El reconocido sociólogo uruguayo Renato Opertti participó en nuestra ciudad del decimosegundo Congreso Internacional de Derecho Educativo y manifestó varias definiciones que nos interpelan sobre algo fundamental para el destino de nuestros pueblos y países, y que no es ni más ni menos que la Educación. Y también ratificó la imperiosa necesidad de preguntarnos sobre la razón de ser y utilidad de los programas educativos, los contenidos y la pedagogía de la enseñanza y aprendizaje, tal como hoy están instrumentados. Opertti es master y experto internacional en Educación, actualmente es el presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y asesor en proyectos internacionales del Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay. Asimismo, es asesor en educación de gobiernos e instituciones de la sociedad civil, conferencista internacional y participó en más de 80 países como experto internacional de la UNESCO. A él le consultamos sobre el presente de la Educación en Latinoamérica y en el mundo.

Jorge Vasalo: Comencemos con algo que puede parecer obvio… ¿Qué es la Educación?
Renato Opperti: Educar es comprometer y hacer copartícipe a las nuevas generaciones en el desarrollo de las capacidades, los conocimientos, los valores, las actitudes y las emociones para que puedan actuar autónomamente en la vida, ejercer plenamente la libertad, con pensamiento propio, comprender y tomar posición sobre la diversidad de asuntos individuales y colectivos. La educación es formar personas y ciudadanos para que sean seres pensantes, libres, solidarios, cooperantes y cosmopolitas, abiertos al mundo, sensibilizados y consustanciados con lo local. Que puedan comprender lo propio y lo nativo, pero que al mismo tiempo estén receptivos al mundo para ver, entender y tejer entre diferentes culturas, credos y tradiciones. En definitiva, la educación es formar personas con pensamiento libre, autónomo, ético y futurista.
JV: ¿Muy diferente a lo que es instruir, verdad?
RO: Totalmente. Instrucción es formar en determinadas habilidades para que por ejemplo las personas puedan desarrollar actividades de diferentes tenor. Ciertamente es legítimo y necesario instruir, pero no es equivalente a educar. Lo primero es educar para que las personas puedan pensar, comprender el sentido de la vida para ellas mismas y tomar decisiones que las sientan como propias.
JV: ¿Qué opina de las evaluaciones “PISA” sobre el rendimiento de estudiantes adolescentes?
OP: Creo que son herramientas de comprensión de la realidad, basadas en evidencia sólida. No tenemos que demonizarlas ni tampoco santificarlas. De todos modos si los resultados nos dicen que muchos jóvenes tienen problemas de atención y dificultades para entender críticamente textos, o no pueden manejar conceptos abstractos, entonces el problema no son las pruebas en sí mismas. En todo caso nos están mostrando que una gran debilidad que tenemos hoy es la comprensión lectora en jóvenes de casi todo el mundo. Muy preocupante para el presente y futuro de la humanidad.
JV: ¿Cree que depende del poder político que las falencias en el sistema se corrijan?
OP: Lamentablemente pienso que hoy en Latinoamérica y el Caribe, la Educación no es una prioridad para la política pública. Hay otros temas como la economía y la seguridad que colonizan los debates y las respuestas. Son cuestiones legítimas, pero que inevitablemente postergan la atención sobre la Educación. Además, las élites políticas, sociales, productivas, tecnológicas y culturales suelen decir que la Educación debería ser prioritaria. Pero a la hora de apoyarla, se quedan encapsulados en la defensa de sus propios intereses. No están viendo que la Educación requiere espacios y esfuerzos comunes y también afianzar valores universales abrigando los particularismos. Pareciera ser que las élites no toman debida nota de las consecuencias y de lo que significa para nuestras Democracias no alentar a los jóvenes para que piensen por sí mismos.
JV: ¿Qué está pasando en Francia?
OP: Bueno, miremos nomás como los valores de La República y los conceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad, contrastan con las percepciones sobre la falta de respuestas satisfactorias y de mejoras reales. Por lo tanto, y más allá de las agendas entremezcladas -y de su manipulación- surge una gran insatisfacción con problemas concretos que van desde las condiciones deficitarias de los establecimientos educativos hasta la falta y la inasistencia de docentes. Ahora bien, creo que en el trasfondo de las protestas hay angustia e incertidumbre sobre el futuro, y los miedos de muchos jóvenes a estar peor que sus padres, o sea, de sufrir una movilidad descendente. Los ideales de progreso y bienestar están muy alejados de las oportunidades, a presente y a futuro, que perciben las nuevas generaciones.
JV: ¿Por qué hay alumnos que dicen “aburrirse” en la escuela?
OP: Primero debemos saber que como señala el filósofo y pedagogo español Gregorio Luri, la escuela no es un parque de entretenimiento. Se requiere congeniar exigencia, placer y con base en el compromiso de los estudiantes para formarse. Ahora bien, es verdad que la falta de motivación es producto de la ausencia de conexión entre las propuestas educativas y lo que las nuevas generaciones están sintiendo hoy. Por eso es importante que los docentes sean versátiles y abiertos para llegar a los estudiantes y que las exigencias y desafíos planteados tengan sentido para ellos. Para lograr una convergencia, es vital que las exigencias sean percibidas como parte del apoyo y apuntalamiento, y que sean entendidas como beneficiosas para aprender y desarrollarse.
JV: ¿Cree que la mayoría de los docentes están formados para lograr esa conexión?
OP: Las y los educadores de hoy no son formados para que entiendan a las nuevas generaciones a quienes van a enseñar. Desde el punto de vista antropológico, para poder conectar es importante conocer y apreciar los perfiles culturales de las y los estudiantes en sus ciclos vitales de infancia, niñez, adolescencia y juventud. De lo contrario será difícil lograr un “ida y vuelta” que forje empatía y confianza intergeneracional. La Educación es esencialmente “adultocéntrica”, y por lo tanto es desafiante avanzar en espacios de aprendizaje intergeneracionales. No tengo dudas que el conocimiento recíproco mejora la empatía, la confianza y la conexión. Además creo que los docentes no están suficientemente formados para integrar saberes que si pueden tener sentido para las nuevas generaciones de cara a entender temas y desafíos que no vienen empaquetados en disciplinas. Finalmente, sería bueno que haya maneras más creativas para involucrar a las nuevas generaciones. Entender que no son meros receptores y que pueden ser protagonistas de sus propios aprendizajes. O sea, es fundamental la conexión intergeneracional. Ahí es donde se juega el partido. Si no hay conexión, entonces no habrá una educación relevante ni sostenible.
JV: ¿En qué países del mundo se está educando para el pensamiento?
OP: Menciono algunos ejemplos. Hace bastante tiempo que en los países nórdicos vienen trabajando en ese sentido. Ponen foco en la formación en derechos humanos y democracia, y en la alfabetización en medios. Este tipo de formación constituye un antídoto que le permite al estudiante diferenciar la verdad de la mentira, y la opinión de un hecho. Lo remarco ya que generalmente los temas vinculados a la Democracia y la Libertad no están tan presentes en la educación y en la currícula. También hay países asiáticos como Japón y Corea del Sur que ponen foco en la formación de ciudadanos más abiertos al mundo. Y después hay países como China y Singapur que estimulan la capacidad de pensamiento de las nuevas generaciones para que la educación sea un motor para el desarrollo del país. Son tradiciones y valoraciones ideológicas y políticas bien distintas. En el caso de América Latina y el Caribe, nos esta costando jerarquizar el desarrollo del pensamiento autónomo como un eje transversal de formación desde la educación de infancia en adelante. Lamentablemente la libertad como valor y práctica no es un asunto prioritario en la formación de las nuevas generaciones.
JV: ¿Entonces cómo salimos de esta encrucijada?
OP: Creo que en la Educación de América Latina necesitamos revalorizar los espacios comunes. Y trabajar en tres o cuatro temas fundamentales como lo son el valor de la Democracia, de la Libertad, de los Derechos Humanos y la sostenibilidad que implica asumir el doble desafío de respetar y colaborar con la naturaleza, y con los humanos.
JV: Finalmente, ¿qué opina de la Inteligencia Artificial en la Educación?
OP: Me preocupa muchísimo el “espejismo tecnológico”, esto es de creer que las tecnologías van a llevarnos inmediata e irremediablemente a mejores aprendizajes. Me gustaría mucho más hablar de inteligencia humana, porque además la inteligencia artificial nunca puede sustituir a la humana. La IA puede ser potenciada como un socio minoritario de la inteligencia humana y un apoyo, en tanto primero potenciemos las capacidades humanas y apreciemos la diversidad de la inteligencia humana. De lo contrario, la IA cumplirá roles que hoy nos pertenecen a nosotros. Y en las aulas, la IA puede ser útil en la medida que haya una propuesta educativa sólida. Pero si es usada para reemplazar a estudiantes en sus pensamientos, en la lectura de textos y en la realización de tareas desafiantes, entonces estaremos cayendo en un espejismo muy peligroso. Además la tecnología no nos puede privar de los tiempos para pensar y madurar, y para evitar que “el inmediatismo” nos absorba. En definitiva, si usamos la IA para dejar de pensar, entonces la humanidad toda estará frente a un grave problema. Como ya dije, será como una bomba de tiempo.










