La selección de Austria será el próximo desafío de Argentina en la segunda fecha del Grupo J de la Copa del Mundo 2026. El conjunto europeo llega a este compromiso, que se disputará el lunes en Dallas, luego de vencer 3 a 1 a Jordania en su estreno, aunque el desarrollo del juego y la información estadística provista por la FIFA demostraron que están lejos de ser una maquinaria perfecta y presentan falencias estructurales muy notorias.
El sistema y las ventajas en el fondo
Desde lo táctico, el plantel dirigido por el alemán Ralf Rangnick se para con un esquema 4-2-3-1 que tiene como premisa innegociable la intensidad y el desgaste físico. Las métricas del Big Data reflejan que los europeos recorrieron un total de 120,4 kilómetros y ejecutaron 206 presiones defensivas para intentar recuperar la pelota rápidamente y asfixiar la salida del oponente.
Sin embargo, esa postura agresiva no se traduce en solidez. A la hora del retroceso, la última línea pierde simetría, se desordena con facilidad y concede espacios enormes a espaldas de los volantes centrales. El dato más crudo que arrojó el reporte de la FIFA es que Jordania, con apenas un 33 por ciento de posesión, logró patear once veces al arco, una más que la propia Austria. Esto evidencia que cualquier ataque rápido o pase filtrado puede quebrar su defensa sin demasiada resistencia, algo que la Selección de Lionel Scaloni podría aprovechar a la perfección con sus futbolistas de buen pie.
La tenencia estéril y el recurso del juego aéreo
En la faceta ofensiva, los austriacos proponen un juego de control que muchas veces termina siendo intrascendente. Ante el elenco asiático, redondearon un 53,3 por ciento de dominio del balón y completaron 499 pases, pero mostraron una alarmante falta de cambio de ritmo. Al no encontrar caminos limpios por el medio, a pesar del empuje de Marcel Sabitzer, apelan sistemáticamente a los pelotazos largos y envíos al área: intentaron catorce centros cruzados con la pelota en movimiento, de los cuales solo cuatro lograron llegar a destino.
Esa falta de peso en los metros finales quedó expuesta durante el tiempo que jugó el gigante Sasa Kalajdzic (2,00 metros), quien aportó muy poco en el circuito. La historia cambió radicalmente con el ingreso de Marko Arnautovic. El experimentado atacante del Estrella Roja le dio otra jerarquía a la ofensiva, exigió de inmediato a los defensores jordanos, sumó remates al arco y terminó sellando la victoria con un gol de penal a los 101 minutos. Por su capacidad para ganar pelotas frontales y generar faltas, su titularidad asoma como la principal amenaza para el fondo albiceleste.
En definitiva, Argentina chocará contra un oponente sumamente atlético y asfixiante en la recuperación, pero que sufre grandes dolores de cabeza cuando le mueven la pelota con velocidad. Si la Albiceleste se hace de la pelota, logra triangular con fluidez y sortear esa primera línea de presión, encontrarán rutas despejadas para lastimar.
