Moritz de Hadeln, una de las figuras más influyentes en la gestión de encuentros cinematográficos a nivel mundial, murió el sábado 4 de julio a los 85 años en un hospital de Nyon, Suiza, cercano a su residencia. Según confirmó el director ejecutivo del Festival de Cine de Zúrich, Christian Jungen, el deceso se produjo a raíz de complicaciones derivadas de una intervención médica reciente.
Reconocido en el ámbito cultural como el “señor de los festivales de cine”, su trayectoria estuvo estrechamente ligada a la expansión y profesionalización del circuito internacional del cine. A lo largo de varias décadas, estuvo al frente de los certámenes de mayor relevancia como Locarno, la Berlinale y Venecia, desde donde impulsó transformaciones que consolidaron estos espacios como plataformas centrales de la industria global.
Su figura también quedó asociada a una etapa en la que algunos de estos encuentros se convirtieron en verdaderos puntos de lanzamiento de películas que luego tendrían circulación internacional, entre ellas títulos como Rain Man (1988), Fitzcarraldo (1982) o Magnolia (2000), presentadas durante su gestión en la Berlinale.
En ese marco, su nombre se inscribe en un proceso más amplio de reconfiguración del mapa festivalero, donde estos espacios dejaron de ser únicamente vitrinas de exhibición para convertirse en nodos estratégicos de negociación cultural, política y económica dentro del cine contemporáneo.
De la formación audiovisual a la gestión cultural
Nacido en Inglaterra en 1940, Moritz de Hadeln inició su recorrido en el terreno del documental y la fotografía, antes de dar el salto a la realización cinematográfica. Dirigió sus primeras películas, Le Pele (1963) y Ombres et Mirages (1966), y posteriormente se desempeñó como montajista en Zúrich junto a Yves Allegret y como asistente de dirección en los estudios CCC Film Studios de Berlín.
En 1969, junto a su esposa Erika von dem Hagen, fundó el Festival Internacional de Cine Documental de Nyon, actualmente conocido como Visions du Réel. Desde allí, sentó las bases de un modelo de programación con proyección internacional que dirigió hasta 1979, mientras su esposa continuó luego al frente del evento hasta 1993.
La experiencia en Nyon marcó el inicio de una trayectoria que, según diversos referentes del sector, combinó gestión cultural con una fuerte sensibilidad por la circulación internacional de cinematografías diversas, incluyendo producciones de Europa del Este y Asia en un contexto atravesado por tensiones diplomáticas.
