“¿Será que la gente quiere lucir joven, verse en el retrato de Dorian Grey?….Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Bruckner llama El Veranillo de la Vida, o sea ese tiempo de propina en que a menudo el alma suele conversar con sí misma. Este es un buen momento para soltar el alma. Soy un hombre agradecido con la vida y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días. Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques con la ayuda de los fármacos, y de las prótesis, las gafas, los audífonos…en fin, esas cosas. Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación. Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos. En tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tiene menos necesidades…a los viejos se les abandona a la soledad, porque la soledad dicen, es inherente a la vejez, y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones, es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no sólo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria. Vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida, y queremos hacerlo con dignidad. Los Viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuentas en sus decisiones. Hacer otra cosa sería tirar piedras al tejado propio. Muchas Gracias”.
– Joan Manuel Serrat.
¿Acaso ser adulto mayor es feo?, ¿Por qué no podríamos disfrutar de nuestra vejez, con felicidad, derechos y calidad de vida?, ¿Quiénes dicen que los viejos son una carga “improductiva” que total se van a morir? ¡Basta de mirar a nuestros viejos como si fueran un “descarte”! Como decía mi abuela Elba, a quien le apasionaba cantar: “A los abuelos nos gusta bailar, jugar, charlar, reírnos, abrazarnos…nos encanta disfrutar de nuestros hijos y nietos…y seguimos amando la vida como siempre”.
Todos seremos viejos algún día
El médico, comunicador y escritor Carlos Presman lo expresó con absoluta frontalidad: “El desafío es si vamos a vivir muriendo…o a morir viviendo”. Autor de “Ni vivo ni muerto”, “Letra de médico” y “Vivir 100 años”, siempre es un gustazo escucharlo y leerlo. Sus conocimientos sobre Gerontología, su buen humor para contar y decir, y su compromiso social, lo convierten en un referente ineludible a la hora de revisar que pensamos de los adultos mayores, y de la vida “en las alturas” y de los geriátricos, y de un montón de cosas más sobre esta última etapa de vida.
Jorge Vasalo: ¿Qué creemos que es la vejez…y que es realmente?
Carlos Presman: No creo que sea sencillo definir y hablar de la vejez como una generalidad. Por el contrario, cada vez hablamos con más fuerza de Vejeces. Y sucede que las condiciones de vida son muy determinantes. No es lo mismo envejecer en un contexto familiar y socio-económico amable, que solo y sin recursos. Hoy sabemos que en nuestro país la expectativa de vida se ha corrido hasta los 80 años para las mujeres, y de cerca de 75 años para los hombres. También está demostrado que las vejeces son un éxito colectivo en lo que mucho tienen que ver las políticas públicas de inclusión y cuidado, con actividades recreativas, culturales, deportivas y turísticas, entre otras. En estas comunidades, nuestros viejos viven más y mejor. Ahora bien, lo que estamos observando en Argentina y otros países, es que aumenta la cantidad de adultos mayores pero disminuye la natalidad. O sea, hay menos guarderías y jardines de infantes, y más residencias para ancianos. Y entonces, a muchos abuelos no les quedan nietos por ejemplo, por lo que “la cadena de vida” se ha cortado.
J.V: ¡Que panorama difícil y complejo!
C.P: Miremos lo que está pasando por estos días en nuestro país. Muchos adultos mayores por un lado son como “inmigrantes en el tiempo pero no en el territorio”. Imaginaban jubilaciones tranquilas y acomodadas, jugando con los nietos, comiendo asados en familia, yendo al cine, tomando mates y estando tranquilos económicamente, sin preocuparse por los remedios y otras eventualidades. Pero hoy a la restricción económica, con haberes previsionales ajustados y los problemas en el Pami, le tenemos que sumar los miedos por la inseguridad (sobre todo en las ciudades), y el impresionante progreso tecnológico que convierte a muchos viejos en “analfabetos”. Hoy deben cuidarse de las estafas virtuales y aprender a manejar mínimamente las redes sociales, lo cual no es sencillo. Y como si fuera poco, las estructuras institucionales tradicionales que van desde el club, la iglesia, el gremio, entre otras, se han debilitado de manera importante.
J.V: ¿Y entonces?
C.P: Y bueno muchos abuelos se las “tienen que arreglar como pueden” y sin red. Quedaron arrojados a una intemperie afectiva y sanitaria que los golpea duramente. Es difícil vivir sin referencias, o en un lugar y tiempo con sostenes degradados. Hasta tienen dificultados para pedir turnos médicos. Y encima ahora con un idioma digital cada día con mayor presencia de la Inteligencia Artificial. Por supuesto, todo esto conspira contra una mayor longevidad y una vejez de calidad. Sobre todo, quienes quedan a merced de lo que puedan hacer individualmente.
J.V: Pienso en los jubilados que tiene que seguir trabajando para poder sobrevivir
C.P: Así es, y lo podemos ver con muchos jubilados que se las rebuscan como pueden, en un mercado laboral que los elige porque son mano de obra barata y sin aportes, y con tareas de serenos, vigilantes, entre otras. O sea, que tienen que seguir trabajando hasta la muerte. Pero además esto también repercute en la “generación sándwich” que es la de los hijos de estos jubilados, que tienen que mantener a sus propios hijos y al mismo tiempo ayudar a sus padres. Por supuesto, esta situación de tensión afectiva y económica provoca enfermedades como hipertensión, diabetes, ansiedad y depresión entre otras. De hecho, los datos del primer semestre del 2024 ya confirman un aumento de la morbilidad y la mortalidad en la franja etaria de los viejos, incluso superior a lo ocurrido durante la pandemia de covid. Personalmente temo a lo que pueda ocurrir en los próximos meses con la gripe y con los problemas de atención en el Pami. Si prevenir es curar, no deberíamos olvidar que todos seremos viejos en algún momento.
Ser viejo no es valer menos
La periodista Cecilia Lorenzo conduce el programa radial Palabras Mayores desde hace 27 años, y es una de las principales referentes mediáticas de Córdoba sobre los temas vinculados con los adultos mayores.
Jorge Vasalo: ¿Cómo era antes “ser abuelo” y cómo es ahora?
Cecilia Lorenzo: Permitime aclarar algo que para mí es importante pensarlo, ya que no todas las personas mayores son abuelas o abuelos. Quienes lo son, lo son de sus nietos pero no de toda la sociedad, y por lo tanto creo que no corresponde “abuelar” a todas las personas mayores. Además algo ha cambiado en los últimos años, y es dejar de creer que la única función de nuestros viejos es cumplir con el mandato social de “cuidar a los nietos”. Afortunadamente ha habido un empoderamiento de muchos adultos mayores que ahora hacen un montón de actividades como gimnasia, yoga, natación, teatro, pintura, diferentes cursos, bailes, deportes, viajes, diversión, y quienes quedaron solas/solos incluso volver a enamorarse. O sea, pueden cuidar a sus nietos, pero como una actividad más, y acotada a sus posibilidades, y aunque a veces esta “nueva forma” no sea bien vista dentro algunas familias. Afortunadamente se han modificado estos roles del abuelo sentado en una plaza tirándole comida a las palomas, o de la abuela tejiendo en su casa.
J.V: ¿De qué modo ves que disfrutan nuestros viejos de las actividades culturales, recreativas y de los amigos, afectos y por supuesto del amor?
C.L: Lamentablemente hoy en nuestro país el tema económico se volvió determinante para muchas personas mayores que con una jubilación mínima y un bono cobran menos de $500.000. El otro factor que también condiciona el bienestar es la salud. Pero acá en Córdoba hay un montón de lugares de encuentros y socialización. Y me pongo de ejemplo, ya que con la psicóloga Silvina Roldos llevamos adelante Proyecto Mayor, que es un espacio para compartir actividades y paseos, y siempre con la idea del esparcimiento. Y lo que podemos ver, es mucha necesidad de encontrarse, incluso para hacer amigos o nuevas parejas, venciendo prejuicios y animándose a hacer cosas que en otros tiempos eran impensadas. Y les aseguro, que ser testigos de estas situaciones y de estos cambios sociales es para celebrar.
J.V: ¿Cómo crees que tendría que ser una “vejez digna”?
C.L: Creo que lo primero es respetar los derechos, como por ejemplo la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, que tiene rango constitucional, y que se refiere a un montón de derechos sobre la alimentación, la salud, jubilaciones dignas y otros que hoy están vulnerados en nuestra sociedad. Por eso cuando vemos a tantos viejos que no tienen ni la cobertura ni el buen trato que se merecen, se instala la idea que “ser viejo vale menos”. Por eso es tan importante, y como lo supo decir en su momento el Papa Francisco, hacer y dar espacios a los adultos mayores para que no sean un descarte, sino por el contrario, que puedan mantenerse activos y enseñando lo mucho que saben, y que sean escuchados y reconocidos, lejos de las “soledades no deseadas”. Por supuesto ver hoy a jubilados protestando y policías tirándoles gases, es todo lo opuesto a lo que debería ser una vejez digna. Alguna vez deberemos finalmente entender que la Vejez… ¡también es un Divino Tesoro!
