Un estudio realizado por un equipo de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) encontró evidencias sobre el impacto de la Ley de Promoción de Alimentación Saludable (PAS), conocida como Ley de Etiquetado Frontal, en los conocimientos y hábitos alimentarios de adolescentes cordobeses.
La investigación, dirigida por Carola Hunziker y financiada por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC, analizó a 310 jóvenes de entre 13 y 18 años que concurren a escuelas públicas y privadas. La muestra contempló una distribución equilibrada por sexo, diversidad de género y sectores socioeconómicos.
Uno de los principales resultados indica que el 79% de los adolescentes comprende correctamente el significado de los octógonos negros que advierten sobre excesos de nutrientes críticos en los alimentos. Para el equipo investigador, este dato muestra que el sistema logra transmitir información nutricional de manera rápida y sencilla.
El conocimiento de los sellos también aparece relacionado con las decisiones de consumo. Según el relevamiento, el 44% de los jóvenes afirmó que dejaría de comprar un producto si tuviera cinco octógonos de advertencia.
Además, la investigación registró una disminución en el consumo de determinados productos ultraprocesados: un 54% en el caso de las galletitas dulces, 50% en gaseosas y 46% en jugos azucarados.
Mayor conocimiento y hábitos más saludables
El estudio también encontró una asociación entre el conocimiento de la Ley PAS y diferentes prácticas vinculadas con una alimentación saludable.
Los adolescentes que declararon conocer más la normativa presentaron, en términos generales, mayor consumo regular de frutas y verduras, una mayor elección del agua como bebida principal y menor consumo de productos ultraprocesados y snacks.
También se observó una relación con la actividad física. Quienes participaban con mayor frecuencia en actividades organizadas tendían a presentar mayores niveles de conocimiento sobre la legislación.
La investigación, sin embargo, advierte que los efectos de una política de este tipo no deben analizarse de manera aislada. Para los especialistas, la normativa debe complementarse con estrategias de promoción de la salud en las escuelas y en los espacios comunitarios.
Persisten desigualdades según el nivel socioeconómico
Uno de los aspectos señalados por el estudio es que el acceso y la apropiación de la información no son iguales entre todos los adolescentes.
El conocimiento de la ley fue menor entre los jóvenes pertenecientes a sectores socioeconómicos más bajos, con un 19%, frente al 61% registrado en los sectores de mayores ingresos.
La investigación también encontró diferencias en relación con el peso corporal. Entre los adolescentes con mayor conocimiento de la normativa, la prevalencia de exceso de peso fue del 26,5%, mientras que entre quienes presentaban menor conocimiento alcanzó el 42,8%.
Para Hunziker, estos resultados muestran la necesidad de ampliar el acceso a la información alimentaria y garantizar que pueda ser comprendida por todos los sectores de la población.
La influencia de la publicidad y las redes sociales
El trabajo también analizó la exposición de los adolescentes a las estrategias comerciales de la industria alimentaria. En este punto, el 67,8% afirmó haber comprado alimentos o bebidas motivado por promociones o descuentos.
La publicidad de productos ultraprocesados también tiene una presencia significativa en las redes sociales. El 77,7% de los encuestados manifestó haber estado expuesto a este tipo de publicidad en Instagram, mientras que el porcentaje fue del 74,6% en YouTube y del 73,5% en TikTok.
Frente a este escenario, los investigadores plantean la importancia de fortalecer las políticas destinadas a proteger a niños, niñas y adolescentes de las estrategias de marketing alimentario.
El estudio también detectó una deuda en materia de educación nutricional. El 80% de los adolescentes señaló que ninguna de sus materias aborda contenidos relacionados con alimentación y nutrición, mientras que apenas el 6% indicó haber recibido enseñanza específica sobre cómo leer e interpretar el etiquetado frontal.
Por eso, los especialistas consideran que no alcanza con incorporar información en los envases, sino que también resulta necesario desarrollar herramientas para que los jóvenes puedan analizar críticamente la publicidad y comprender cómo se construyen sus decisiones de consumo.
El debate sobre la continuidad de la ley
Los resultados de la investigación se conocen en medio del debate sobre el futuro de la Ley de Etiquetado Frontal. El Gobierno nacional manifestó su intención de derogar la Ley 27.642, bajo el argumento de priorizar la libertad de elección y cuestionando los resultados del actual esquema.
Desde el equipo de la UNC, en cambio, sostienen que la normativa cumple una función de protección frente a la publicidad y las estrategias de comercialización dirigidas especialmente a niños, niñas y adolescentes.
La directora de la investigación considera que una eventual derogación dejaría a este sector más expuesto al marketing de productos ultraprocesados. Al mismo tiempo, remarca que la efectividad de la política depende de una implementación sostenida y del fortalecimiento de todos sus componentes.
Los investigadores plantean que los cambios en los hábitos alimentarios requieren tiempo y deben evaluarse a mediano y largo plazo. En ese sentido, señalan que la información nutricional, la educación alimentaria, la regulación de la publicidad y la promoción de hábitos saludables deben funcionar de manera complementaria.
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