Menos católicos y más pluralidad: el mapa de las identidades religiosas

El Barómetro de Creencias de la UBA revela que el catolicismo pierde hegemonía. El investigador Marcos Carbonelli explica qué hay detrás de los datos.

Menos católicos y más pluralidad: el mapa de las identidades religiosas

Hablar de creencias y religiones no se trata únicamente de las experiencias introspectivas y divinas que se puedan llegar a tener a lo largo de la vida. Creer es una experiencia colectiva que tiene consecuencias directas en las formas en las que se moldea la sociedad y se legitima el poder. Es por esto que el reciente lanzamiento de datos del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, desarrollado por el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (OCREAR – CBC/UBA), tiene la particular importancia de brindar herramientas para comprender la realidad social del país.

Hoy Día Córdoba conversó con Martín Carbonelli, uno de los investigadores que, junto a Juan Cruz Esquivel, Mariela Mosqueira y Gabriela Irrázabal, confeccionó el mapa de las identidades religiosas en el país con información recopilada durante este año. Dentro de las conclusiones a las que pudieron arribar, se destaca que el catolicismo está perdiendo su centralidad a pesar de seguir siendo mayoritario, mientras que en segundo lugar se ubica la población creyente pero sin afiliación institucional. Además, el cambio religioso se produce por un reemplazo generacional y varía según el nivel educativo, lo que lleva a un campo cada vez más plural, fragmentado y diverso.

Hoy Día Córdoba: Uno de los objetivos de las investigaciones del Barómetro tiene que ver con explorar la relación entre religión, valores y vida social. ¿Por qué piensan que es importante que la sociedad pueda reconocer la relación entre esas dimensiones?

Martín Carbonelli: Bueno, ahí ensayo dos respuestas. La primera es que siempre nos parece que lo religioso es una ventana para la sociedad. O sea, muchos procesos que uno analiza a nivel del lazo confesional, luego los puede encontrar en otros espacios políticos y culturales. Por ejemplo, uno de los puntos clave de esta encuesta es que habla de un proceso acelerado de individuación. Uno contrasta ese fenómeno también en la política, no solamente en el plano de la fe. Entonces, se puede pensar que están en crisis las grandes organizaciones que estructuraban la vida social en el siglo XX: partidos, sindicatos e iglesias. Esta individuación es una suerte de acorde continuo que atraviesa diferentes dimensiones de la existencia… la política, las creencias y el mundo del trabajo.

Y la segunda cuestión que también notamos es que lo religioso impregna la conversación pública y la política. Por ahí liderazgos como Milei, Trump, o Bolsonaro antes, estaban muy en primera plana. Pero si hilás un poco más fino, vas a encontrar cómo esa narrativa impregna la vida partidaria todo el tiempo. Y también está presente en muchas discusiones nodales de la contemporaneidad, como la pobreza, la migración, la inclusión e incluso la ecología.

HDC: Ante la creciente pluralización del campo religioso nacional, ¿este escenario puede permitir la existencia de sociedades más tolerantes con la diversidad o profundiza la fragmentación habilitada por la aceleración de la individuación que mencionaste?

MC: No creo que sea algo automático, porque la diversificación de la sociedad argentina no significa automáticamente un pluralismo en clave política, que es la tolerancia y, más allá, la aceptación e inclusión de esa diversidad. Lo que estamos viendo es una diversidad en el plano de los individuos creyentes, pero en cuanto al reconocimiento de esta, depende mucho de las fuerzas, los recursos, las estrategias y la llegada de las distintas orientaciones.

Por ejemplo, estamos viendo algunos movimientos recientes con respecto a la creación de capellanías evangélicas en las fuerzas de seguridad. Eso significa que se amplía el reconocimiento político para un nuevo actor, pero no implica automáticamente que todas las personas, por su condición de fe, vayan teniendo una cobertura por parte del Estado. ¿Qué pasa entonces con el umbandismo? ¿Qué pasa con las personas musulmanas o con los judíos? Lo interesante de esta diversidad es que abre el debate político respecto al reconocimiento y el tema de la ciudadanía religiosa.

El lugar del catolicismo

HDC: El catolicismo, si bien sigue siendo mayoritario, está perdiendo centralidad. ¿Cuáles son las consecuencias de esa pérdida en la sociedad argentina?

MC: Uno puede decir que, de la misma manera que se produce este desapego de la hegemonía católica a nivel demográfico, también va de la mano de una pérdida de su hegemonía cultural. Esa individuación pone en cuestión la manera tradicional de pensar o de hacer las cosas. La gente se casa menos, tiene una vida sexual y una intimidad autonomizada de los mandatos eclesiásticos. Estamos viendo el tema de la autonomía con una discusión paralela que es la tasa de natalidad: los jóvenes deciden no tener hijos, cuando la descendencia es un mandato muy fuerte dentro del credo católico. También se producen ciertos corrimientos en la vida política, como el caso de la discusión de la Constitución de Santa Fe y la mención a la Iglesia católica.

Una de las explicaciones a esta transformación responde a una fractura generacional profunda: el informe sostiene que los jóvenes son menos católicos (44,6%), mientras que entre los adultos mayores esta fe conserva una posición dominante (69%). Además, en las generaciones más recientes crecen otras opciones como las no afiliaciones y las corrientes evangélicas; por lo tanto, se concluye que el alejamiento de la religión católica es un proceso de reemplazo generacional.

Carbonelli describe este fenómeno como un proceso de «desangramiento» o congelamiento del catolicismo que drena hacia dos direcciones, a las que define como la «vía caliente» y la «vía fría». La salida de los fieles no es una «traducción directa» hacia otras iglesias. La vía caliente es el mundo evangélico (específicamente el pentecostalismo), donde se opta por un «cristianismo más encantado». Por el contrario, la vía fría corresponde al creciente universo de los «sin religión», un grupo que representa a quienes mantienen creencias espirituales pero se autonomizan totalmente de las instituciones.

Ante esto, el escenario nacional queda ordenado de la siguiente manera:

La no afiliación religiosa como síntoma de la crisis de representación

Uno de los datos que arroja el informe permite ampliar la descripción de la actual crisis de representación que está atravesando la región. El investigador sostiene que, inclusive más allá de lo espiritual, este es «una especie de mapa de las identidades contemporáneas, de individuos que no se sienten parte de nada, de ninguna bandera política ni religiosa». Además, agrega que si se cruzara el dato de los «sin religión» con la pertenencia política o sindical, también se encontraría una falta de afiliación.

Se puede decir que esta dimensión es un síntoma más de la falta de representación general. A esto se le suman, describe Carbonelli, identificaciones mucho más lábiles: antes una identidad duraba toda la vida y era una tradición familiar; hoy en día, la adscripción puede ser mucho más espontánea.

La relevancia de este tipo de estudios científicos

En Argentina, a diferencia de países como Brasil, Chile y México, en el censo nacional no se incluye la pregunta por la adscripción religiosa. Es por esto que los científicos sociales tienen mayores dificultades para acceder a estas estadísticas y deben realizar un trayecto más extenso para generar las investigaciones que midan estos fenómenos.

Por este motivo, Carbonelli sostiene que a partir de informes como el presentado (que será el primero de cuatro que se publicarán paulatinamente) sería fundamental «visibilizar estos datos para que haya una conciencia política de incluir la pregunta en el censo, lo que ayudaría muchísimo a la ciencia argentina».

Ficha técnica

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