Aralí
Brinkmann es una tranquila ciudad de 11.000 habitantes ubicada en el departamento San Justo y muy cerca del límite con la provincia de Santa Fe. Por eso el demencial crimen -luego de una violación- de Aralí Vivas de 8 años, quebró para siempre la parsimonia de una comunidad acostumbrada a una cotidianeidad simple y sin aberraciones policiales y judiciales. Lo cierto es que de no mediar imprevistos, en la Cámara del Crimen de San Francisco y con jurados populares, comenzará el martes 22 de septiembre el juicio a los tres imputados por esta locura. Ellos son la madre de la pequeña, Rocío Rauch de 29 años, su pareja Ezequiel Simeone de 34, y un amigo de ambos, Cristian Varela de 40. La imputación que los involucra es la de abuso sexual agravado y homicidio criminis causa, con la única condena posible de prisión perpetua. En el caso de Simeone además, el delito de incendio, ya que después de consumar el abuso y el femicidio, le prendió fuego a la humilde casa donde sucedió todo, y con la intención de borrar pruebas e inventar una causa diferente del siniestro. Por supuesto, cuando los bomberos apagaron el fuego, ya pudieron advertir que algo malo le habían hecho a la pequeña. Un dato tremendo es que los hermanitos de la víctima permanecieron solitos en la casa y junto al cuerpito hasta que fueron auxiliados.
La prueba es muy importante, ya que incluso se recuperaron filmaciones que muestran a Simeone y Varela entrando y saliendo de la vivienda. Este caso también generó cuestionamientos para la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf), ya que a pesar de los antecedentes de violencia y consumo de drogas, había autorizado la revinculación de los niños con Rauch y Simeone. Sin dudas, los primeros días de la próxima primavera serán difíciles para los brinkmanenses. Hay hechos que no tienen vuelta y marcas imborrables para siempre. Para la historia de este todavía pueblo, este llanto interminable lleva el nombre de Aralí.
Una historia sin fin
El próximo lunes 22 comenzará en la Cámara Primera del Crimen de Río Cuarto, con jurados escabinos, el tercer juicio de una saga que se inició con un robo y un crimen en el año 2014, en el barrio Las Delicias de la capital alterna de la provincia. Fue cuando Jorge “Totó” Rodríguez y Silvio Acosta le robaron a Mario Álvarez Guevara, capataz de la construcción e integrante de la importante comunidad boliviana en Río Cuarto. Le llevaron su billetera y un bidet nuevo que el damnificado había comprado para poner en su casa. Muy enojado por lo ocurrido, Álvarez Guevara fue a buscar a sus amigos albañiles Luis Guerra, Sebastián Fioramonti y a un primo menor de edad (O.G.). Luego los cuatro salieron a perseguir a los ladrones a quienes finalmente encontraron y golpearon con palas y machetes. Fue en esas circunstancias, cuando según la acusación mataron a Totó Rodríguez de un disparo de arma de fuego, hecho que generó una ola xenófoba en contra de los ciudadanos bolivianos radicados en Río Cuarto.
En el año 2016, se realizó el primer juicio por el crimen de Totó y por tres votos a dos, Álvarez Guevara, Fioramonti y Guerra fueron absueltos (y sólo fueron condenados por las lesiones a Acosta). Sin embargo, el Superior Tribunal de Justicia ordenó que se haga un nuevo juicio y que se valoren correctamente las pruebas. Entonces en el 2018 se hizo un segundo juicio, pero solamente a Guerra ya que los otros dos imputados “no fueron encontrados”. En esta oportunidad Guerra fue condenado por el asesinato de Rodríguez a 12 años y 8 meses.
Y ahora se hará un tercer juicio, pero en principio sólo a Álvarez Guevara, quien fue encontrado y detenido. El otro imputado, Fioramonti, supuestamente estaría en algún lugar de la provincia de Buenos Aires, pero por ahora continúa prófugo. Por supuesto, ambos saben que serán condenados por el presunto homicidio de Totó. Por lo tanto, el 22 venidero comenzarán a juzgar a Álvarez Guevara, y eventualmente, quien sabe cuando, en un cuarto juicio a Fioramonti. Parece un intríngulis pero les aseguro que es real. Respetuosamente les pido perdón si no entendieron esta Historia sin Fin.
