La visita del papa León XIV a la Argentina y la 35.ª Marcha del Orgullo LGBTIQ+ coinciden en un mismo fin de semana y abren distintas discusiones sobre religión, diversidad y derechos. En ese contexto, mujeres trans que viven en el Hogar de Cristo Animí, en la Ciudad de Buenos Aires, compartieron sus experiencias y reflexiones sobre ambos acontecimientos.
El encuentro fue reconstruido por el periodista Bruno Bazan, de El Grito del Sur, quien viajó a Buenos Aires para participar de la movilización y conversar con las residentes del espacio. Durante una ronda de mates, Ayelén, Anyi, Esvieta, Alma, Vanesa, Brenda y Lorena Farfán hablaron sobre sus vínculos con la fe, sus trayectorias personales y las expectativas ante la llegada del Sumo Pontífice.
Aunque ambas convocatorias tienen significados diferentes, las mujeres coincidieron en que la espiritualidad, la libertad y la posibilidad de reconstruir sus vidas forman parte de sus experiencias cotidianas.
Entre la Marcha del Orgullo y la fe
La participación en la Marcha del Orgullo genera opiniones diversas. Algunas ya asistieron en otras oportunidades, mientras que otras prefieren no hacerlo para evitar situaciones vinculadas con los excesos y el consumo.
Alma explicó que le gustaría participar, pero que prefiere reconocer sus propios límites. Esvieta, por su parte, recordó que en anteriores ocasiones la movilización comenzaba de manera positiva, aunque las situaciones relacionadas con el consumo terminaban afectando la experiencia.
Lorena planteó otra mirada sobre la representación de las identidades trans. Consideró que también es importante marchar vestidas y mostrar las posibilidades de integración laboral y social, más allá de la exposición de los cuerpos.
«Ya mostramos nuestros cuerpos, en todos lados. Yo considero que también tenemos que marchar más vestidas, con la convicción de que podés trabajar de verduleras, barrenderas, en cualquier negocio», expresó.
«La fe me salvó la vida»
Uno de los testimonios más significativos fue el de Vanesa Caro, una tucumana que vive desde hace algunos años en Buenos Aires y participa activamente de las actividades del Hogar de Cristo.
«La fe me salvó la vida», afirmó al explicar el lugar que ocupa la espiritualidad en su recuperación y en su vida cotidiana. Además de las tareas compartidas dentro de la casa, cuida a una mujer de 80 años y acompaña a personas que atraviesan problemas de consumo.
Otras residentes también relacionaron la fe con sus procesos personales. Ayelén sostuvo que creer en Dios y en la recuperación fue fundamental para salir adelante:
«Si yo hoy no tuviera fe o no hubiese existido un poder superior, pienso que no estaría acá».
Anvieta contó que siempre creyó en Dios, pero que recién hace algunos meses, después de decidir dejar el consumo, comenzó a hablarle. Según relató, anteriormente sentía que su propia vida no era lo suficientemente importante como para acercarse a él.
Las experiencias no son uniformes. Alma expresó una postura más crítica hacia las instituciones religiosas y manifestó que cree en algo superior, aunque mantiene distancia de las estructuras institucionales. Lorena, en cambio, explicó que busca a Dios tanto en los momentos difíciles como en los días buenos.
Las expectativas por la llegada de León XIV
La visita del papa León XIV despierta curiosidad y diferentes niveles de entusiasmo entre las mujeres del hogar. Algunas tienen interés en seguir sus actividades, mientras que otras todavía no definieron si participarán de alguna convocatoria.
Anyi, sobreviviente de una situación de trata durante su adolescencia y de posteriores experiencias de consumo, explicó que priorizará su trabajo. Si no tiene obligaciones laborales, seguirá la visita por televisión. También contó que está cursando la escuela primaria, una oportunidad que comenzó a aprovechar después de reconocer que no sabía leer.
La procesión anual de los Hogares de Cristo, que se realiza en marzo, aparece como una experiencia religiosa más cercana para las residentes. Según contaron, cada año se suma más gente que busca recuperarse y acompañar a otras personas.
La coincidencia entre la movilización por la diversidad y el acontecimiento religioso también deja al descubierto distintas formas de vivir la identidad, la fe y la pertenencia. Aunque los discursos pueden resultar contrapuestos, las experiencias de las mujeres muestran que esos espacios no necesariamente se excluyen en la vida cotidiana.
Al finalizar la conversación, las participantes resumieron en una palabra lo que representaba para ellas cada acontecimiento. Para la Marcha del Orgullo eligieron conceptos como «fuerza», «libertad», «amor» y «ser libres». Sobre la llegada del Papa, mencionaron «expectativa», «esperanza», «paz», «cariño» y «búsqueda».
Para Vanesa, la posibilidad de participar de la movilización y, al mismo tiempo, vender llaveros vinculados con el Papa no representa una contradicción: ambas experiencias forman parte de una misma vida, atravesada por la fe, la libertad y la búsqueda de una oportunidad para salir adelante.
Fuente: El Grito del Sur. Texto original de Bruno Bazan. Adaptación periodística.
