 10% de las personas internadas sufre algún tipo de evento adverso en su atención, de los cuales más de la mitad son completamente evitables mediante un mejores protocolos, comunicación y destreza procedimental.
Frente a este escenario, la formación en salud necesita incorporar instancias que permitan entrenar antes de intervenir. La simulación clínica responde precisamente a esto: crea escenarios controlados que reproducen situaciones reales de atención para que los futuros profesionales puedan desarrollar competencias técnicas y humanas antes de enfrentarse al paciente.
“La simulación clínica permite generar espacios de entrenamiento donde los profesionales pueden practicar, tomar decisiones y aprender de los errores antes de enfrentarse a una situación real. Es una herramienta que acompaña la evolución de la formación y de la seguridad en salud”, destacó Julher Rivera, asesor de la Tecnicatura Universitaria en Simulación Clínica de Universidad Siglo 21.
La incorporación de estas metodologías también transforma las necesidades de las instituciones sanitarias y educativas. Cada vez más organizaciones cuentan con centros y tecnologías de simulación, lo que plantea un nuevo desafío: contar con profesionales capaces de gestionar estos espacios, operar y programar equipamiento y convertir las posibilidades tecnológicas en experiencias de aprendizaje.
El Plan Nacional de Calidad en Salud del Ministerio de Salud de la Nación categoriza a la simulación clínica como una herramienta estratégica prioritaria para reducir riesgos evitables y transformar la cultura del error en el sistema sanitario. En este contexto, las universidades tienen la oportunidad de formar perfiles que complementen el trabajo de médicos, enfermeros, kinesiólogos y otros especialistas. A partir de los objetivos de aprendizaje, el técnico en simulación clínica hace posible que esos objetivos se traduzcan en escenarios seguros, realistas, reproducibles y técnicamente confiables.
El técnico en Simulación Clínica: hacer posible el aprendizaje en escenarios seguros
El crecimiento de la simulación clínica requiere profesionales capaces de articular salud, tecnología, gestión y educación. No se trata de reemplazar al docente o al especialista clínico, sino de aportar un perfil específico que planifica y sostiene el entorno de simulación para que la experiencia pedagógica sea de calidad.
“El técnico en simulación clínica trabaja en estrecha colaboración con el docente y el profesional de salud. Su función es transformar los objetivos pedagógicos en escenarios técnicamente posibles, seguros y realistas, integrando conocimientos de salud, tecnología, gestión y educación”, destacó Julher Rivera, asesor de la Tecnicatura Universitaria en Simulación Clínica de Universidad Siglo 21.
Este perfil requiere trabajar con simuladores de distinta complejidad, software especializado, sistemas audiovisuales, inteligencia artificial y recursos de realidad virtual y aumentada. También implica preparar espacios e insumos, configurar y programar equipos, caracterizar pacientes simulados, operar los escenarios, registrar su desarrollo y resolver contingencias técnicas, para que los equipos de salud puedan entrenar procedimientos, protocolos, comunicación y toma de decisiones en condiciones controladas.
A estas capacidades técnicas se suma una dimensión pedagógica, organizativa e interdisciplinaria. El técnico debe comprender los objetivos y la dinámica de una actividad de simulación para colaborar con el docente en el diseño del escenario, anticipar necesidades y garantizar su ejecución. La conducción pedagógica y el análisis del desempeño corresponden al docente o facilitador; el técnico aporta las condiciones operativas y tecnológicas que permiten observar, registrar y sostener ese proceso.
Un laboratorio de simulación funciona gracias a la complementariedad de sus profesionales. El especialista en salud aporta el conocimiento disciplinar, define qué competencias deben desarrollarse y conduce la experiencia educativa; el técnico en simulación clínica convierte esa propuesta en un entorno seguro y realista. Esa articulación permite que cada práctica cumpla sus objetivos pedagógicos y prepare mejor a los equipos antes de enfrentarse a situaciones reales.
