En el paisaje cotidiano de cualquier entrenamiento deportivo convencional, los conos de colores son elementos fundamentales para delimitar recorridos y organizar ejercicios, pero para las personas con discapacidad visual, estas referencias espaciales suelen ser reemplazadas por la presencia física de otras personas. En disciplinas como el fútbol para ciegos, los entrenadores o asistentes deben ubicarse en puntos específicos de la cancha y emitir sonidos o aplausos para orientar a los jugadores, una dependencia que limita la autonomía del atleta y las posibilidades de práctica cuando no hay guías disponibles.
Ante esta necesidad, surge Sono, un dispositivo sonoro desarrollado por la ingeniera biomédica Agustina Zavala y su colega Agustín Pérez, egresados de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Esta iniciativa, que constituye una propuesta inédita en Argentina, permite a los deportistas orientarse de manera autónoma mediante señales auditivas constantes. En diálogo con Hoy Día Córdoba, sus creadores explicaron cómo nació el proyecto y de qué manera funciona esta tecnología.
El proyecto comenzó a gestarse a principios del año pasado tras una problemática planteada por el licenciado Daniel Sancio, primo de Agustina y profesional con trayectoria en el entrenamiento de personas con discapacidad visual. La idea nació en la cátedra de Ingeniería en Rehabilitación, enfocada en desarrollar tecnología asistiva para mejorar el día a día de personas con diversas patologías, y se consolidó como el proyecto integrador o tesis de graduación de ambos ingenieros.
La validación de Sono se realizó junto a deportistas de élite, entre ellas Las Murciélagas, la selección argentina femenina de fútbol para ciegos, y Las Guerreras de Córdoba, el primer equipo femenino de fútbol para ciegos del mundo. El desarrollo también contó con el acompañamiento de Gonzalo Abbas, director técnico de Las Murciélagas, y Santiago Andrés Jugo, guía del seleccionado.
Durante el proceso, entrenadores, deportistas y desarrolladores fueron trabajando de manera conjunta para definir las funcionalidades del dispositivo y adaptarlas a las necesidades reales de las jugadoras. Inicialmente, los creadores consideraron incluir aplicaciones de celular y sensores complejos, pero la interacción directa simplificó el diseño. “Ni los entrenadores, ni las deportistas, ni nosotros sabíamos en un primer momento lo que queríamos hacer”, explicó Pérez. “Pero sabíamos que queríamos ayudar”, completó Zavala.
El funcionamiento de Sono se basa en la ecolocalización, un mecanismo que permite a los deportistas interpretar la procedencia y el rebote de las señales sonoras constantes para ubicarse con precisión en el espacio. Los dispositivos pueden colocarse en distintos puntos de la cancha para que el atleta pueda rodearlos, desplazarse hacia ellos o utilizarlos como puntos de referencia. Durante el proceso de desarrollo, el equipo aplicó la metodología de Design Thinking, que permite un prototipado ágil y económico centrado en el usuario.
A lo largo de un año y medio de trabajo, el sistema evolucionó a través de cuatro prototipos, pasando de una forma similar a una torre blanca hasta llegar al modelo actual de color negro y naranja. El sistema funciona mediante unidades inalámbricas alimentadas por baterías que duran más de dos entrenamientos y se cargan con cargadores comunes de celular.
Un kit estándar consta de tres dispositivos, ya que el equipo detectó que una cantidad mayor de fuentes sonoras podía resultar «perturbadora» para la sensibilidad auditiva de los atletas en canchas de fútbol 5 donde entrenan. Estos dispositivos se manejan mediante un control remoto tipo llavero de cuatro botones, que permite ajustar el volumen, cambiar las frecuencias de sonido y alternar entre diferentes modos de funcionamiento. El ingeniero Pérez destacó que la intención es que el kit funcione como un «ecosistema», similar a cómo se utilizan varios conos simultáneamente en el deporte convencional.
Con el tiempo, el uso de Sono demostró una reducción significativa de la intervención verbal de los guías y una mejora en la seguridad y fluidez de los movimientos durante la práctica. A partir de las pruebas de campo, el equipo también trabajó sobre la resistencia de los prototipos. Las carcasas, fabricadas mediante impresión 3D, fueron diseñadas para soportar golpes e impactos de pelota, pero también para evitar que una eventual rotura pudiera lastimar a las deportistas.
“Nuestro objetivo siempre es también cuidarlas, que no se vayan a lastimar. La impresión 3D nos permite que no pasen esas cosas, que se lastimen como si fuera de metal, por ejemplo, u otro material”, explicó Zavala. Por eso, durante las pruebas, el equipo incluso incentivaba a las jugadoras a “romper” los prototipos, ya que cada falla permitía detectar problemas y realizar mejoras. “La idea es ver por qué se rompió para mejorar eso”, contó la ingeniera.
El proyecto obtuvo importantes reconocimientos nacionales, como el tercer puesto en el concurso Emprende U de la Universidad Nacional de Cuyo, que les otorgó 500.000 pesos para financiar el prototipado, y una mención especial en los Premios Preingeniería del Centro Argentino de Ingenieros.
Actualmente, Sono forma parte del programa UNC Incuba, dependiente de la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC, donde reciben mentoría y consultoría especializada para transformar el prototipo en un producto comercial sostenible y profesional. El equipo está en la búsqueda activa de financiamiento para adquirir equipamiento propio de fabricación y poder producir kits a mayor escala. Zavala subrayó la importancia de este apoyo para que el proyecto perdure en el tiempo y no se quede solo en un dispositivo aislado.
A futuro, los ingenieros buscan ampliar el uso de Sono a otras disciplinas deportivas y acercar el dispositivo a escuelas que trabajan con personas con discapacidad visual. El objetivo es que la tecnología pueda utilizarse también fuera del ámbito competitivo y convertirse en una herramienta de accesibilidad.
En esa línea, Pérez destacó la importancia de incorporar la inclusión desde las primeras etapas del desarrollo tecnológico: “Muchas veces las ideas no se plantean incluyendo todo, sino que se parchan. Termina siendo más caro y se hace cada vez más difícil si no lo pensás desde un principio como realmente inclusivo”.
Con esa perspectiva, el equipo proyecta llevar Sono a plazas, escuelas y clubes de distintas partes del país y, eventualmente, del exterior. La meta es que las personas con discapacidad visual puedan contar con una herramienta que les permita llegar a un espacio deportivo y entrenar con mayor autonomía, sin depender permanentemente de la asistencia de otra persona.
