A partir del último jueves de julio, el Museo Evita–Palacio Ferreyra pondrá en marcha Fuerza Natural, un programa expositivo que desplegará en sus salas siete proyectos de artistas fundamentales para pensar las búsquedas y transformaciones del arte contemporáneo nacional. Esta gran propuesta agrupa a figuras esenciales que articulan un diálogo profundo entre conceptos como la memoria, el territorio, la pintura, la tecnología y la naturaleza. En este sentido y patiendo desde una cuidada selección de obras, el recorrido invita a transitar diversas perspectivas sobre la actualidad, apoyándose en la experimentación y el oficio sensible de cada autor.
Desde la organización destacan la presencia de Carlos Alonso con «Los círculos del infierno», bajo la curaduría de Romina Cervi. A partir de la visión que Dante Alighieri plasmó hace siete siglos, Alonso despliega un lenguaje plástico propio para confrontar al espectador con la violencia, el dolor y la condición humana. La exhibición reúne piezas de series emblemáticas como Manos Anónimas, Infierno, El ganado y lo perdido y Hay que comer. El compromiso del artista cordobés con la dimensión política de su obra se videncia también en sus palabras: “No quiero que contribuya a la decoración de ningún lugar; quiero que esté allí donde la gente vaya a ver y recordar el horror”.
De manera paralela, la mirada histórica se profundiza con Fernando Maza «La construcción de la pintura», un proyecto que cuenta con el apoyo del Museo Nacional de Bellas Artes y la Fundación Angélica Zapata. Bajo la curaduría de Pablo De Monte, esta exposición reúne más de cincuenta óleos y acuarelas producidos desde finales de los años 50 hasta sus últimos días de creación. El recorrido permite rastrear su paso por ciudades como Nueva York, Londres y París, donde Maza fue construyendo un universo poético habitado por arquitecturas imaginarias y signos enigmáticos.
Por otro lado, la intervención del espacio físico del museo cobra una dimensión distinta con «Azul de Ultramar», de Hugo Aveta, bajo la curaduría de Adriana Carrizo. Una gran vela de galeón se suspende en el Hall Central, funcionando como un fragmento de mar en una ciudad sin puerto. Esta pieza se inscribe en el programa Hackear la colección, una iniciativa que invita a creadores actuales a activar el patrimonio del museo desde asociaciones contemporáneas. La instalación de Aveta, realizada con el acompañamiento de EPEC, propone un ejercicio poético sobre la expansión colonial y las huellas históricas que persisten en nuestro presente.
El cruce entre tecnología y crisis ambiental aparece con claridad en las propuestas de Luciano Colman y Pablo Peisino. Colman despliega «Eco-sistemas de Luz | Memoria de Bioluminiscencia», una instalación de sitio específico en el parque del museo curada por Sebastián Pablo Pastorino. Su intención es advertir sobre la contaminación lumínica y la desaparición silenciosa de especies como las luciérnagas, transformando el espacio en un lugar de contemplación y resistencia. Por su parte, Peisino indaga en la transición de la imagen digital en 8 bits o el mundo en llamas. Sus cortinas de 8 bits funcionan como un puente entre la visualidad de baja tecnología y la actual sobreproducción algorítmica, planteando una reflexión sobre cómo consumimos imágenes en tiempos de crisis.
La materia y el oficio también encuentran un lugar central en la obra de Alejandro Rosemberg, titulada «El oficio de la belleza» y curada por Agustina Roca. El artista vincula la tradición clásica con materiales de uso cotidiano, tales como plásticos y papeles. A través de bustos grecorromanos y telas intervenidas, Rosemberg reflexiona sobre la permanencia del arte y las formas contemporáneas de mirar. En una sintonía similar pero desde la construcción de vínculos, Carmen Buteler exhibe Atar, entre territorio y lazo. El título remite tanto a una ciudad en Mauritania como a la acción física de unir. Mediante textiles y fragmentos de bicicletas, Buteler construye un espacio de memoria y afecto, explorando la tensión entre lo que vemos y lo que está ausente.
La inauguración, este jueves a las 18:30 con entrada gratuita, contará con la música de Gustavo Lorenzatti (contrabajo solo), videoarte de Manu Pérez y la proyección del film ¿Dónde está lo perdido? Además, la jornada marcará la reapertura de la Tienda del Museo con nuevas propuestas de diseño y arte.
