El próximo domingo 14 de junio a las 20, el Teatro Comedia (Rivadavia 254) se convertirá en el epicentro de una de las propuestas más singulares y potentes de la escena nacional: el estreno en Córdoba de «Edipo en Ezeiza». Bajo la dirección de Pompeyo Audivert, esta «comedia metafísica» no sólo propone una relectura del mito de Sófocles, sino que lo hace colisionar con la atmósfera convulsa de la Argentina de 1973. De la mano de La Nave, la obra llega a Córdoba precedida por más una década de ovaciones y un reconocimiento que la ha convertido en objeto de estudio en ámbitos universitarios.
Esta «comedia metafísica» presenta a una familia —padre, madre e hijo— que intenta, a través del método del interrogatorio, dar con su paradero en una escena nacional que parece haberse extraviado. En los restos fragmentados de un paisaje que varía a cada momento y donde «a más de un metro no se ve nada», los personajes se revelan como versiones incompletas y afásicas de un proyecto colectivo que se ha frustrado. Desde aquel mítico «picnic de Ezeiza», las identidades familiares se han trastocado, sumergiendo a los protagonistas en una paranoia existencial donde sospechan estar siendo infiltrados o abducidos por un poder invisible y oscuro. En este living de Flores, la lucha continúa por otros medios en un plano de realidad inenarrable, invitando al espectador a descubrir, junto a ellos, quién es el «traidor disfrazado» en medio de una incertidumbre total.
En una charla profunda con este medio, tanto Audivert como Francisco Bertín —quien interpreta a Oscarcito— compartieron las claves de un proceso creativo que ha sabido mantenerse vigente a lo largo de trece años, desafiando el paso del tiempo y las cambiantes realidades del país. La conversación no sólo abordó la técnica escénica, sino también el regreso de Audivert a una plaza que lo cautiva.
El origen: de San Luis al living de Flores
La génesis de «Edipo en Ezeiza» tiene un matiz casi azaroso pero profundamente teatral. Todo comenzó en un seminario de máquinas teatrales que Audivert dictó en San Luis. Allí, el director propuso una improvisación con perfiles cotidianos: un hombre, una señora con su bolsa de compras y un muchacho. De este ejercicio indefectiblemente apareció la idea de una familia interrogándose sobre su propia identidad, incertidumbre que se volvió el motor de la obra.
“Había una señora que vino con una bolsa con papas, una bolsa de las compras, y era una señora mayor; había un señor también de cincuenta y pico de años y un muchachito”, relata Audivert sobre aquel encuentro. En ese contexto, el director lanzó una consigna que hoy es el motor de la obra: “Le pedí que la ataran a la silla a la señora para interrogarla sobre quién era ella más allá de ser mamá… esto tiene que ver con una investigación que venimos llevando en el estudio Teatro El Cuervo sobre la teatralidad como un fenómeno de averiguación y de sondeo de identidad y de pertenencia más allá de las ficciones con las que se pueda recubrir”.
Para el maestro, la identidad histórica es sospechosa. “La máquina sospecha de la identidad histórica como una identidad ficcional y queríamos que nos diera unas versiones más de fondo”, explica. Aquella improvisación, donde personas básicas daban versiones de sí mismas a través de textos poéticos memorizados, le quedó dando vueltas.
«Inevitablemente me hicieron recordar a esa improvisación y que me había quedado pegada, muy como latiendo. Entonces se me ocurrió escribir una obra en base a esa circunstancia, teniéndolos a ellos en mi imaginación, a Julieta, a Hugo y a Francisco, que ya en ese momento me resultaban actores extraordinarios«, agrega.
El peronismo como brasa ardorosa y la bandera argentina
La obra sitúa a este padre, madre e hijo en un living humilde, rodeados por la atmósfera de Ezeiza 73. Sin embargo, Audivert aclara que no es una obra realista sobre política. «Le sumé una temática histórica que es la del peronismo como atmósfera, no como tema«, explica. Y profundiza: «El peronismo es una brasa de significados ardorosa y multivalente. Da para la derecha, para la izquierda, para el centro, para lo metafísico, para lo religioso«. Esa amplitud de sentidos fue, precisamente, lo que lo atrajo como marco para la historia. «Me parecía que el tema del peronismo y sobre todo el de Ezeiza 73 es una temática a través de la cual podemos hablar de la identidad y de la pertenencia de una manera poética«, afirma.
En esa atmósfera se mueven personajes atravesados por la sospecha y la incertidumbre. «Estos tipos que están ahí perdidos de algún modo tienen una paranoia política, una paranoia de estar siendo digitados por fuerzas sobrenaturales que los operan para unos fines inenarrables, pero que ellos presumen son fines políticos. Tienen un lenguaje político, pero no saben: ¿político de qué? Están metidos en esa paranoia existencial, en esa situación de sospecha permanente«, relata Pompeyo.
Y continúa: «Creen estar infiltrados o abducidos por esas fuerzas sobrenaturales y sospechan no solamente ser parte de esa dimensión política extraviada en esa casa, sino que también sospechan que están en un teatro y que son actores y actrices que los han puesto ahí para una averiguación de la cual ellos no entienden de qué se trata«. Más que una reconstrucción histórica, la obra parece habitar ese territorio ambiguo donde la política, la identidad y la propia representación teatral se vuelven inseparables.
En medio de este interrogatorio feroz, aparece un símbolo que domina la escena: la bandera argentina. Al ser consultado sobre su presencia, Audivert es contundente: «Es una escena argentina, una escena que habla de la fragmentación de la identidad, de lo nacional«. Pero inmediatamente complejiza esa idea. Para él, la obra no habla solo de una identidad quebrada, sino de «las múltiples versiones que esa identidad de lo nacional puede producir«.
La imagen que mejor resume esa concepción aparece en boca de Oscarcito: «La casa tal vez sea una suerte de caleidoscopio en donde arden distintas versiones que se van reconfigurando según sea el momento«. En ese espacio doméstico convertido en campo de batalla simbólico, los personajes encarnan distintas formas de la argentinidad, atravesadas por la pérdida, la degradación y la búsqueda de sentido.
Por eso la bandera no funciona como una afirmación patriótica ni como una referencia histórica cerrada. Según Audivert, tanto ese símbolo como las canciones de Leonardo Favio buscan recordar que «lo argentino es un nivel que tiene múltiples dimensiones y que no se puede cerrar con una versión histórica«. Más aún: «la versión histórica de lo nacional es ficcional y por detrás de ella arden versiones y subversiones de identidad y pertenencia individual y colectiva«.
Hacia el final de su reflexión, el director vuelve sobre la función que cumplen todos los signos de la puesta. «La bandera intenta señalar que esta averiguación teatral de fondo se hace desde acá, desde la Argentina«, afirma. Y completa: «es una averiguación que hace el territorio y lo histórico sobre sí mismo«. Así, la obra convierte a la escena en una indagación sobre el país, pero también sobre las ficciones que sostienen toda identidad, individual o colectiva.
Una obra que continúa en cartel desde su estreno hace trece año
Si la identidad argentina es, como plantea Audivert, un territorio en disputa donde conviven múltiples versiones, surge una pregunta inevitable: ¿esa búsqueda sigue dialogando de la misma manera con el público después de trece años en cartel?
Para Francisco Bertín, la respuesta es no y sí al mismo tiempo. No, porque el contexto político y social cambió radicalmente desde el estreno de la obra en 2013. Y sí, porque el material parece encontrar nuevas resonancias en cada época. «Es increíble cómo dialoga con la realidad, con el momento de distinta manera. Era muy distinto cuando la estrenábamos y ahora está este gobierno, pero sin embargo la obra no queda vieja«, señala el actor.
La misma sensación atraviesa su relación con el personaje. Hoy tiene 35 años; cuando empezó tenía apenas 22. «Prácticamente me acompañó durante toda mi experiencia en el teatro. Entonces siempre estuvo ahí este material y para nosotros es inagotable«, afirma. Y agrega: «Uno podría decir en otro proyecto: bueno, ya cumplió un ciclo. Bueno, este personaje, esta obra… acá no. Acá tiene como una… es como infinito«.
Audivert encuentra la explicación en otro lugar. Según el director, la obra trasciende cualquier coyuntura porque no se limita a hablar de circunstancias históricas particulares. «Los interrogantes que plantea la obra están tan radicalizados que quieren dar con la verdad última de esas preguntas fundantes de lo teatral: ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué estamos haciendo?«, enumera.
Por eso, entiende que la conmoción que genera no proviene únicamente de sus referencias políticas o históricas. «No es un contacto con los asuntos históricos particulares lo que genera conmoción, sino con los asuntos universales, con los asuntos existenciales universales, que eso es lo que hace el teatro«, explica. Y compara esa búsqueda con la de los grandes clásicos: «Lo mismo pasa con Shakespeare. Son obras que tienen universalidad porque tramitan asuntos de fondo de nosotros mismos«.
A trece años de su estreno, Audivert cree que el tiempo no hizo más que profundizar el vínculo entre la obra y quienes la interpretan. «Hay algo de esa actualidad que es invencible, que no caduca, no tiene fecha de vencimiento«, afirma. Y concluye que la experiencia acumulada también se percibe sobre el escenario: «El tiempo le ha venido bien a la obra. Después de 13 años de hacerla tiene una hondura muy particular vinculada justamente a la repetición, a la profundización y a la calidad humana de los intérpretes«.
El «piedrazo en el espejo»
Detrás de Edipo en Ezeiza aparece una idea que atraviesa buena parte del trabajo de Audivert: el «piedrazo en el espejo», concepto que también da nombre a uno de sus libros. La imagen surge cuando habla de la identidad, de la política y de las ficciones con las que construimos la realidad.
«Hay que romper ese espejo ficcional, por eso digo el piedrazo en el espejo, para poder atisbar la dimensión sobrenatural que nos parió a esta realidad y luego nosotros perdimos conexión con ella cuando erigimos un espejo ficcional para solazarnos con nuestras ficciones«, reflexiona.
La idea aparece asociada a otra de las obsesiones que recorren su obra: la sospecha de que detrás de las versiones históricas, políticas o personales existen capas más profundas de sentido. Por eso define al teatro como una herramienta para atravesar esas superficies. «El teatro no es para erigir espejos ficcionales, sino para dar piedra sobre ellos y atisbar esa zona misteriosa de la identidad y la pertenencia de la que somos un fruto extraviado«, sostiene.
Esa búsqueda encuentra una respuesta particular en los espectadores. Audivert cuenta que hay una frase que escucha con frecuencia al finalizar las funciones y que, lejos de tomar como una simple felicitación, considera una confirmación de que el mecanismo funcionó.
«La palabra que siempre dicen es: ‘Me voló la cabeza’. Me gusta que digan eso«, afirma.
Para el director, la reacción dialoga con una época marcada por la saturación informativa y las miradas cada vez más unidimensionales sobre la realidad. «La cabeza está en una especie de grado de alienación, de unidimensionalidad. Está todo mal. La cabeza está formateada por los medios, por los telefonitos, por los likes, por Instagram, por Facebook. La cabeza nuestra está copada«, advierte.
Por eso celebra que el teatro todavía conserve la capacidad de desacomodar certezas y abrir nuevas preguntas. «Está bueno que la cabeza vuele y pueda alcanzar otras suposiciones y versiones al respecto de quién soy, quiénes somos, dónde estamos y qué estamos haciendo«, concluye.
Entre Hamlet, Macbeth y una obra que no deja de crecer
A trece años de su estreno, Edipo en Ezeiza sigue expandiendo su recorrido. Mientras la obra se prepara para su primera función en Córdoba, Audivert atraviesa un momento particularmente fértil de producción. Por un lado, acaba de reestrenar Unidad Básica, una pieza que —según observa— parece haber adquirido una nueva vitalidad en el presente. Por otro, ensaya desde finales del año pasado Hamlet, esa ignorada región, una versión propia del clásico shakesperiano que llegará a escena en septiembre.
El director se muestra especialmente interesado por la persistencia de ciertas obras en el tiempo. Lo mismo ocurre con Habitación Macbeth, que lleva seis años en cartel, o con Edipo en Ezeiza, cuya vigencia sigue sorprendiendo incluso a sus propios creadores. «La teatralidad que venimos practicando se puede dilatar en el tiempo y puede profundizarse en sus asuntos», reflexiona.
Córdoba aparece como un punto habitual en ese recorrido. Allí, el vínculo con el público se volvió sostenido a lo largo de los años. “Es un nivel teatral que tiene el público allá. Cuando vamos con Habitación Macbeth —y ya hemos ido varias veces— hacemos viernes, sábado y domingo, y llenamos el Teatro Real los tres días. Es algo muy notable, muy bien recibido nuestro trabajo allí. Me encanta”, dice.
Con la promesa de una experiencia que desafía los sentidos y la razón, la invitación está hecha para este 14 de junio, en una noche donde el mito y la historia argentina se darán cita para lanzar, una vez más, un piedrazo al espejo de nuestra identidad. Las entradas ya se encuentran disponibles a través de Ticketek.
Ficha Técnica
- Dramaturgia: Pompeyo Audivert.
- Dirección: Pompeyo Audivert.
- Elenco: Julieta Carrera, Hugo Cardozo y Francisco Bertín.
- Paisaje sonoro: Florencia González Rogani.
- Diseño de iluminación: Hugo Cardozo y Pompeyo Audivert.
- Escenografía: Ana Audivert.
- Asistencia de dirección: Verónica Costa.
- Fotografía: Michel Marcú y Paula Sánchez.
- Redes y diseño gráfico en redes: Verónica Costa.
- Prensa & Difusión: Daniel Franco.
- Producción en Córdoba: LA NAVE Producciones (Diego Haas y Daniela Barrionuevo).
- Duración: 70 minutos.
Premios y Nominaciones
La obra ha recibido un amplio reconocimiento desde su estreno en 2013, destacándose los siguientes galardones y menciones:
Premios Obtenidos:
- Premios del Espectador 2013: Pompeyo Audivert en la categoría «Director y Dramaturgo».
- Premios María Guerrero 2013: Pompeyo Audivert en la categoría «Dirección» (Otorgado por la Asociación Amigos del Teatro Nacional Cervantes).
Nominaciones:
- Premios Estrella de Mar 2026: Nominación en la categoría «Comedia Dramática» y nominación para Julieta Carrera como «Actriz de Comedia Dramática».
- Premios Teatro del Mundo 2013: Nominación para Pompeyo Audivert en «Dirección» y para Julieta Carrera en la categoría «Actriz».
- Premios Teatro XXI (Getea): Nominación para Pompeyo Audivert como «Mejor Director» en las ediciones 2012-2013 y 2013.
